viernes, 11 de enero de 2019

Bautismo del Señor-Solemnidad



EL BAUTISMO DEL SEÑOR – C
  
BENDICE ALMA MÍA AL SEÑOR
¡DIOS MIO, QUÉ GRANDE ERES!

Por Mª Adelina Climent Cortés OP.


                    Estalla en plenitud la manifestación mesiánica y gloriosa de Jesús. Relata Lucas en su Evangelio: sucedió  que  “en un bautismo general, también Jesús se bautizó. Y, MIENTRAS ORABA, SE ABRIÓ EL CIELO, BAJÓ EL ESPÍRITU SANTO EN FORMA DE PALOMA, Y VINO UNA VOZ DEL CIELO: “TU ERES MI HIJO,  EL AMADO; EL PREDILECTO”.

                    Y, porque este domingo celebramos litúrgicamente y con alegría esta Fiesta del Bautismo de Jesús, ya adulto, en la que se nos revela su gloria y majestad, con sumo gozo le bendecimos y aclamamos, cantando el salmo responsorial 103.

                    Este salmo, es un Himno luminoso y festivo que ensalza al Señor Yahveh como Rey del Universo. Un  poema, que canta la belleza y hermosura de La Creación, tratando de descubrir al mismo tiempo, que esta obra suya, tan grandiosa y sublime, sostiene el designio amoroso y divino de su corazón, para con los hombres: la plenitud de su Gracia y La Sabiduría de su Salvación.

                    El poema, se apoya en  el relato del Génesis, capítulo1, lo que demuestra, que su composición es reciente, en torno al Exílio o al inmediato posexílio

                    Comienza el poema invitándose el salmista a alabar y bendecir al Señor Yahveh, su Dios, admirando su grandeza, las cualidades divinas  que le adornan y la luz salvadora que se desprende de todo su ser, y que llena el horizonte espacial de hermosura y claridad                           

Bendice alma mía, al Señor,
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de bellaza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.

                    Desde el cielo, donde Yahveh tiene su morada, se deleita y  complace en su maravillosa obra, ejerciendo su reinado y poder como dueño y Señor de lo que existe. Toda la creación es como su palacio real, y, su Señorío Universal es único e inigualable, porque en su  soberanía lo gobierna todo con equilibrio y suavidad:  

Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
loa vientos te sirven de mensajeros
el fuego llameante, de ministro

                    Reconoce el orante, que todas las obras de Dios son magníficas, que su sabiduría no tiene límites, que sus paisajes son pura bellezas y de fuerte colorido. Y que,  además, la tierra está llena de sus criaturas a las que sustenta y da vida con su amorosa providencia:

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes.
.
                    Y exclama: Tú solo, Señor, puedes conservarlo todo con solicitud, ya que   nunca abandonas nada y das seguridad y firmeza a cuanto existe, pues lo amas todo, y con ternura, lo cuidas y proteges. ¡Qué grande eres, Señor!

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes.

                         Todos los vivientes dependen de la bondad de Dios, de su mano abierta y generosa,  y de su aliento vivificador. Verdaderamente su ESPÍRITU REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA:

Escondes tu rostro, y se retiran;
les retiras tu aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.

                     Y, es el mismo ESPIRITU divino recibido del Padre, el que actúa en Jesús, Nuestro Mesías Salvador. Por lo que,  todas las lecturas litúrgicas de esta celebración realzan la manifestación de la gracia y la gloria que posee  por ser  HIJO DE DIOS:

                     Isaías lo preanuncia, anticipadamente, como un mensaje de liberación: “Consolad, consolad a mi pueblo ya que Dios nunca lo ha abandonado. No temas Jerusalén aquí está vuestro Dios que llega con poder”.

