viernes, 18 de mayo de 2018

Pentecostés


DOMINGO DE PENTECOSTÉS

¡ENVÍA  TU  ESPÍRITU,  SEÑOR,
Y  REPUEBLA  LA  FAZ  DE  LA  TIERRA!

Por Mª Adelina Climent Cortés   O.P.


                    EL ESPÍRITU, del que tanto hablaba Jesús y que prometió enviarnos cuando se iba al Padre, está entre nosotros y lo llena todo de Vida y esplendor. Es el DON por excelencia de Dios, lo mejor que ha podido darnos, pues, es, su misma Vida,  que se derrama en nosotros con sus diversas manifestaciones. Es La Nueva Ley. Es la nueva presencia del RESUCITADO, que, con vigor y fuerza, nos va transformando en auténticos hijos de Dios, y que, renovará  toda la creación, para llenarla de  frutos de Salvación y Vida Eterna. Este ESPIRITU, es, también, el amor entre el Padre y su Hijo Jesús, amor divino,  que, en su fuerza expansiva y creativa,  va purificando el nuestro, hasta hacerlo suyo, siempre que, entre nosotros nos amemos como hermanos.

                    La obra de este ESPÍRITU, TERCERA PERSONA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD y DADOR DE VIDA, la canta el salmo 103.  Un hermoso poema, en forma de himno,   que  describe, de  manera bella y poética, la obra de la creación de Dios. Salmo que canta, además,  el resurgir vital  que brota, como fuerza arrolladora, de LA RESURRECCIÓN DE CRISTO JESÚS, convertido, por Dios Padre, en Cabeza de toda la humanidad, que ha de quedar incorporada y transformada en Él.

                    El salmista comienza el poema, invitándose a bendecir, personalmente, a Yahveh, pues, se siente impresionado y admirado, por la belleza de  sus obras, fruto de su gran bondad y  generosidad para con todos los hombres:

Bendice, alma mía, al Señor.
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;  
la tierra está llena de tus criaturas.
                 
                    Y, es tan grande, y llega a tanto la sabiduría de Yahveh, que, además de dar la vida a los seres, tiene el poder de conservarla, de acrecentarla, y de hacerla fecunda, porque, es un Dios que todo lo ama, y su amor, que es, su ESPÍRITU, lo vivifica, lo embellece y lo sostiene todo: 

Les retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
           
                    De nuevo, el salmista, prorrumpe en alabanzas al creador, con deseos de que, Yahveh, que tanto se goza contemplando la creación, la belleza de las obras de sus manos, se alegre, también, de su  alabanza, pues, al brotar de un espíritu lleno de fe, como es el suyo, ha de ser motivo de gozo para Él.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.

                    Verdaderamente, también nosotros, igual que el salmista, hemos de alegrarnos con el Señor, después de bendecirlo y alabarlo, al  contemplar sus obras, creadas para nuestro bien y felicidad. Maravillas,  que, llenando  el mundo,  lo transforman en el Reinado de Dios. Por eso, para el que tiene fe, para el que vive en el  ESPÍRITU DE JESÚS  y de él, ya no hay diferencia entre lo profano y lo religioso, porque todo es santo, ya que el amor de Dios lo sostiene todo y está en las cosas sustentándolas,  llenándolas  de salvación

                    Pidamos, pues, en esta SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS, que venga EL ESPIRITU sobre cada uno de los cristianos y de todos  los hombres; que  lo sepamos acoger con agradecimiento y amor; y para que, con su fuerza y poder, nos convierta en auténticos testigos de CRISTO RESUCITADO, el Señor de La Historia y de toda La Creación, y, así,  su evangelio sea conocido y amado por todos los hombres:

¡ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR,

Y REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA!

sábado, 12 de mayo de 2018

Solemnidad de la Ascensión


LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

DIOS ASCIENDE ENTRE ACLAMACIONES

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Cantemos y aclamemos a CRISTO JESÚS, que, como Rey de La Gloria, ASCIENDE ENTRE ACLAMACIONES AL CIELO, para sentarse en su trono real a la derecha de Dios Padre. Más,  contemplémosle, con sentimientos de admiración y de agradecimiento, porque, su subida, para nosotros, es gozo y esperanza viva, fruto de nuestra fe en su RESURRECCIÓN GLORIOSA y en su VICTORIA,  que nos hace vislumbrar  lo que ahora ya es  realidad: nuestra futura exaltación  junto a Dios Padre, y para siempre, en La Vida Eterna.                                                               
                 
                    Portento de alegría y felicidad es  la fiesta de LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR, en la que, toda la creación se beneficia del SEÑORÍO DE JESÚS,  al  quedar transformada en el Reinado de Dios.
                 
