viernes, 14 de diciembre de 2018

Domingo III de Adviento-C


DOMINGO  III DE ADVIENTO - C

 “QUÉ GRANDE  ES EN MEDIO DE TI EL SANTO DE  ISRAEL”

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                   Se nos invita al gozo y a la alegría ante la cercanía del nacimiento del Señor Jesús,  que nos trae la paz, la salvación y nos acerca el Reino. Y, es el Profeta Isaías el que nos dice: Gritad jubilosos: “Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”

                   Con gozo y gratitud, pues,  cantemos el oráculo de Salvación: Is. 12, 2-6, que, en  forma de himno, alaba la grandeza de Dios, glorifica su nombre y ensalza su santidad.

                    Israel lo cantaba, alabando y dando gracias a Yahveh, por la salvación ya recibida de sus manos, al ser liberados de la opresión de Egipto, y, también, por la alegría  experimentada al retorno del exilio,  que hizo posible la restauración de la ciudad santa y su templo. Episodio  en  el que se pudo gozar  de la paz, del consuelo y de la seguridad, que, como agua, manan de las “FUENTES DE LA SALVACIÓN”                     
       
El Señor es mi Dios y salvador;
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

                 El orante israelita, invita a la comunidad a que tome  parte en esta alabanza de acción de gracias,  de manera gozosa y entusiasta, y, a pregonar con gritos de júbilo a todos los pueblos y naciones, las obras salvadoras de Yahveh, para que puedan ser reconocidas universalmente, junto con su grandeza y santidad:

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre
contad a los pueblos sus hazañas.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
“Que grande es en medio de ti
el santo de Israel”.

                
                      Más, también nosotros sentimos alegría y gozo desbordante, por LA PRESENCIA SALVÍFICA DE DIOS EN JESUCRISTO NUESTRO SALVADOR.  La cercanía de su nacimiento nos conmueve, ya que, se nos presenta  frágil y vulnerable, en los brazos de María su Madre. Signo, este, que descubre a toda la humanidad, que,  su venida  salvadora no es ostentosa, sino discreta y humilde y que, sobre todo,  es para los pequeños, los sencillos, los pobres y desvalidos, ya que, de ellos es el reino de Dios; dándonos a entender, de este modo, que hemos de hacer nuestra esta actitud, si queremos participar de  su salvación.
                  
                       Y, desde esta actitud salvífica y consoladora de Dios, hemos de anunciar LA BUENA NOTICIA, colaborando y abriendo cauces en los que pueda correr el agua de las fuentes de la  salvación por todo nuestro mundo, como  son los del amor, los de la paz, los de la justicia, concordia y fraternidad, caminos que conducirán a que, todos los hombres, puedan  conocer y cantar, con alegría y gozo, las hazañas del Señor.


                        Misión difícil y costosa la de hacer ver a todos LA SALVACIÓN DE DIOS, la de hacer presente su Reinado; pero, en tiempo de sequía y desánimo, contamos con la fuerza de Cristo Jesús y su deseo de aliviarnos, consolarnos y animarnos: “El que tenga sed que venga a mí y beba”

sábado, 8 de diciembre de 2018

Domingo II de Adviento-C


DOMINGO II DE ADVIENTO - C

EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTROS


                                            Por Mª Adelina Climent Cortés O. P.


                   Celebramos la grandeza de Dios y su bondad, fruto de su amor salvador, y fuente de inmensa alegría y esperanza para toda la humanidad. Y, porque estamos  gozosamente agradecidos queremos expresarle nuestros deseos de alabanza, rezando y cantando el salmo 125.
  
                   Es un salmo de peregrinación y  lo cantaban los israelitas en las “subidas” al templo de Jerusalén, morada del Altísimo. También es un canto de súplica y de acción de gracias, con características sapienzales, que  relata, con expresiones de alegría, el retorno de Israel  a su patria y nación, después de haber sido liberado por Yahveh, de la esclavitud del  destierro de Babilonia:

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar;
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
   
                   Más, fue tan espectacular este “cambio” de situación, y la alegría que produjo en los israelitas, que, los gentiles, admirados, pudieron reconocer la grandeza del Dios, Yahveh,  y las maravillas que realiza con los suyos:

Hasta los gentiles decían: “El Señor
ha estado grande con ellos”
El Señor ha estado grande con nosotros,
Y estamos alegres.
                       