                     También, S, Pablo nos lo recuerda: “Ha aparecido  la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres. Y el Padre Eterno lo confirma cuando hace resonar su voz desde el cielo: “ESTE ES MI HIJO, EL AMADO, EL PREDILECTO”

                    De igual manera, por el Bautismo, hemos sido hechos uno con Cristo, por El, somos Hijos de Dios, Herederos de su gloria y podemos llamar a Dios Padre. Y, el ESPÍRITU que se nos comunica y viene en nuestra ayuda, nos hace miembros de La Iglesia,  nos infunde la fe, nos abre horizontes de esperanza y nos ayuda a vivir fieles en el seguimiento de Jesús, amando a los más pobres, haciendo siempre el bien a los que nos rodean y viviendo sumamente agradecidos  a nuestro Padre del Cielo.

martes, 8 de enero de 2019

Domingo de Epifanía



EPIFANÍA DEL SEÑOR
                  
SE POSTRARÁN ANTE TI, SEÑOR,
TODOS LOS REYES DE LA TIERRA

Por M. Adelina Climent Cortés  O.P.


                    En la EPIFANÍA DEL SEÑOR, con el salmo 71,  canto al Ungido de Dios, se exalta la MANIFESTACIÓN GLORIOSA DE JESUCRISTO, Rey del universo y Salvador de todos los pueblos.

                    Pertenece este himno cristológico, al grupo de los “salmos reales” y se cantaba en la entronización del nuevo rey de Israel y en los aniversarios de estas fiestas, con el mismo estilo que lo hacían los pueblos vecinos, aunque con modificaciones notables. Pertenece a la época de la monarquía y por lo tanto es anterior al exílio, pero también tiene elementos valiosos de tiempos posteriores.

                    Se pide a Dios, conceda al Rey, su representante ante el pueblo y al que se le  considera, también, su hijo y heredero, sus mismas virtudes y sentimientos divinos, para que pueda gobernar debidamente en su nombre y con su propio estilo:

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes:
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

                   Sigue pidiendo el israelita, para el Rey, que, también, durante su reinado, haya paz y justicia y que su gobierno sea amplio y duradero:

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del gran Río al confín de la tierra.

                    Más, el orante, continúa rogando al Dios, Yahveh, que, también  ofrezcan vasallaje, tributo y riqueza, al Rey de Israel, los pueblos vecinos y conocidos, ya que, todos deben postrarse y concederle honores, por ser su gobierno justo y recto:

Que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributos;
que los reyes de Sabá y de Arabia
le ofrezcan sus dones,
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

                    Y, la asamblea, también se une al orante, para expresar sus deseos al Señor Yahveh, pidiéndole que el rey sea, además de recto, piadoso y bueno, amante de los sencillos y humildes; que viva con interés la preocupación de los más pobres y desvalidos de la sociedad y que, siempre esté cercano a los más menesterosos, los más amados de Dios; ya que, sólo, si obra así, será semejante a Él. Y, también, porque, de esta manera, conseguirá el cariño y el respeto de todo el pueblo, que ha de ver en el rey al enviado de Dios, al que llega para realizar su misma misión salvadora:

Porque él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.


                    En Jesús, el hijo de La Virgen María, se cumple de manera excelente este oráculo real, ya que, su misión salvadora, tiene como objetivo principal a los pobres y desheredados de la sociedad: los sin techo, los emigrantes y los extranjeros... Estos son la parte más escogida y amada de su Reinado, que es universal y abarca a todos los pueblos de diferentes razas, culturas y creencias.
                                                                                              
                    Y, Jesucristo, es el Mesías esperado y anunciado por los profetas a todas las naciones, porque,  todas en Él,  son partícipes de La Promesa del Dios de la Alianza:

                     “Unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:  “¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? PORQUE HEMOS VISTO SALIR SU ESTRELLA y VENIMOS A ADORARLO”

                      “Vieron al Niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, LO ADORARON; después, abriendo sus cofres, LE OFRECIERON REGALOS: Oro incienso y mirra”

                     Y, por eso, hoy, celebramos solemnemente su MANIFESTACIÓN GLORIOSA como SEÑOR DE LA HISTORIA y REY DEL UNIVERSO. Jesucristo, el que, con su Luz lo ilumina todo, revelándonos, también, el amor misericordioso del Padre, nuestro Dios y Señor.

viernes, 4 de enero de 2019

Solemnidad de Santa María Madre de Dios



STA. MARÍA MADRE DE DIOS.
Octava de NAVIDAD



ALABEMOS Y DEMOS GRACIAS AL SEÑOR

Por M. Adelina Climent Cortes  O.P.


“Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te den gracias”

                    Estos versos del salmo 66, en forma de estribillo, son un deseo hecho oración y canto, dirigido a DIOS COMO SEÑOR DE LA HISTORIA y de TODOS LOS PUEBLOS. El salmo, con características hímnicas y de acción de gracias, es de la época del exilio y tiene  elementos de tiempos anteriores. En el  poema, se da gracias al Señor, por los frutos de las cosechas recogidas, consideradas en Israel como la bendición mayor de Yahveh, por ser el único que puede hacer fecunda la tierra y todas las obras de nuestras manos. Y, en esta acción de gracias, estaba implícito el deseo de que les siguiera bendiciendo su Dios, Yahveh, para que, viéndolo los demás pueblos, también pudieran reconocerle y acoger su salvación.

                    La bendición de Yahveh, que lleva el poema, recuerda la de Números (6, 22-27), que  leemos, como  primera lectura, en La Eucaristía de LA SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS, que hoy celebramos. Dice así:

El Señor tenga piedad y nos bendiga
ilumine su rostro sobre nosotros:
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación

                    Junto con la acción de gracias, el orante pide a Dios, que les siga favoreciendo en  lo que es indispensable para el sustento diario y cubrir las necesidades más básicas,  y, para poder seguir invocándole en todo momento. También pide a Yahveh, que les ilumine  con su rostro, ya que, todo israelita ve en este gesto, la concesión y benevolencia de Dios a favor de su pueblo, pues, el rostro queda iluminado cuando, por hacer el bien a los demás, la misma persona se llena de contento; alegría que hace nacer el reflejo de luz que brota del espíritu. Y, como es tanto el gozo que el orante siente al ser bendecido por Yahveh, también quiere que toda la tierra lo perciba y lo haga suyo, pues, los caminos de la salvación de Dios son universales y todos los pueblos los han de conocer y acoger:
                                
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
riges los pueblos con rectitud,
y gobiernas las naciones de la tierra.

                    También nos  dice el salmo, que la bendición de Yahveh es siempre de tal magnitud, que tiene fuerza para provocar la alegría, la alabanza y la gratitud de todas las naciones de la tierra, porque lleva consigo, la justicia y la rectitud, que engendran la paz y la felicidad de los pueblos. Por eso insiste el salmista:

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

                    Aparece, de nuevo, el sentido ecuménico del salmo. La bondad de Yahveh, su salvación, lo llena todo, y el orbe entero tiene que reconocerlo. Y, porque Dios es tan grande y generoso, también los hombres han de temer su santo nombre, que equivale a amarle con todas las fuerzas del ser, y junto con toda la creación.

                    En esta solemnidad de SANTA MARÍA MADRE DE DIOS, hemos de alabarle y darle gracias por La Madre tan excelsa que ha escogido para su Hijo Jesús y para todos nosotros, que, por su nacimiento, hemos quedado constituidos hermanos suyos. Siendo esto la bendición más grande que Dios nos ha otorgado. JESÚS, EL VERBO DE DIOS ENCARNADO,  es el fruto mejor de la tierra, que al comerlo como Eucaristía, nos llena de salud, de paz  y de contento. Es el fruto que nos sacia y nos hace crecer en comunión hasta hacernos hijos auténticos de Dios. Por eso, llenos de infinita gratitud, alabémosle siempre con alegría y gozo:

“Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben”

sábado, 29 de diciembre de 2018

Fiesta de la Sagrada Familia



DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA – C

DICHOSOS LOS QUE VIVEN EN TU CASA, SEÑOR

Por S. Mª Adelina Climent Cortés OP.