                    Y, porque  queremos  aclamar a CRISTO JESÚS, con el entusiasmo que  le corresponde y se merece, lo hacemos con el salmo 46, uno de los himnos más  expresivos  del grupo de los ”salmos de entronización real de Dios” y, que tiene sus  orígenes, en  los tiempos de la monarquía de Israel.  Comienza el salmista, con alabanzas gozosas a Yahveh,  Rey de todos los hombres y de la creación entera:

 Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo,
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.

                    La fe del israelita, le lleva a concretizar las intervenciones grandes y poderosas de Yahveh, en el mundo, en la historia particular de Israel, su pueblo, y en las victorias que logra su Rey;  y, también, a celebrarlas litúrgicamente, en las  procesiones   que trasladaban el Arca de La Alianza, desde los lugares de las batallas, hasta el recinto sacro, el Templo de Jerusalén, donde quedaba entronizada con cantos, músicas y aclamaciones. Más, esta GLORIA Y SEÑORÍO DE DIOS, ha quedado  manifestada,  más plenamente, en LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO “EL SEÑOR” y en su ASCENSIÓN GLORIOSA AL CIELO.

Dios asciende entre aclamaciones,
el Señor, al son de trompetas;
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.

                    Mas, La Gloria del Señor Yahveh, con todo su  esplendor,  excede al Templo de Sión, y, en su expansión, adquiere dimensiones universales, hasta llenar el cielo y la tierra, quedando, así, constituido, JESUCRISTO, EN SEÑOR Y MEDIADOR de todo  lo creado. SEÑORÍO, sin fin, que ejerce desde la derecha del PADRE:

Porque Dios es el rey del mundo;
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.



                    Y, Jesucristo, EL SEÑOR RESUCITADO, tiene siempre abiertas las puertas del cielo para comunicarnos el ESPÍRITU, que nos conducirá a Él, y para que, su intercesión, sea una bendición fecunda para la humanidad que vive y camina en la esperanza, guiada por la fe y construyendo el mundo nuevo que tanto anhelamos. Un mundo lleno de valores humanos y evangélicos, los que el mismo Jesús practicó durante su vida terrena, y, que, antes de despedirse, después de decirnos: “SUBO AL PADRE MÍO Y PADRE VUESTRO, AL DIOS MÍO Y DIOS VUESTRO”, nos recomendó practicarlos y darlos a conocer: “PROCLAMAD EL EVANGELIO A TODA LA CREACIÓN”.


                    Que, también, Jesús glorificado, pueda recoger los frutos de nuestro testimonio, y sincero agradecimiento, porque, esta fiesta de su ASCENSIÓN, nos hace tener ya el espíritu en el CIELO, LUGAR DE NUESTRO DESTINO GLORIOSO Y ETERNO.

viernes, 4 de mayo de 2018

Domingo VI de Pascua-B


DOMINGO  VI  DE PASCUA - B

EL SEÑOR REVELA A LAS NACIONES SU JUSTICIA

Por Mª Adelina Climent Cortés O.P.


                    Dios nos revela su AMOR, que es su SANTIDAD, y su JUSTICIA, lo que constituye su misma esencia, al entregarnos a su propio HIJO, JESUCRISTO, para que, con su  MUERTE Y RESURRECCIÓN, sea  nuestra  justificación y salvación.

                    Es lo que proclama y  nos invita a celebrar  el salmo 97, canto jubiloso de acción de gracias y de alabanza a la fuerza y  poderío de Dios, capaz de realizar grandes maravillas y proezas en nuestro favor y de liberarnos de toda injusticia:

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas,
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.

