jueves, 22 de junio de 2017

Sagrado corazón de Jesús


EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - A

LA MISERICORDIA DEL SEÑOR DURA SIEMPRE,
PARA LOS QUE CUMPLEN SUS MANDATOS.

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Dios es Amor y tiene CORAZÓN. Un corazón humano, de carne, y grande; lleno de misericordia y compasión para con todas sus criaturas... Su voluntad es volcarse hacia el ser humano, en generosa gratuidad, hasta enviar al mundo a su propio Hijo, Jesucristo, con el fin de rescatarle del pecado, y de la esclavitud en que vivía sumido.

                    Este amor misericordioso de Dios Padre, se nos muestra, en la solemnidad que celebramos hoy, en el CORAZÓN DE CRISTO JESÚS, su HIJO, repleto de  afecto divino, y, de ternura entrañable, para con toda la humanidad, la que desea transformar en su Reinado de Amor y de Paz.

                    A este Dios amantísimo, que nos muestra tanta bondad, hondura y generosidad, en su Hijo Cristo Jesús, le contemplamos, admirados y agradecidos, cantando el salmo 102. Hermoso poema, de los tiempos del posexílio, en el que, se bendice a Yahveh, se le da gracias, y se le celebra, por su gran amor y fidelidad hacia el hombre y todo lo creado:  

Bendice, alma mía, al Señor
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.

                    Y, porque, Yahveh, el Señor, se enamoró apasionadamente de Israel, su pueblo, y lo eligió entre los demás, aún siendo el más pequeño de todos; será siempre, para todo israelita, el Dios fiel y leal a su Alianza de Amor pactada con su heredad, pues,  en su entrega incondicional, solo sabe  acoger, perdonar y salvar:                    

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
Él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.

                    La justicia de Yahveh, porque es fruto de su gran amor, se convierte en misericordia y compasión para cuantos le invocan y confían en Él: el Dios de Israel, es un Dios clemente y misericordioso, un Dios, que, porque tiene corazón, es, siempre, el primero en amar, y, el que, olvida con prontitud,  toda ofensa e ingratitud:

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos,
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.

                    La bondad de Yahveh, experimentada y orada por el salmista, hace que brote de sus labios, una de las alabanzas más sinceras, sublimes y bellas. Alabanza agradecida, que engendra confianza, consuelo y paz.
                                    
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados,
ni nos paga según nuestras culpas.

                    Pero, solo, desde la sencillez y la humildad, se nos puede revelar el amor inmenso de Dios en Cristo Jesús, hasta poder creer y vivir de este amor, en comunión de vida con Él y con los hermanos. Y, es el mismo Cristo Jesús el que nos dice, mostrándonos, desde La Cruz, su corazón herido, pero lleno de amor: “VENID A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁIS CANSADOS Y AGOBIADOS Y, YO, OS ALIVIARÉ.   CARGAD CON MI YUGO Y APRENDED DE MÍ, QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN, Y ENCONTRARÉIS VUESTRO DESCANSO. PORQUE MI YUGO ES LLEVADERO Y MI CARGA LIGERA.


                     Y, desde esta dulce y sincera invitación de Jesús, nuestro principal quehacer, ha de ser amarle  como Él nos ama; con el corazón abierto, hasta poder amar a todos, cada vez más y mejor, es decir, sin límite alguno... También, vivir sinceramente agradecidos, por sentirnos tan queridos por Él. Agradecimiento que ha de llevarnos a  una constante adoración y alabanza a este, nuestro excelso y gran Señor: Misterio de Amor, de Unidad,  y de Comunión.

viernes, 16 de junio de 2017

Corpus Cristi


SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO - A

GLORIFICA AL SEÑOR, JERUSALÉN

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Glorificar, alabar, bendecir a Dios, en LA SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO JESÚS, expresión de la gran misericordia que ha tenido para con nosotros, es lo que hace La Iglesia y todos los cristianos, en esta festividad tan gratificante y conmovedora, en la que, Jesús, se nos manifiesta en la sublime realidad  de SU CUERPO Y SANGRE, presente en el Pan y el Vino, que recibimos en La Eucaristía, como alimento para nuestra vida cristiana,  y en la que, permanece para siempre con nosotros,  en comunión de vida y de amor. ¡Gran Misterio de nuestra fe, este sacramento de la entrega amorosa del Señor Jesús y Memorial de su muerte y resurrección, que hoy adoramos  y glorificamos, con agradecimiento y reverencia, sobre el altar, y que, también, acompañamos silenciosamente en procesión, por nuestras calles, alfombradas y engalanadas de fiesta y color!