                    Jesús, la misericordia entrañable y encarnada del Padre Celestial, en brazos de María, su Madre, y bajo la custodia de José, su padre adoptivo, forman LA SAGRADA FAMILIA cuya festividad litúrgica celebramos este Domingo después de La Natividad del Señor. 

                    Modelo  admirable y digno de imitación el que contemplamos hoy como pequeña Iglesia domestica de la que irradian las virtudes propias de una perfecta convivencia, como son el amor cariñoso, la cordialidad afable, el servicio, la confianza, el respeto mutuo…

                    A JESÚS, MARÍA Y JOSÉ, alabamos hoy en esta liturgia eucarística y dominical con el salmo  83. Salmo, que tiene su origen en la época de la monarquía, por lo tanto anterior al Exilio.
  
                    Este salmo, es un canto real de acceso al santuario.  Y, es el Rey, en persona, el que lo declama y reza, pues quiere vivir y ejercitar su poder personal y político desde la cercanía de Dios, en su santo nombre, y teniendo en cuenta su voluntad. Deseos, todos ellos, muy en sintonía con el querer de Jesús de UCUPARSE EN LAS COSAS DEL PADRE, como nos relata el evangelio de Lucas.

                      Expresa el Rey, que la dicha suprema para él es vivir en la casa del Señor, morar junto a El. Descansar y tener sus delicias con su Dios y Señor. Compartir su vida y gozar de su bondadosa amistad:

¡Que deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.

                    Así, el salmista rey, considera dichosos a los que se dedican en todo momento a bendecir al Señor Yahveh, cantando sus alabanzas, pues allí  encuentran paz, fuerza y consuelo para vivir y actuar correctamente:

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en Ti, su fuerza,
al preparar su peregrinación.

                    Y, con vehemente confianza, suplica a su Dios Yahveh, que le conceda lo que tanto desea para realizar con acierto su tarea, de gran responsabilidad, por ser el rey del pueblo:

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo,
mira el ostro de tu Ungido.

                    De igual manera que este real personaje, en su difícil quehacer, busca ser fiel a su Dios y Señor, para cumplir con rectitud su misión gubernativa, de la misma manera y como preludio al evangelio de hoy, cuenta el primer libro de Samuel, que Ana, la madre del pequeño Samuel, fiel y agradecida a Dios, porque al pedirle un hijo se lo concedió, cuando lo destetó subió al templo del Señor, de Siló y presentó al Niño a Elí  diciendo:

                    “Este niño es lo que yo pedía. El Señor me ha concedido mi petición. Por eso se lo cedo al Señor de por vida,  para que sea suyo”

                     También, narra Lucas en el Evangelio que,  cuando Jesús cumplió doce años,  subió a Jerusalén para la fiesta de La Pascua y se quedó en el Templo con los maestros, escuchándoles y haciendo preguntas, y que, cuando sus padres, angustiados, le preguntaron, por qué has hecho esto con nosotros, respondió:

                    “NO SABÍAIS QUE DEBÍA ESTAR EN LA CASA DE MI PADRE”

                    Y, Jesús, que bajó a Nazaret y siguió bajo la autoridad de María y José, creciendo en sabiduría estatura y gracia ante Dios y ante los hombres, sobre todo vivió siempre, como el piadoso israelita del salmo, en fidelidad absoluta a su Padre Dios, que le animaba y fortalecía constantemente en su divina misión redentora y salvadora de la humanidad.
  
                    Episodios, todos ellos, que nos invitan a buscar en la oración, una intimidad amorosa con Dios, para vivir en profunda fidelidad a su santa voluntad, ya que siempre se muestra fiel y dispuesto a ayudarnos en todo momento con el fin de que realicemos nuestra vocación personal y comunitaria según su divino querer, pues, siempre redundará en bien de los demás y para mayor gloria suya.