                    Pero, el Señor, Yahveh, quiere que su justicia, junto con su amor, fruto de su victoria a favor de su pueblo, Israel, también sea acogida y celebrada desde la fe, por todas las naciones, por toda la humanidad, y así lo relata el salmista, con el entusiasmo que le caracteriza:

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

                    El salmo, de nuevo, sigue expresando con gozo, la alegría y el éxito de La Victoria de Yahveh,  que ahora vemos manifestada plenamente en LA RESURRECCIÓN GLORIOSA DE CRISTO JESÚS, el que, con su fuerza transformadora,  ha sido capaz de aniquilar la injusticia y todo mal del mundo y de dar paso al REINADO DE DIOS, a una vida nueva repleta de amor y fecundidad:

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad,  vitoread, tocad.
  

                     La revelación de la justicia de Yahveh, nuestro Dios y de su amor salvador, se nos anuncia hoy, además, en las palabras de Cristo Jesús: “COMO EL PADRE ME HA AMADO, ASÍ OS HE AMADO YO, PERMANECED EN MI AMOR”,  y también: “ESTE ES MI MANDAMIENTO, QUE OS AMÉIS UNOS A OTROS COMO YO OS HE AMADO”.  
    
                    Es el amor de Dios, su misma esencia, lo que nosotros hemos de recibir con agradecimiento hasta hacerlo vida de nuestra vida: VOSOTROS SOIS MIS AMIGOS, SI HACÉIS LO QUE YO OS MANDO.

                    Y, es también, lo que hemos de saber transmitir a los demás, para que todos participemos de la amistad de JESÚS, EL SEÑOR y del gozo que comporta su cercanía. De esta manera podremos dar frutos de salvación y hacer que desaparezca toda injusticia entre los hombres, tan contraria a lo que en sí es Dios, y lograr que llegue a nuestro mundo, hambriento de amor y de bondad, su  santidad, que es, también, nuestra verdadera paz y felicidad

                   Símbolo de este amor justo y victorioso y de esta gratuidad de Dios es LA EUCARISTÍA, expresión del amor entregado de Cristo Jesús y del amor que, unos a otros  nos debemos,  como hijos de Dios que somos y hermanos entre sí en el Señor Jesús.
         
                   Y, porque, son muchas las maravillas de Dios y grandes sus  portentos a favor nuestro y de toda  la humanidad, y, solos, no podemos alabarle debidamente, unámonos a todos los creyentes y, con el salmista,  sigamos  cantando con júbilo y entusiasmo:

“ACLAMAD AL SEÑOR, TIERRA ENTERA,

GRITAD, VITOREAD, TOCAD”

viernes, 27 de abril de 2018

Domingo V de Pascua


DOMINGO V DE PASCUA - B

EL SEÑOR ES MI ALABANZA EN LA GRAN ASAMBLEA

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    La alabanza comunitaria -hoy diríamos la alabanza litúrgica-  es la que más agrada a Dios y la que le da más gloria; es la que se hace en nombre de La Iglesia, nuevo pueblo de Dios, y la que preside el Espíritu Santo. En esta alabanza, se expresa mejor la fe, que, unida a la de otros  creyentes, crece y se enriquece para bien propio y de todos, pues: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre allí estoy  yo en medio de ellos”.

                    Es lo que pensaba y hacía el israelita, que reza el salmo 2l en acción de gracias, ya que, desea cumplir su promesa al Señor por los beneficios recibidos de su bondad, sintiéndose acompañado y apoyado de otros fieles, que considera  hermanos  suyos, porque, también ellos, aman y conocen a Yahveh,  y experimentan su fidelidad y salvación cuando le invocan:

Cumpliré mis votos delante de sus fieles
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre,

                    Seguidamente,  el  salmista anuncia, que no solo las bendiciones de Yahveh  serán para Israel, su pueblo elegido, sino que, también lo serán para las demás naciones, que se beneficiarán de su promesa salvadora, por lo que toda la humanidad alabara su santo nombre:

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines de la tierra;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo
       
                    También, el salmista, sumamente agradecido,  porque Yahveh le ha sanado de su enfermedad y le ha liberado de la opresión en que vivía, ahora, quiere vivir solo, para  contar, sin cesar,  su bondad y su justicia, y, de esta manera,  reconocida su fidelidad, pueda ser cantada por todos:

Me hará vivir para él, mi descendencia lo servirá,
hablará del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor

                    Pero, la bendición por excelencia, otorgada por Dios a la humanidad, nos la ha concedido en su HIJO, CRISTO JESÚS, nuestra RESURRECCIÓN y nuestra VIDA, el que ha llevado a plena realización, con su entrega y amor, la promesa de SALVACIÓN de Dios, nuestro Padre.