                    La gratitud a Dios Padre, por el gran don de su Hijo, Cristo Jesús, la cantamos en La Eucaristía de esta festiva solemnidad de SU CUERPO Y SANGRE, con el salmo 147. Es un himno de alabanza a Yahveh, el Dios siempre fiel y leal a La Alianza que pactó con su pueblo Israel,  en el que ha realizado obras maravillosas, como son, la reconstrucción de Jerusalén, la Ciudad Santa, y la restauración del culto, acontecimiento de sumo gozo para todo israelita:

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión,
que ha reforzado los cerrojos de sus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

                    Efectivamente, Yahveh, el Dios de La Alianza, se ha desbordado en dones para con su pueblo, escogido como heredad;  pero, sobre todo y de manera más notoria y visible, se ha derramado sobre La Ciudad Santa de Jerusalén, la capital que aglutina al pueblo como nación, y, en la que, todo israelita, se puede beneficiar de los dones  con los que ha sido obsequiada y enriquecida por Yahveh, como son:  la seguridad, la unidad y la paz, valores todos, que llevan consigo riqueza y bienestar, y que son, anuncio de bendición salvadora por parte del Señor:

Ha puesta paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina;
él envía su mensaje a la tierra
y su palabra corre veloz.

                    Este “himno de Sión” sigue pregonando y cantando las maravillas que, Dios, ha hecho en ella  al distinguirla, haciéndola depositaria de la ley y las promesas; y, este privilegio tan grande, que le ha otorgado el mismo Yahveh, despierta en todo  Israel,  motivos grandes de alabanza, de gozo, y de gratitud:

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así
ni les dio a conocer sus mandatos.

                    Y, si, Israel glorificó  a Yahveh, porque le alimentó con flor de harina cuando tuvo hambre, en su caminar por el desierto; y, si pudo, también, glorificarlo por la reconstrucción del culto; nosotros, los cristianos, hemos de glorificar y alabar a Dios, de manera más gozosa y plena,  si cabe, porque, como nunca hasta ahora en la historia, se nos había manifestado y revelado en su propio Hijo, Jesucristo y Señor Nuestro, que, con su RESURRECCIÓN TRIUNFANTE Y GLORIOSA, ha restaurado y salvado a toda la humanidad.

                      Esta SALVACIÓN DE CRISTO JESÚS, simbolizada en el SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA, en su CUERPO Y SANGRE, los creyentes la hacemos nuestra, al recibirla como manjar compartido, ya que, todos comemos del mismo Pan y bebemos del mismo Vino, alimento que, nos nutre y nos une a Cristo Jesús, formando un solo Cuerpo del que, ÉL ES LA CABEZA, y en el que vivimos su misma vida de comunión con el Padre y con todos los fieles, a los que Cristo nos ha hecho hermanos suyos y entre sí.


                    También, LA EUCARISTÍA, nos da fuerza y ánimo para poder testimoniar, con nuestro vivir y obrar evangélicos, LA SALVACIÓN QUE NOS VIENE DE CRISTO JESÚS, y, esto, ha de comprometernos en un proyecto común de solidaridad, que logre conseguir más justicia y paz para todos, mayor igualdad y fraternidad entre los países y entre las diferentes religiones, y más prosperidad para todos, porque, si de verdad compartimos EL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR, necesariamente ha de llevarnos a compartir, también, el pan de cada día con los más pobres y necesitados, que son los más amados del Señor.

viernes, 9 de junio de 2017

Santísima Trinidad


SANTÍSIMA TRINIDAD - A

A TI GLORIA Y ALABANZA POR LOS SIGLOS

Por M. Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Celebramos al DIOS UNO y TRINO en el profundo misterio de su  TRINIDAD SANTÍSIMA. Y  aclamamos con amor a nuestro DIOS en sus tres divinas personas, PADRE, HIJO y ESPÍRITU SANTO.  Es el Dios Misterio que nos deslumbra por su trascendencia y nos enternece con su presencia y cercanía; que nos sobrecoge por su inmensidad y a la vez nos cautiva, porque nos toma de la mano y nos conduce, con suavidad, hasta adentrarnos en ÉL. Realidad diversa, rica y plena de un Dios, que, ha querido manifestarnos su nombre: Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en  clemencia y lealtad. Un Dios que, en sí, encierra toda la sabiduría y belleza que entrañan su VERDAD Y SU AMOR,  su misma esencia divina, que se expande y derrama sobre todo lo creado como misterio y revelación.