                    Que Jesús, María y José, La Sagrada Familia de Nazaret, nos ayuden a ser fieles en el costoso peregrinar,  de cada día, buscando siempre agradar a nuestro Señor y Padre Dios.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Navidad



NAVIDAD - MISA DEL DÍA

 LOS CONFINES DE LA TIERRA HAN CONTEMPLADO
LA VICTORIA DE NUESTRO DIOS

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.

Dios, siempre fiel a su  promesa de salvación, a través de los tiempos  ha ido desvelándola amorosamente, hasta quedar definitivamente realizada en su HIJO, CRISTO JESÚS, PALABRA ENCARNADA DEL PADRE, NACIDO DE MARÍA VIRGEN EN BELÉN, en condición pobre y humilde. Y, será Jesús, Dios y Hombre a la vez, carne de nuestra carne, quién la llevará a plenitud cuando aparezca  en su manifestación gloriosa.  Y en Él, “los  confines de la tierra han contemplado -y contemplarán- la victoria de nuestro Dios”

¡MISTERIO INMENSO DE AMOR!. Misterio, que acogemos con gozoso agradecimiento,   proclamando con júbilo  el salmo 97, uno de los himnos que cantaban los israelitas a Yahveh, Señor y Rey del Universo, reconociendo, así, sus obras salvadoras para con su pueblo. El orante lo entona con desbordante alegría, a la vez que, invita a la comunidad, reunida en asamblea litúrgica, a una alabanza festiva y profunda. Y, el gozo que les embarga, es debido, concretamente, a  la libertad que experimentan a su vuelta del exilio y por la alegría que sienten al poder restaurar la ciudad y su templo; motivos, estos, de esperanza y consolación para todos. Salvación y Victoria de Yahveh, su Dios  que, desde Israel, se extenderá a  las demás naciones, a las que, también,  revelará su justicia y misericordia,  y todos los pueblos podrán contemplar sus maravillas:
 
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo;

el Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en  favor de la casa de Israel.

               Con sentido de universalidad y llevado de una  fe viva y profunda, el salmista orante, invita, también, a toda la tierra,  a dar una respuesta de alabanza agradecida,  con himnos y aclamaciones vibrantes, al  Rey y Señor de todo el orbe:                 
         
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad.

Tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor.
                    
               Nuestro “cántico nuevo”, en los tiempos últimos y plenos que vivimos, es para  el DIOS QUE  NACE  NIÑO  Y POBRE EN UN PESEBRE, pero, que es esperado,  acogido y amado con cariño por sus padres María y José. Es alabado por los ángeles y arcángeles que, a la vez, le cantan con voz sublime y celestial: “GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y PAZ A LOS HOMBRES QUE AMA EL SEÑOR” y,  también, es  adorado  por unos sencillos  pastores, que le ofrecen todo cuanto tienen.

¡MISTERIO INMENSO DE AMOR! El que nace hombre, el que se hace como  uno de nosotros, es EL DIOS Y EL REY DE LA VIDA, porque lo abarca todo con su sabiduría, su misericordia y su poder. Y,  su  Reinado no tendrá fin,  pues, sus características son  la paz,  la justicia y la rectitud. “Es el Sol que nace de lo alto” para  ser “Luz de las naciones”,  para hacernos “criaturas nuevas” de una humanidad nueva,  dándonos poder para ser hijos de Dios y hermanos de todos los hombres; y así, transportarnos a su luz admirable, cuando tenga lugar  la recapitulación de todo lo creado en Él, porque, aparecerá  en gloria y majestad. Y será, entonces, cuando de manera  plena y acabada,  “LOS CONFINES DE LA TIERRA CONTEMPLARÁN LA VICTORIA DE NUESTRO DIOS”.


VILLANCICO DE LAS MANOS VACIAS


Yo tenía
tanta rosa de alegría,
tanto lirio de ilusión,
que entre mano y corazón
el Niño no me cabía...
Dejé las rosas primero.
Con una mano vacía
-noche clara y alba fría-
me eché a andar por el sendero.