                    También es, JESUCRISTO, EL SEÑOR, el que, con su victoria, ha transformado el mundo en el REINADO DE DIOS;  el que se ha convertido en el núcleo de unión y de vida de todos sus seguidores, y, también, de todos los hombres.

                    Y es, Jesucristo, el  que nos dice hoy: “YO SOY LA VID, VOSOTROS LOS SARMIENTOS; EL QUE PERMANECE EN MÍ Y YO EN ÉL, ESE  DA FRUTO ABUNDANTE”. Palabras evangélicas, hermosas y de hondo contenido, que indican que, entre Jesucristo y nosotros se ha establecido  una comunión de vida gozosa, que nos capacita para dar FRUTOS DE RESURRECCIÓN. Son frutos de vida eterna, que haremos reales y visibles, si, con nuestra fe, nos manifestamos como testigos valientes del RESUCITADO, capaces de comunicar alegría y de anunciar  la verdad evangélica.
       
                    También daremos frutos de resurrección si somos,  en un mundo donde hay victimas inocentes y mucho sufrimiento, el consuelo eficaz que sana, anima  y da motivos de esperanza, con capacidad de transformar la cultura de muerte que nos inunda, en cultura de vida y de felicidad.


                     Y, también podremos dar frutos de resurrección, si somos  para los demás, como el amor que lo transforma todo en gozo, porque sabe comunicar al mundo  los valores eternos, como son la paz y la justicia, la concordia y la reconciliación, la verdadera fraternidad... Solo así se conseguirá  La Vida nueva del Reino,  La Nueva Creación, toda ella invitada a una alabanza,  continua y alegre, a su Creador y Señor.

sábado, 21 de abril de 2018

Domingo IV de Pascua


DOMINGO IV DE PASCUA - B

LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS ARQUITECTOS
ES AHORA LA PIEDRA ANGULAR

Por Mª Adelina Climent Cortés O. P.


                    Hay que repetirlo sin cansarse, proclamarlo y cantarlo muchas veces, y,   hasta gritarlo con el testimonio de nuestras vidas: CRISTO JESÚS, EL RESUCITADO, “ES LA PIEDRA ANGULAR”, preciosa, que ha hecho posible y creíble la salvación de Dios otorgada a  la humanidad; y que,  por lo mismo,  se ha constituido para gloria de Dios Padre, en   “EL SEÑOR“ de la historia y del universo, siendo, este, el DON mayor que se nos ha concedido y  por el que, insistentemente, debemos dar gracias al Altísimo:

Dad gracias al Señor porque es bueno,
Porque es eterna su misericordia.

                    Resucitados con Cristo Jesús, y salvados por Él, nada de este mundo ha de parecernos valioso,  ni digno de ser  estimado excesivamente. Tampoco nada puede llenarnos de temor o preocupación,  ya que, “EL SEÑOR”,  es nuestra  seguridad y el motivo de nuestra confianza:

Mejor es refugiarse en el Señor
que  fiarse de los hombres;
mejor es refugiarse en el Señor,
que fiarse de los jefes.

                    LA SALVACIÓN, la obra más grande y maravillosa de Dios,  la que nos introduce en el mundo nuevo, que es el  suyo,  nos hace vivir en continua acción de gracias y recordando  sus beneficios en favor nuestro, con el fin de que, siempre, estén presentes en la memoria de los que nos sentimos salvados y amados:

Te doy gracias, porque me escuchaste
y fuiste mi salvación,
Es el Señor quién lo ha hecho,
ha  sido un milagro patente.