                   Esta alegría y agradecimiento de Israel, que es expresión, también, de su honda fe, se hace oración, con el fin de que, Yahveh, les siga siempre ayudando en la difícil tarea de la reconstrucción de la ciudad santa y de su templo, y, porque, solo así, el  cambio de suerte, ya experimentado, podrá ser duradero y definitivo:

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas,
cosechan entre cantares.
                    
                    Y, la confianza que Israel ha puesto en el Señor, Yahveh, le asegura que, todo sufrimiento y dificultad padecidos con esfuerzo de superación, ha de transformarse definitivamente en sabrosos frutos, que siempre proporcionan alegría, dicha y gozo. Así de grande y generoso es el Señor para con todos sus fieles:
                
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

 
                      También, “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” Sentimos alegría y gozo, POR LA CERCANÍA DEL ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE JESÚS, NUESTRO SALVADOR, ya que, con su amor encarnado logró cambiar nuestra suerte, haciéndonos pasar de la esclavitud del pecado a ser hijos de Dios.
   
                       Pero, este privilegio tan excelso, de la filiación divina, solo se hará realidad plena en la vida futura; y, hasta entonces, caminamos alegres y seguros en la esperanza, PREPARANDO LOS CAMINOS DEL SEÑOR, ALLANANDO SUS SENDEROS. Esperanza, que siempre acrecienta  nuestro deseo de alcanzar la felicidad eterna.


                       Y, en  esta espera, también estamos alegres, por las sucesivas venidas salvadoras de Dios a nuestra existencia particular y a la historia de la humanidad, que alientan y favorecen nuestra lucha y esfuerzo, en la tarea de ir construyendo el Reino,  que solo llegará a su plenitud con la venida definitiva de Cristo Jesús, en el que “TODOS VEREMOS LA SALVACIÓN DE DIOS “,  y participaremos de su gloria.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Solemnidad de la Inmaculada Concepción



LA INMACULADA CONCEPCIÓN

DIOS, EN MARIA, HA HECHO MARAVILLAS


Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.

                                   
                   Es la fiesta entrañable de MARÍA en su INMACULADA CONCEPCIÓN, predestinada por Dios desde la eternidad a ser MADRE DEL REDENTOR, logrando dejar abierto, de este modo, un camino de esperanza y optimismo  a la creación entera, que vive, deseosa y anhelante, la venida gloriosa del Salvador.
.
                   Verdaderamente, DIOS SE HA COMPLACIDO EN MARÍA obrando en ella maravillas, y llenándola de su Gracia, es decir, enriqueciéndola de sí mismo y embelleciéndola con  virtudes y prerrogativas,  para hacerla digna  Madre de su Hijo Jesús, dando comienzo así,  la salvación prometida a toda la humanidad. Y, por esta tan grandiosa generosidad de Dios, que se ha complacido en “elegir” y exaltar de este modo a María, una criatura de nuestra raza y condición, y, porque, también lo hará con cada uno de nosotros, hijos suyos por su propia iniciativa, le damos gracias y alabamos  su nombre, cantando el salmo 97:

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
          
                    En María, el poder y la victoria de Dios alcanzan su culmen y esplendor. La fiesta de LA INMACULADA CONCEPCIÓN, desborda en todos los mortales júbilo, alegría y gozo, y es, fuente de fuerza y esperanza en la lucha contra el pecado y el mal. En María, el sol de justicia que nos trae la salvación, Jesucristo nuestro Señor, irrumpe, como un glorioso amanecer e ilumina una creación nueva, la del Reino de Dios:
           
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.