                    A este Dios, sublime, excelso, y al mismo tiempo, sencillo, tierno y compasivo, que ha querido acogernos como heredad suya; en su festividad más íntima y propia, y llenos de amor y agradecimiento, le alabamos, bendecimos y exaltamos con el Cántico de Daniel, que los tres jóvenes entonaron en el horno, preparado por el rey Nabucodonosor, al verse protegidos del fuego, por una misteriosa intervención salvífica. Es un himno de gratitud, bendición y alabanza a Yahveh, el único Dios auténtico, leal y fiel, que siempre, y en todo momento, protege y salva:
 
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres;
a ti gloria y alabanza por los siglos.

                    Bendecir el nombre santo y glorioso del Dios Yahvéh, es alabar y exaltar su misma esencia y divinidad, que se nos manifiesta y comunica como PADRE, HIJO y ESPÍRITU SANTO, como comunión y comunicación de vida y amor:

Bendito tu nombre santo y glorioso;
a él gloria y alabanza por los siglos.

                    Descubrimos que DIOS es bendito en el templo de su santa gloria, porque  la realidad de su ser abarca todo el universo, en el que ha establecido su propio Reinado, con la gracia salvífica de su HIJO, JESUCRISTO, hecho hombre; por el amor creador y transformador de DIOS como PADRE y en la comunión y comunicación de vida, que otorga el ESPÍRITU SANTO:

Bendito eres en el templo de tu santa gloria

                    Y, es el DIOS UNO y TRINO, el que, desde su trono de gloria y majestad, lo gobierna todo con poder y suavidad y el que, recibe, con gratitud, la alabanza continua y perfecta del universo entero, que, de manera solemne,  festiva y espontánea, le aclama y bendice: GLORIA AL PADRE, GLORIA AL HIJO y GLORIA AL ESPÍRITU SANTO, por siglos sin fin:
 
Bendito eres sobre el trono de tu reino.
Bendito eres tú,
que sentado sobre querubines, sondeas los abismos.
Bendito eres en la bóveda del cielo.

                    Misterio sublime de fe, de amor y de comunión, el de LA SANTÍSIMA TRINIDAD,  en  el que, hemos sido introducidos como hijos de Dios, en el regazo del PADRE por su HIJO, Cristo Jesús, hermano nuestro, y en  comunión de vida con el ESPÍRITU SANTO.

                    Misterio entrañable de amor y contemplación que, de manera admirable, nos habita y penetra, cuando silenciosamente le hacemos hueco en el interior del corazón, dejándonos poseer por esta realidad que nos abarca,  supera, y que, a la vez, nos diviniza y nos llena de felicidad.


                    Misterio insondable y grandioso en dignidad, que nos admira y sobrecoge. EL DIOS UNO y TRINO nos eleva, nos diviniza y nos introduce en la misma esencia que  envuelve y penetra a las tres divinas personas. De manera que, por vocación y elección, también nuestras obras, por participar de las de Dios, han de ser divinas, salvadoras, constructoras de justicia, de paz y de amor; llenas de compasión y misericordia para con todos los hombres, nuestros hermanos, puesto que han de ser fruto de esta alabanza y  adoración al Dios que tanto nos ama: GLORIA AL PADRE y al HIJO y al ESPÍRITU SANTO. Amén. Aleluya.

sábado, 3 de junio de 2017

Domingo de Pentecostés


DOMINGO DE PENTECOSTÉS 

  ¡ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR,
Y REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA!

Por Mª Adelina Climent Cortés   O.P.


                    EL ESPÍRITU, del que tanto hablaba Jesús y que prometió enviarnos cuando se iba al Padre, está entre nosotros y lo llena todo de Vida y esplendor. Es el DON por excelencia de Dios, lo mejor que ha podido darnos, pues, es, su misma Vida,  que se derrama en nosotros con sus diversas manifestaciones. Es La Nueva Ley. Es la nueva presencia del RESUCITADO, que, con vigor y fuerza, nos va transformando en auténticos hijos de Dios, y que, renovará  toda la creación, para llenarla de  frutos de Salvación y Vida Eterna. Este ESPIRITU, es, también, el amor entre el Padre y su Hijo Jesús, amor divino,  que, en su fuerza expansiva y creativa,  va purificando el nuestro, hasta hacerlo suyo, siempre que, entre nosotros nos amemos como hermanos.