                    El Salmo, de nuevo,  bendice  al que viene en nombre del Señor, que, para nosotros, es Jesucristo, su enviado, su Hijo Eterno, Nuestro Dios y Salvador, el que con su entrega total, da la vida para que nosotros tengamos vida:

“Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor

                    JESUCRISTO, nuestro MESÍAS y SALVADOR, también se nos presenta hoy, como el guía y Pastor de su pueblo. Es el BUEN PASTOR, que ama, atiende y cuida de todas sus ovejas, con   esmerada predilección, y, hasta dar la vida por cada una de ellas: “Igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; YO DOY MI VIDA POR LAS OVEJAS”

                     Así de cercano y bondadoso se nos muestra Cristo Jesús: como el que siempre va delante y en todo momento nos acompaña, nos alimenta, nos conduce por sus sendas, que son de descanso y sosiego, de verdura y frescor; en las que  nos puede hablar al corazón para revelarnos sus secretos y todo su  amor.

                     También, en JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR, se nos revela Dios, como Padre de todos los hombres, y nos recuerda que todos somos hermanos en Él: su propio Hijo y  Hermano mayor de todos sus seguidores. Motivos, todos estos, que nos superan, que siempre y en todo momento  debemos agradecer, y que, ahora lo estamos haciendo, cantando este salmo de bendición y de acción de gracias

Tú eres mi Dios, te doy gracias.
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.


                    Más, la acción de gracias por excelencia es La Eucaristía, Celebración sacramental del amor y de  la entrega de Cristo Jesús. BANQUETE Y COMIDA PASCUAL por excelencia, MEMORIAL y canto de adoración y alabanza a su GLORIOSA RESURRECCIÓN, que nos regenera y salva, para hacernos participes de su Misterio de Comunión y de Vida por toda la eternidad. AMÉN. “ALELUYA”.

viernes, 13 de abril de 2018

Domingo III de Pascua



DOMINGO III DE PASCUA -B



HAZ BRILLAR SOBRE NOSOTROS
EL RESPLANDOR DE TU ROSTRO

Por Mª Adelina Climent Cortés  O. P.


                    Dios, a través de su obra en la creación y a favor  nuestro,  NOS VA MOSTRANDO SU ROSTRO; se nos va  revelando  en su esencia como SALVADOR, como el que mantiene siempre, con los que le invocan y buscan,  unas relaciones fieles y leales de amor, amistad  y compañerismo; pero de  manera tan generosa,  que siempre superan los deseos de quienes, con amor,  se le acercan confiadamente:

                    Porque es así  nuestro Dios; y,  porque,   siempre y en toda ocasión nos atiende y salva, merece, de verdad, nuestra gratitud y veneración, que, hoy, queremos le llegue,  proclamando  el  salmo 4,  oración de acción de gracias y de súplica confiada en su bondad.

                    Es, este, un salmo  atribuido  a David, con el que, quizá, se dirigió a Yahveh,   cuando era perseguido por su hijo Absalón –según relatan algunos autores-  siendo actualizado en tiempos posteriores. El salmista lo proclama desde una confianza en Yahveh, probada, y por tanto segura, ya que tiene conciencia clara de que, siempre que ha recurrido a su misericordia, ha sido atendido con creces, más de lo que esperaba:

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío,
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.

                    Y, ante los que dudan y son incapaces de acudir a Yahveh en sus angustias y necesidades, el salmista, como queriéndoles animar, les asegura:

Sabedlo: El Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

                    Pero,  el salmista, que ensalza a Yahveh  por sus detalles de amor y fidelidad para con él; también sabe, que, otros pueden acudir a Él, si, convertidos, y reconociendo sus infidelidades, le piden que no les oculte la luz de su rostro:

Hay muchos que dicen: “¿Quién nos hará ver la dicha,
si  la luz de tu rostro ha huido de nosotros?”

                    De nuevo, asegura el orante: el que  de esta manera se siente protegido, perdonado y amado de Yahveh, experimenta en su interior una paz sin límites, capaz de proporcionar la felicidad, el descanso y el  sueño profundo que restaura y sana:

En paz me acuesto y enseguida me duermo,
porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo
                       
                     En los tiempos mesiánicos, los que ahora vivimos, que son tiempos de conversión, de  perdón y salvación, el rostro de Dios brilla sobre nosotros, más y mejor que nunca, en su HIJO CRISTO  JESÚS, RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS, y  que, se nos ha manifestado, como “Luz del mundo” y “resplandor de la gloria del Padre”:

                    También, a sus discípulos “les abrió el entendimiento para comprender las escrituras”

                    Su RESURRECCIÓN GLORIOSA, además,  es garantía de la nuestra, ya que, CRISTO JESÚS, nos ha hecho pasar de la estrechez y de la angustia en que vivíamos, por nuestros pecados y el miedo a la muerte, a sendas amplias de  vida nueva, de regeneración y de salvación.