                    Gracias a le generosidad de Dios con María y con toda la humanidad, y al  deseo del  pueblo ferviente, el ocho de Diciembre de 1854, pudo ser declarado dogma de fe, que, María, La Madre de Jesús, fue llena de gracia ya desde el primer momento de su existencia y concebida sin pecado, en vista a los méritos de su hijo Jesús, el Salvador.

El Señor da a conocer su victoria;
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

                    Y, del gozo de haber sido salvados por Dios, participa, también, toda la creación  que, gozosa, contempla y aclama a su creador en alabanza de su gloria; por lo que, también, hace fiesta a MARÍA INMACULADA, LA MADRE DEL REDENTOR, y la primera redimida de la humanidad, la que, con humildad, proclama agradecida la grandeza del Señor, en el Magníficat, y lo ensalza porque “su misericordia  llega a todos sus fieles de generación en generación”:

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
 Aclamad al Señor tierra entera,
gritad, vitoread, tocad.

                    Pero, la festividad de LA INMACULADA CONCEPCIÓN, además de darnos alegría, paz. y optimismo, ha de despertar en todos nosotros, en todos los cristianos, un gran amor filial hacia ella, LA  SEÑORA, y deseos de imitar sus virtudes; sobre todo, su humildad, al sentirse “ESCLAVA DEL SEÑOR”, su agradecimiento, que le hizo decir: “SE ALEGRA MI ESPÍRITU EN DIOS MI SALVADOR” y más aun, su firme disponibilidad a los planes salvadores del Señor: “HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA” y, su honda fe receptiva, al acoger LA PALABRA en sus entrañas, para ofrecerla al mundo.


                    Y, porque, también nosotros hemos sido “elegidos” desde la eternidad, para ser hijos de Dios, tenemos que responder, generosamente, a las llamadas que el Señor nos hace constantemente, con el fin, de ir venciendo el pecado y el mal de nuestro mundo, de manera que pueda surgir la verdadera fraternidad entre los hombres de todos los pueblos, lo que, sólo conseguiremos si, COMO MARÍA, SABEMOS HACER NACER A JESÚS, EN NOSOTROS, PARA OFRECERLO A LOS DEMÁS.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Domingo I de Adviento-C


DOMINGO I DE ADVIENTO - C

A TI, SEÑOR, LEVANTO MI ALMA

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.

                        Como un anuncio de esperanza, se nos dice que el SEÑOR VIENE Y NOS SALVARÁ. Y, si nuestro Salvador está para venir y es seguro que llegará,  hemos de esperarle  con el gozo y entusiasmo debidos, actitud que requiere una atención constante, y un  vivir despierto, en alerta  vigilancia,  con  deseos de incorporarnos plenamente a su vida y  amor.

                       Esta espera del Señor, este estar vigilantes y mantenernos en pie ante EL HIJO DEL HOMBRE, que despierta deseos de búsqueda y cercanía, que aviva la fe y mueve a una sincera conversión, es ya, una  anticipación de LA SALVACIÓN. También es, lo que pedimos al Señor con el salmo 24:

A Ti, Señor, levanto mi alma
         
                       Estamos ante un salmo de “súplica y confianza” y también de “tono sapienzal” en el que, el salmista, un anciano enfermo, solo y afligido, y que, además, es acosado por sus enemigos,  reflexiona sobre los caminos del Señor, que siempre son expresión de su voluntad y están llenos de ternura y misericordia:      

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas,
haz que camine con lealtad,
enséñame, porque tú eres mi Dios y salvador.

                         Con sentimientos de humilde conversión y sincera confianza, el salmista sabe que, Yahveh, en su bondad y rectitud, acoge siempre con amor a sus “pobres”, a los fieles que acuden a Él en sus sufrimientos y temores, buscando su salvación:

El Señor es bueno y recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.

                      Instruido en la voluntad de Yahveh,  el salmista, ya renovado,  se plantea la vida según la ley, con la seguridad de que, el Señor, fiel y leal a su compromiso de proteger a los suyos, se confiara a él y le seguirá instruyendo en el fiel cumplimiento de la alianza:                        
                   
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su alianza.