                    La obra de este ESPÍRITU, TERCERA PERSONA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD y DADOR DE VIDA, la canta el salmo 103.  Un hermoso poema, en forma de himno,   que  describe, de  manera bella y poética, la obra de la creación de Dios. Salmo que canta, además,  el resurgir vital  que brota, como fuerza arrolladora, de LA RESURRECCIÓN DE CRISTO JESÚS, convertido, por Dios Padre, en Cabeza de toda la humanidad, que ha de quedar incorporada y transformada en Él.

                    El salmista comienza el poema, invitándose a bendecir, personalmente, a Yahveh, pues, se siente impresionado y admirado, por la belleza de  sus obras, fruto de su gran bondad y  generosidad para con todos los hombres:

Bendice, alma mía, al Señor.
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;  
la tierra está llena de tus criaturas.
                 
                    Y, es tan grande, y llega a tanto la sabiduría de Yahveh, que, además de dar la vida a los seres, tiene el poder de conservarla, de acrecentarla, y de hacerla fecunda, porque, es un Dios que todo lo ama, y su amor, que es, su ESPÍRITU, lo vivifica, lo embellece y lo sostiene todo: 

Les retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
           
                    De nuevo, el salmista, prorrumpe en alabanzas al creador, con deseos de que, Yahveh, que tanto se goza contemplando la creación, la belleza de las obras de sus manos, se alegre, también, de su  alabanza, pues, al brotar de un espíritu lleno de fe, como es el suyo, ha de ser motivo de gozo para Él.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.

                    Verdaderamente, también nosotros, igual que el salmista, hemos de alegrarnos con el Señor, después de bendecirlo y alabarlo, al  contemplar sus obras, creadas para nuestro bien y felicidad. Maravillas,  que, llenando  el mundo,  lo transforman en el Reinado de Dios. Por eso, para el que tiene fe, para el que vive en el  ESPÍRITU DE JESÚS  y de él, ya no hay diferencia entre lo profano y lo religioso, porque todo es santo, ya que el amor de Dios lo sostiene todo y está en las cosas sustentándolas,  llenándolas  de salvación

                    Pidamos, pues, en esta SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS, que venga EL ESPIRITU sobre cada uno de los cristianos y de todos  los hombres; que  lo sepamos acoger con agradecimiento y amor; y para que, con su fuerza y poder, nos convierta en auténticos testigos de CRISTO RESUCITADO, el Señor de La Historia y de toda La Creación, y, así,  su evangelio sea conocido y amado por todos los hombres:

¡ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR,

Y REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA!

sábado, 27 de mayo de 2017

Ascensión del Señor


LA  ASCENSIÓN  DEL  SEÑOR

DIOS  ASCIENDE  ENTRE  ACLAMACIONES


Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Cantemos y aclamemos a CRISTO JESÚS, que, como Rey de La Gloria, ASCIENDE ENTRE ACLAMACIONES AL CIELO, para sentarse en su trono real a la derecha de Dios Padre. Más,  contemplémosle, con sentimientos de admiración y de agradecimiento, porque, su subida, para nosotros, es gozo y esperanza viva, fruto de nuestra fe en su RESURRECCIÓN GLORIOSA y en su VICTORIA,  que nos hace vislumbrar  lo que ahora ya es  realidad: nuestra futura exaltación  junto a Dios Padre, y para siempre, en La Vida Eterna.                                                               
                 
                    Portento de alegría y felicidad es  la fiesta de LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR, en la que, toda la creación se beneficia del SEÑORÍO DE JESÚS,  al  quedar transformada en el Reinado de Dios.
                 
                    Y, porque  queremos  aclamar a CRISTO JESÚS, con el entusiasmo que  le corresponde y se merece, lo hacemos con el salmo 46, uno de los himnos más  expresivos  del grupo de los ”salmos de entronización real de Dios” y, que tiene sus  orígenes, en  los tiempos de la monarquía de Israel.  Comienza el salmista, con alabanzas gozosas a Yahveh,  Rey de todos los hombres y de la creación entera:

 Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo,
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.

                    La fe del israelita, le lleva a concretizar las intervenciones grandes y poderosas de Yahveh, en el mundo, en la historia particular de Israel, su pueblo, y en las victorias que logra su Rey;  y, también, a celebrarlas litúrgicamente, en las  procesiones   que trasladaban el Arca de La Alianza, desde los lugares de las batallas, hasta el recinto sacro, el Templo de Jerusalén, donde quedaba entronizada con cantos, músicas y aclamaciones. Más, esta GLORIA Y SEÑORÍO DE DIOS, ha quedado  manifestada,  más plenamente, en LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO “EL SEÑOR” y en su ASCENSIÓN GLORIOSA AL CIELO.

