viernes, 12 de agosto de 2016

Domingo XX del T. Ordinario- C


DOMINGO XX DEL T. ORDINARIO - C

SEÑOR, DATE PRISA EN SOCORRERME


Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Muchas veces nos dirigimos a Dios de manera exigente cuando nos vemos apurados, fruto de una sincera confianza en su bondad y misericordia, y seguros de que, siempre nos tiene que atender y bendecir, pues, nuestro Dios,  es un Dios que siempre salva. Tanto es así que, cuando nos vemos en peligro, recurrimos al salmo 39 y le decimos sinceramente: “Señor, date prisa en socorrerme”.

                    Este poema, es un salmo mixto. La primera parte, la que hoy más comentamos, es un himno sálmico,  de acción de gracias, y la parte final es una súplica individual. Escrito en la época del exílio, nos acerca a la situación de Jeremías hundido en el lodo del aljibe, y a todo su sufrimiento. Pero sobre todo, nos habla el salmo, de la esperanza inquebrantable del profeta en, Yahveh, al que ha servido con generosidad y valentía, 

                    Comienza el salmo narrando una magnífica intervención salvadora de Yahveh a favor del salmista:

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.

                    Nuestro Dios, que siempre nos salva, permite que pasemos por ciertas experiencias dolorosas, para que, sufridas con amor, nos puedan conducir a una sincera vida de alabanza al Señor y a pregonar y proclamar la salvación que nos viene de Él.

Me levantó de la fosa fatal,
De la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca
y aseguró mis pasos.

                    Siempre que se experimenta la salvación de Dios; su vida de amor en nosotros; el cumplimiento mutuo de la alianza de amor y fidelidad establecido entre Dios y su pueblo, Yahveh, el Señor, pone en la boca del salmista, y, en las de los que se unen a él, un cántico nuevo, una alabanza y una bendición más sublime, con más contenido espiritual,  de manera que, al escucharla, sobrecoge e invita a una mayor confianza y a un amor más sincero y fiel:

Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos al verlo quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor.

                     El salmista, que reconoce con sinceridad su pobreza, sabe que, con su  Dios, Yahveh, lo tiene todo y esto le llena de alegre y sincera confianza, hasta poder exclamar: ¡Cuantas maravillas has hecho Señor, Dios mío! cuantos proyectos para nosotros. No hay nadie como tu, ni nadie que se te pueda comparar:

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
 tú eres mi auxilio y mi liberación,
Dios mío, no tardes.

                    Ahora, ya estamos curados por aquel  que nos ama y que tiene la salvación plena para nosotros. Pero, antes, como Cristo Jesús, hemos de hacerla nuestra, con esfuerzo y valentía, entregando nuestra vida por los demás, como Él lo hizo por nosotros en la cruz, como  lo recuerda el Evangelio:

                    “TENGO QUE PASAR POR UN BAUTISMO, ¡Y QUÉ ANGUSTIA HASTA QUE SE CUMPLA!”

                    El sufrimiento, nos va asemejando a nuestro Salvador y nos une a los hombres como hermanos y seguidores de Él, hijos todos de nuestro Padre Dios. Y nuestra misión es ser auténticos seguidores de Cristo Jesús, viviendo nuestro cristianismo de manera profética, con exigencia, denunciando lo malo, para que pueda aflorar lo bueno y virtuoso y, esto, no es tarea fácil, sino que cuesta lo suyo.


                   Es pretender desenmascarar la falsa paz en la que puede ocultarse la ambición, el desorden y el demasiado bienestar en que vivimos, dando lugar a las grandes diferencias sociales que provocan guerras y terrorismo. En cambio, hay que hacer surgir la vida de Dios que nos va salvando y regenerando; la vida que siembra esperanza en todos. Y, todo este esfuerzo y abnegación nos llevará, con Cristo Jesús, a alcanzar en plenitud la felicidad de la promesa, la vida eterna.