                   A nosotros, se nos manifiesta la voluntad de Dios a través de su Hijo, Cristo Jesús; camino que nos conduce a la verdad y nos va introduciendo en la vida plena del Padre. Salvación que no es solo para sus seguidores, sino que está abierta a toda la humanidad,  sedienta siempre de  auténtica felicidad, la que está en Dios y en  su amor, pero que, quizá, la busca donde no se puede encontrar.

                   Y, la esperanza a la que estamos llamados nunca defrauda. Es una esperanza activa, y  como tal,  ha de llevarnos a realizar obras de bondad y de amor, que muevan a una renovación eficaz y constante, como podría ser, por ejemplo, vivir un compromiso serio por un mundo mejor y más seguro, donde pueda surgir la justicia y reinar la paz, donde se logre vivir en solidaridad y fraternidad y donde haya desarrollo y prosperidad para todos.        


                  Esperanza salvadora, que se hizo realidad en JESUCRISTO, NACIDO DE MARÍA VIRGEN, para liberar al mundo del pecado con su REDENCIÓN. Salvación que nace en nosotros constantemente, siempre que, con nuestro ejemplo y entrega, somos motivo de esperanza para los demás y trabajamos para que la humanidad entera la desee y busque  EL REINADO DE DIOS,  que se implantará definitivamente con el retorno glorioso de Cristo Jesús, el que, con su venida, pondrá fin a La Historia del mundo y nos introducirá para siempre en su gloria y en la de Dios, nuestro Padre.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Jesucristo Rey del Universo- ciclo B


DOMINGO XXXIV. T. ORDINARIO
CRISTO REY - B

EL SEÑOR REINA, VESTIDO DE MAJESTAD


Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                  Festejamos y celebramos a JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO y SEÑOR DE LOS PUEBLOS Y DE LA HISTORIA por siglos sin fin; al que “se le  dio poder, honor y reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le servirán”.
    
                  Los que pertenecemos a su REINO, que es distinto al reinado de los demás reyes, porque no es político ni de este mundo, sino, que es un Reino “de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz”,  le aclamamos y  alabamos con el salmo 92.

                  Este salmo, pertenece al grupo de los salmos “litúrgicos” y tiene  características de himno en su núcleo primitivo, también está considerado, como uno de los salmos que se rezaban en la “entronización” real de Yahveh como Dios y Señor de Israel, rito que copiaron los israelitas de los pueblos paganos vecinos y lo sacralizaron. Comienza con un grito victorioso de júbilo y  reconocimiento:
                                                                                                                                                      
El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder.
                 
                  Israel, que, llevado de su fe,  ha visto siempre en Yahveh  al Rey Eterno, capaz de gobernar a  los pueblos con equidad y  firmeza  por su  fuerza y poderío, lo entroniza cada año en su Templo, donde le ofrece el culto de alabanza debido, sabedor de que, éste, su Dios,  siempre le protege y salva de toda amenaza y opresión:

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
                  
                  Pues, Yahveh, en su trascendencia, está por encima del cosmos, al que   gobierna y sostiene dentro de un orden justo,  con la eficacia creadora de su Palabra, expresión de su voluntad y sabiduría. Y, más aun, se desborda en el hombre, al que da firmeza y seguridad... Trascendencia, la de Yahveh, que, en su morada, donde se asienta su trono y  su gloria, se manifiesta en La  Santidad de su Nombre y en la oración de los fieles, para su adorno  y embellecimiento:
                                    
           Tus mandatos son fieles y seguros,
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término
                             

                En el Nuevo Testamento el reinado de Dios se manifiesta en Cristo Jesús, Palabra eterna del Padre y Señor de todo lo creado. Él, mismo,  lo afirmó cuando dijo a Pilato: -“Tú lo has dicho, YO SOY REY”. Pero su reinado no es poderoso, como el de un rey político, sino, que, Cristo Jesús, nos rige desde la humildad, el servicio, y el amor, pues, su corona fue de espinas y su cetro la cruz,  con  la que nos liberó y salvó. Además,  su única  pretensión fue “SER TESTIGO DE LA VERDAD”, la que dejó plasmada en el evangelio, como Buena Noticia para la humanidad.         