                    Y, así como Dios veló su descanso en el sepulcro y lo despertó RESUCITÁNDOLE A VIDA NUEVA, también, Jesucristo, cuida nuestro sueño y descanso, concediéndonos su paz, fruto de su amor entregado, y nos despierta a una vida de testigos vivos y gozosos,  con la misión de llenar nuestro mundo de luz y resplandor, de esperanza,  de bondad y de todos los valores que integran el Reino de Dios y su Justicia.

viernes, 6 de abril de 2018

Domingo II de Pascua


PASCUA. DOMINGO  II - B

DAD GRACIAS AL SEÑOR PORQUE ES BUENO,
PORQUE ES ETERNA SU MISERICORDIA

Por Mª Adelina Climent Cortés   O. P.


                      Se nos invita, como asamblea litúrgica,  a “dar gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Bondad y misericordia que se nos manifiestan, de manera sublime, en LA RESURRECCIÓN DE SU HIJO, CRISTO JESÚS, SEÑOR NUESTRO. Acción de gracias que expresamos, al igual que lo hacían los israelitas,  cantando el salmo 117, con el que, se alababa  al Dios de La Alianza, a Yahveh, el Dios que, siempre, les protegía y liberaba.

                      El salmista, consciente de las maravillas realizadas por Yahveh a su pueblo, invita a todos, sin excepción alguna, a agradecer al Señor su salvación, manifestada en los acontecimientos liberadores de su historia, siendo el primero de ellos  la salida de los israelitas de Egipto:

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

                     En los tiempos mesiánicos, celebramos LA VICTORIA Y LIBERACIÓN conseguida por  JESUCRISTO, autor de La Nueva y definitiva Alianza, al salvarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte y convertirnos en  criaturas nuevas, llenas de luz y vida, destinadas a una felicidad sin límites y sumamente gloriosa.

                     De nuevo, el salmo, relata otras victorias y derrotas a los pueblos enemigos, que Israel atribuye, desde su fe en Yahveh, a su  poderío, a su gran fuerza y energía, valores todos ellos, que comunica, también, a su pueblo y que, por tanto, merecen ser proclamados con entusiasmo:

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó. Me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

                     Además, Israel, que fue desechado como piedra sin valor, por ser el más pequeño de los pueblos; por su misión universal y salvadora, pasa a ser piedra angular, sobre la que se edificará la salvación que Dios realizará en JESUCRISTO, PIEDRA ANGULAR por excelencia.

La piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
                                      
                   Y, si para Israel fue un milagro patente, que, Yahveh, le liberara del destierro de Babilonia; maravilla mayor para nosotros es, haber sido liberados por Cristo Jesús, haciéndonos renacer con Él a una vida nueva y gloriosa, a la vida misma de Dios.

                    Por eso, cantemos agradecidos desde nuestra fe en Cristo Jesús, el Señor, para dar un testimonio alegre y sincero  del acontecimiento mayor de nuestra Historia: SU RESURRECCIÓN GLORIOSA, y, para que,  nadie viva sin esperanza, sino seguros de poseer ya el vigor y la fuerza de su ESPÍRITU, el amor salvador de Dios, su infinita misericordia para con todos nosotros.

                    Por lo que, agradecidos, no cesemos de pregonar con gozo, igual que lo hicieron los primeros discípulos de Jesucristo: “HEMOS VISTO AL SEÑOR”,  para que, reconociéndolo todos, tengamos vida en su NOMBRE.

                    Digamos, pues, con entusiasmo y júbilo:

“ESTE ES EL DÍA EN QUE ACTUÓ EL SEÑOR,

SEA NUESTRA ALEGRÍA Y NUESTRO GOZO”