Dios asciende entre aclamaciones,
el Señor, al son de trompetas;
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.

                    Mas, La Gloria del Señor Yahveh, con todo su  esplendor,  excede al Templo de Sión, y, en su expansión, adquiere dimensiones universales, hasta llenar el cielo y la tierra, quedando, así, constituido, JESUCRISTO, EN SEÑOR Y MEDIADOR de todo  lo creado. SEÑORÍO, sin fin, que ejerce desde la derecha del PADRE:

Porque Dios es el rey del mundo;
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.



                    Y, Jesucristo, EL SEÑOR RESUCITADO, tiene siempre abiertas las puertas del cielo para comunicarnos el ESPÍRITU, que nos conducirá a Él, y para que, su intercesión, sea una bendición fecunda para la humanidad que vive y camina en la esperanza, guiada por la fe y construyendo el mundo nuevo que tanto anhelamos. Un mundo lleno de valores humanos y evangélicos, los que el mismo Jesús practicó durante su vida terrena, y, que, antes de despedirse, después de decirnos: “SUBO AL PADRE MÏO Y PADRE VUESTRO, AL DIOS MÍO Y DIOS VUESTRO”, nos recomendó practicarlos y darlos a conocer: “PROCLAMAD EL EVANGELIO A TODA LA CREACIÓN”.


                    Que, también, Jesús glorificado, pueda recoger los frutos de nuestro testimonio, y sincero agradecimiento, porque, esta fiesta de su ASCENSIÓN, nos hace tener ya el espíritu en el CIELO, LUGAR DE NUESTRO DESTINO GLORIOSO Y ETERNO.

viernes, 19 de mayo de 2017

Domingo VI de Pascua-A


DOMINGO VI DE PASCUA - A
  
ACLAMAD AL SEÑOR, TIERRA ENTERA

Por M. Adelina Climent Cortés  O. P.


                    Seguimos avanzando en plenitud de verdad y vida, por el camino luminoso y salvador de LA PASCUA DE CRISTO JESÚS, conducidos por la fuerza de su ESPÍRITU, hacia la meta deseada, que es nuestro PADRE DIOS, al que, con ojos agradecidos y desde un corazón  amante y contemplativo, le adoramos cantando el salmo 65.

                    El poema, nos va introduciendo en la honda y misteriosa presencia de Dios, con alabanzas hímnicas y de acción de gracias, por su gran obra salvadora. Comienza con una invitación festiva, llena de exuberantes aclamaciones a la gloria de Yahveh, que, con la fuerza de su poder, ha creado el universo y todas sus maravillas, y se ha constituido en el Señor absoluto de La Historia:

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: “Qué temibles son tus obras”.

                    Si el salmo canta, con entusiasmo y alegría, la universalidad y  la soberanía de Yahveh sobre todo lo creado, también reconoce y declara, que, de manera más sublime y  excelente ha de ser aclamado, por la atención, la delicadeza y el cuidado que pone al realizar sus obras en beneficio de los seres humanos, a los que, con su presencia y cercanía, ama y protege en todo momento:                                      

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.

                    Y, si Yahveh, hizo prodigios en favor de Israel cuando lo salvó de la esclavitud del faraón, rey de Egipto, de igual manera, los seguirá haciendo en todos los acontecimientos que requieran su intervención y ayuda; y, si el gobierno de Dios es universal y eterno, de manera más sorprendente, si cabe, se manifiesta su poder y sabiduría en los pequeños detalles que realiza en la vida de aquellos que, desde la fe, reconocen su cercanía amorosa y salvadora:

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente.

                    El salmista, agradecido, desea testimoniar, también, las atenciones y acciones salvadoras que ha recibido de las manos de su Dios Yahveh, hasta devolverle la propia vida; y, su gran empeño es, invitar a que, los otros fieles, pongan su confianza en Él, ya que, a todos escucha  y atiende, si, confiadamente, le invocan y esperan su ayuda:

Fieles de Dios, venid a escuchar;
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica.

                    Los cristianos, todos los creyentes, celebramos con gozo, lo que Dios ha hecho con nosotros y con todo el mundo, en LA PASCUA GLORIOSA DE LA RESURRECCIÓN de su Hijo Jesús, compendio de las acciones salvadoras de Dios.