                 Y, nosotros, los seguidores de Jesús, el Señor y el “Príncipe de La Paz”, también  estamos destinados a ser “un pueblo de reyes y de sacerdotes” con el fin de hacer realidad en nuestro mundo, la verdad que Él vivió con su entrega  amorosa, y que enseñó con su ejemplo, ya que “pasó haciendo el bien”.


                 Y vivir en La Verdad, es vivir en la búsqueda incansable de Dios, y en el  amor fraterno, estando  siempre atentos a las necesidades de los demás;  y, que, también lleva consigo el esfuerzo de construir la paz desde un vivir justo y santo,  contando, en todo momento, con  la gracia de Dios, que nunca puede fallar. Más, solo con estos valores, se podrá conseguir el mundo mejor, que ha de ser  transformado en  Reino de Dios, cuando todo quede recapitulado bajo el señorío de CRISTO JESÚS, REY Y SOBERANO DE LA GLORIA ETERNA.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Domingo XXXIII del T.O. -B


DOMINGO XXXIII DEL T. ORDINARIO - B
  
PROTÉGEME, DIOS MÍO, QUE ME REFUGIO EN TI

Por Mª Adelina Climent Cortés O.P.
                              
                     Ante la importancia de LA DIMENSIÓN ESCATOLÓGICA DE LA FE CRISTIANA, se nos invita a vivirla desde una profunda  confianza en Dios, nuestro único bien, al que nada ni nadie  se le puede comparar, pues en todo momento de peligro nos auxilia si nos refugiamos en él. Así el profeta Daniel, en la primera lectura bíblica afirma:

“LOS SABIOS BRILLARÁN COMO EL FULGOR DEL FIRMAMENTO, Y LOS QUE ENSEÑARON A MUCHOS LA JUSTICIA, COMO LAS ESTRELLAS; POR TODA LA ETERNIDAD”.

                     Más, la bondad y lealtad de Dios con sus fieles, la  alabamos y cantamos con el salmo 15, profunda oración de “confianza individual” en Yahveh,  siempre fiel al compromiso de La Alianza, de proteger y cuidar a los suyos, cuando humildemente le invocan. Conocedor de esto, el salmista acude a Él buscando su apoyo  y ternura; y la delicia  que experimenta en el encuentro, la proclama con gozo agradecido:

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

                    En el diálogo de amistosa intimidad entre Yahveh y el salmista, éste llega a creer que el Señor le llenará siempre de sus bienes y hasta de su propia vida, apartando de él todo mal y hasta la misma muerte:

Por eso se me alegra el corazón,
y mi carne descansa serena:
Porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
                             
                    Gozar del “camino de la vida”, sentir su cercanía, y experimentar siempre su presencia y salvación, es lo que sinceramente desea el salmista de Yahveh, al que considera “su único bien”:

Me enseñarás el camino de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

  
                    Este salmo lo debemos rezar,  los cristianos, todos los seguidores de Cristo Jesús, con plenitud de sentido, pues en él se hizo plena realidad, ya que el Padre Dios, no permitió que experimentara la corrupción: “Dios resucitó a Jesús rompiendo las ataduras de la muerte” para sentarlo a su derecha. Y  su Resurrección Gloriosa, su gran victoria, inunda nuestra vida de una ESPERANZA SEGURA, que nos hace presentir, que aún en medio de situaciones difíciles y dolorosas, Dios nos  promete su salvación, siempre que, viviendo su misma vida de entrega y de amor, nos mantengamos firmes a su EVANGELIO:
      
                    mantengamos Que, ante su última venida nos recuerda: "Entonces verán venir al HIJO  DEL  HOMBRE  CON  GRAN  PODER  Y  MAJESTAD,  enviará a los ángeles para reunir a los elegidos de los cuatro vientos del extremo de la tierra al extremo del cielo"      

                    “El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre”.     