Dejé los lirios después.
Libre de mentiras bellas,
me eché a andar tras las estrellas
con sangre y nieve en los pies.
Y sin aquella alegría,
pero con otra ilusión,
llena la mano y vacía,
cómo Jesús me cabía
-¡y cómo me sonreía!-
entre mano y corazón.

José María Pemán


viernes, 21 de diciembre de 2018

Domingo IV de Adviento-C


DOMINGO IV DE ADVIENTO - C

OH DIOS, RESTÁURANOS,
QUE BRILLE TU ROSTRO Y NOS SALVE

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.



                  YA ESTÁ CERCA LA VENIDA DE JESÚS, EL HIJO DE DIOS. Se nos invita a esperarle como lo esperó La Virgen María, con amor maternal,  con gozo y exultación... Del  corazón de toda la humanidad tendría que brotar una oración esperanzada y un ardiente deseo: ¡VEN, SEÑOR JESÚS!

                  La celebración litúrgica de este domingo, cuarto de adviento, ensalza  al  Dios que siempre nos ama entrañablemente y que, en todo momento cumple sus promesas de salvación, con el salmo 79. Es un poema de “lamentación y de súplica comunitaria”, en el que, los israelitas  piden a Yahveh que, como  PASTOR DE ISRAEL, que guía, protege y cuida de su pueblo, les salve de la nueva invasión enemiga que sufren, ya que tiene poder para hacerlo desde cielo, donde mora como Rey, con su potencia y majestad:

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece.
Despierta tu poder y ven a salvarnos.

               El salmista, que esta vez se dirige a Yahveh pidiéndole su salvación, con el  título guerrero “Dios de los ejércitos” de tanto significado para Israel; le invoca, ahora, como Labrador, y le ruega que visite su viña, su propiedad tan querida desde siempre,  y  la proteja de los enemigos  y salteadores que la cercan y asedian constantemente, con el fin de que su obra no quede abandonada  ni destruida, sino que pueda dar los frutos oportunos:

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó
y que tú hiciste vigorosa.
      
                  Sigue el diálogo con Yahveh, que el salmista  convierte en una oración confiada y comprensiva.  Su ardiente fe le dice que,  si en nombre del pueblo, la comunidad pide la protección del Señor, es decir, su salvación, Israel ha de saber corresponderle con  fidelidad, con lealtad y, también, con agradecimiento:
        
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste,
no nos alejaremos de ti;
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
   
                    Ahora, en estos tiempos de plenitud,  LA IGLESIA, ES LA VIÑA  DEL SEÑOR, y CRISTO JESÚS, EL LABRADOR,  que la cultiva y cuida con esmero, y EL PASTOR que la protege contra los adversarios y la guía hasta el Reino. En ella, nuestro Padre Dios, ha realizado la más maravillosa de sus promesas. Ha venido a visitarnos en su muy amado Hijo, Cristo Jesús, el que nos ha redimido con su amor paciente y generoso, llenando el mundo de su bondad y de su paz, hasta hacerlo todo nuevo con su espíritu

                   Y, gozando de esta “NUEVA VIDA” inaugurada por Cristo Jesús, contemplemos hoy a María, Madre suya y nuestra, de todos los vivientes, en actitud de espera gozosa y de acogida incondicional.

                   Y deseemos, con su misma disposición, y su misma capacidad de asombro y recogimiento, que también Jesús, nuestro Salvador, nazca en cada uno de los que con fe y asombro le esperamos con gozo, de manera que, viviendo en comunión con él, logremos despertar en los que aún no le esperan, deseos de conocerle  y amarle.


                    Entonces, sí será  posible, que brille la luz de su rostro sobre toda la humanidad, en la que se revelará  plenamente su Reino y el de Dios, cuando aparezca, en su última y definitiva visita, en plena gloria y majestad.