                     Cristo, nos ha devuelto la vida, pero una vida salvada y, por lo tanto, inmortal y gloriosa. Una vida, que es, como la que vive Cristo y el Padre en la comunión del Espíritu Santo:

                     “Entonces sabréis que YO ESTOY CON MI PADRE, VOSOTROS CONMIGO Y YO CON EL PADRE”. Y, en esta comunión de amor, consiste el Reinado de Dios, al que, quedará integrado el universo y todo lo creado, para  mayor gloria suya.


                    Y, porque, esta salvación, este reinado de Dios, no es solo para nosotros, sino para todos los habitantes de la tierra, hemos de testimoniarlo con nuestro ejemplo de vida, dando razón de nuestra esperanza en todo momento y procurando que, nuestras obras, por la gracia del Espíritu, sean evangelizadoras, portadoras de bien, de justicia y de paz a todos los pueblos y naciones que, como el salmo indica, han de aclamar, alabar y dar gracias constantemente a Dios, por todas las maravillas que, en su nombre, sigue realizando en la tierra, para toda La Humanidad.                          

sábado, 13 de mayo de 2017

Domingo V de Pascua-A


DOMINGO V DE PASCUA - A

VENGA SOBRE NOSOTROS
TU MISERICORDIA, SEÑOR

Por M. Adelina Climent Cortés  O.P.


                    LA GLORIOSA PASCUA DE JESÚS, EL RESUCITADO, que con su luz inmortal lo invade, lo penetra y lo transforma todo, se nos manifiesta radiante de esplendor y colorido como CAMINO VERDAD y VIDA, realidades constitutivas  del Reinado de Dios, en  su Hijo Cristo Jesús, Palabra del Padre, y que, por la fuerza del Espíritu de ambos, consiguen que avancemos sin cesar, hacia la plenitud de Vida eterna para todos.

                    Y, porque nos vemos sumergidos en tan sublime misterio de misericordia, de amor, y predilección, alabamos y damos gloria a Dios, cantando y meditando el salmo 32.

                    El poema, contiene la finura y sabiduría de todo lo bueno y bello, y posee las características de un himno de alabanza a Yahveh, como Dios creador del universo, a través de su Palabra y de su Espíritu, en el que irá realizando su plan de salvación universal,  su reinado de paz y de amor. Comienza el salmo con una invitación a la alabanza, con aclamaciones de júbilo y vibraciones musicales:

Aclamad, justos al Señor,
que merece la alabanza de los buenos;
dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.

                    Si es grande y jubilosa la alabanza de acción de gracias que se tributa a Yahveh, como Dios creador y salvador, de igual manera ha de ser amado y ensalzado, por el gran esmero y cuidado que pone en las demás acciones que realiza, como fruto de su lealtad y misericordia para con los que le siguen y aman; con el fin, también, de llenar la tierra de su bondad, de su justicia y de aquello que le es propio: 

La palabra del Señor es sincera
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra

                    De esta manera, Yahveh, no deja de mirar con amor a sus fieles, a los que confían y esperan en Él. Es un Dios que siempre quiere caminar con los hombres y dialogar con ellos; también, sentirse cercano de cuantos le invocan, para ayudarles en sus necesidades y hacerles partícipes de sus bondades. Es un querer tan salvador el suyo, que libera de la esclavitud y conduce a una felicidad sin fin:

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

                    Pero, la misericordia de Dios ha llegado y está sobre nosotros, de manera exuberante, en su Hijo Jesucristo, mediante su obra Redentora y Salvadora, de la que, estamos celebrando el momento culminante, su GLORIOSA Y TRIUNFANTE RESURRECCIÓN, que es prenda de nuestra herencia, pues, en La Resurrección de Cristo Jesús, liberados del pecado y de la muerte, hemos resucitado, todos los que creemos en Él, a una Vida Nueva, llenándose, así, la tierra, de su misericordia.


                    Verdaderamente, estamos llamados, con Cristo, a vivir esta Nueva Vida de resucitados, en la que, Él,  se nos muestra, como el camino y la meta de plenitud que demanda. Camino, que es Palabra y también Verdad, revelación de Dios para los hombres, ya que, en el mismo Cristo Jesús y por la amorosa fuerza de su Espíritu, llegaremos a la plenitud de Vida en el Padre, que es dicha y felicidad sin fin.