                    Mas, vivir la vida de Cristo Jesús es vivir en clave de inmortalidad, que equivale a decir, vivir en  la vida nueva que surge de su Resurrección Gloriosa y que su Espíritu la va haciendo realidad en cada uno de nosotros al ir transformándonos en verdaderos hijos de Dios, herederos de su gloria, y por lo tanto, llamados a vivir siempre con Cristo Jesús, Vida y Resurrección nuestra,  saciándonos  de gozo en la amorosa presencia de nuestro Padre Dios, en el Reino de la eternidad.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Domingo XXXII del T. O. -B


DOMINGO XXXII DEL T. ORDINARIO - B

ALABA, ALMA MÍA, AL SEÑOR

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                       Nos encontramos ante una oración sálmica, que ensalza y describe la bondad salvadora de Dios, siempre fiel y atento con los que, sincera y confiadamente, le invocan y, de manera especial, con los que sufren la pobreza y la marginación:
.
                       En la primera lectura bíblica de La Misa vemos como protege a la viuda pobre,  que recogía leña para cocer un pan con la poca harina y aceite que le quedaba, comer ella y su hijo y después morir. Más, el profeta Elías le pidió agua y un trocito de pan, insistiendo, a la vez, que se lo trajera antes a él, y que, después, lo haría para ella y su hijo. “Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías y comieron los tres, pero: NI LA ORZA DE HARINA SE VACIÓ, NI LA ALCUZA DE ACEITE SE AGOTÓ, como lo había dicho Dios, por boca del profeta”.

                     Y, la oración que alaba y ensalza esta bondad del Señor, es el salmo 145. Pertenece al grupo de los “aleluyáticos”, los cinco últimos del salterio. Tiene características de himno, y también de “salmo didáctico” y su origen es del tiempo posterior al exílio.

                     El orante, se invita así mismo a alabar y bendecir a Yahveh como Rey y Creador del universo, pero, también, por ser el  Dios cercano y compasivo con los más sencillos y humildes. Y, a continuación,  expone los motivos que le mueven a esta alabanza agradecida:

Alaba, alma mía, al Señor:
Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

                    Yahveh, es un Dios que reina con justicia y equidad, pero, que nunca se complace en su grandeza y poderío, sino, que, vive y sufre, con los que se lo pasan mal, y se dedica a  auxiliarlos con su misericordia, que siempre le acompaña, llenándolo todo de amor:

El Señor liberta a los cautivos.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.

El Señor sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

                    Y, este reinado, del Dios Yahveh, tan diferente al de los demás reyes, en la manera de ejercer el poder desde Sión, será duradero y para siempre. Y, precisamente, por esta cercanía y seguridad que ofrece a sus fieles, es digno de todo reconocimiento y de ser ensalzado y alabado por todos y en todo momento:

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.


                  Nosotros, los cristianos, alabamos y bendecimos a Dios, porque, su fidelidad y misericordia, se nos han manifestado plenamente en su hijo Jesucristo, el que hizo de su vida una entrega de servicio y amor a todos los hombres; pero, con predilección, a los más afligidos y menesterosos, hasta llegar a proclamarlos dichosos y herederos del Reino de los cielos, dándonos a entender así, que, en esto consiste precisamente, La Buena Nueva que Él vivió y proclamó:

                    En la lectura evangélica, al ver que una viuda pobre  echaba dos reales en el cepillo del templo, dijo a los discípulos: -“Os aseguro que esta pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque, los demás, han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, HA ECHADO TODO LO QUE TENÍA PARA VIVIR”

                    Y, esta misma vida de entrega y donación de Cristo Jesús hasta su muerte en Cruz,  es la que tiene  que vivir, en pobreza, cada uno de sus seguidores. Es una vida que exige valentía y constante conversión, pero, que es eficaz y salvadora, como fue la de Él, por ser la única que puede transformar el mundo haciéndolo más humano y cordial.

                    Vida y entrega, que consiste en vivir la solidaridad con todos, en el saber compartir lo que tenemos, en el servicio y la gratuidad, la justicia y la paz; es decir, en los valores que hizo suyos Cristo Jesús y que hacen visible el Reino, la vida en plenitud que viviremos en el Cielo.