lunes, 8 de agosto de 2016

Santo Domingo- Solemnidad


SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

CONTAD A  LOS PUEBLOS LAS MARAVILLAS DEL SEÑOR

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Ensalzamos, en su fiesta, la figura de DOMINGO DE GUZMÁN,  con   gozo, solemnidad litúrgica, y afecto filial, por ser signo, en La Iglesia, de  una mentalidad nueva y universal. Pues, Domingo, como estrella mañanera, con su vida y misión, pudo iluminar el horizonte conocido hasta entonces, abriendo caminos de luz, de vida nueva y de esperanza;  senderos de amor y de paz. Y, porque,  el  afán de Domingo fue predicar a Cristo y dar a conocer su evangelio, se le  pueden aplicar las palabras de Isaías: “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: “Tu Dios es Rey”

                    Y, como, en esta celebración litúrgica de Sto. Domingo de Guzmán, recordamos, que el fuego de la palabra  evangélica siempre estuvo en  su boca y su gran pasión fue predicar, trabajar y acrecentar el Reinado,  la gloriosa victoria de nuestro Dios, Rey y Señor del universo; también, nosotros, con espíritu evangelizador, alabamos  a nuestro Dios, Rey del universo,  cantando el  salmo 95

                    Es, este, un hermoso salmo hímnico, de los tiempos del posexílico, que invita a cantar a Yahveh, por su grandeza y poderío,  como Rey de todos los pueblos,  pero, de una manera alegre, gozosa y nueva, no conocida hasta entonces; es decir, con un sentido cósmico y una dimensión histórica y universal:   

Cantad al Señor un cántico nuevo;
cantad al Señor toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre;
proclamad día tras día su victoria.

                    Quiere, también, el fiel israelita, que todos  los pueblos, reconozcan la grandeza y majestad de su Dios, Yahveh, que, desde su Santo Templo, llena toda la tierra, con la belleza de su majestad y el esplendor de su gloria:

                                              Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.

                     Y, la fe del salmista en su Dios, Yahveh, y en su poder salvífico es tan grande, que sigue invitando, sin tregua alguna, a todos los pueblos, para que, también, puedan rendirle el homenaje y la pleitesía que se merece:                 

Familias de los pueblos, aclamad al Señor;
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor.

                    Pues, si el Reinado del Señor Yahveh sobre todo lo creado, es La Buena Noticia que todos los pueblos han de acoger con alegría; y, si, su Señorío llena el universo, también  toda la creación ha de reconocer su poder y soberanía:

Decid a los pueblos: “El Señor es rey”;
Él afianzó el orbe, y no se moverá;
Ël gobierna los pueblos rectamente

                     Mas, como el Reinado de Dios, que es, su justicia y fidelidad entre nosotros, ha de quedar instaurado en plenitud, será el mismo Jesús de Nazaret, el que lo hará núcleo de su predicación, invitando, a todos, a  la conversión, y, a creer en su evangelio.

                     Y, en este seguimiento de Cristo Jesús, sobresale la figura egregia de  DOMINGO DE GUZMÁN, TESTIGO Y SERVIDOR FIEL DE LA VERDAD EVANGÉLICA en humildad y pobreza de espíritu. Siempre alegre, ecuánime y  muy querido de todos, pues él amaba a todos, vivió preocupado por la salvación de los más alejados de la fe, por los que, con gran dolor y ternura de corazón clamaba: Señor, ¿qué será de los pecadores?.  Así, movido, por la compasión hacia los más pobres, débiles y desgraciados, no cesó de predicar La Buena Noticia de La Salvación de Dios, combatiendo con ahínco, la herejía de los albigenses, desde la luz de LA SABIDURÍA y LA VERDAD, que extraía de los libros sagrados. Más, siempre, sembrando alegría y paz por doquier, hasta crear ilusión y esperanza desde la mentalidad nueva, desafiante y universal que él vislumbraba y que, poco a poco, se iría consolidando en La Iglesia:

                   Siguiendo sus huellas y con el mismo espíritu, en tensión por ser vanguardia y  estar en las nuevas fronteras, predican sus hijos, LOS DOMINICOS,  toda LA FAMILIA DOMINICANA, la fe cristiana, para que, Cristo Jesús, sea conocido por todos. Más,  siempre trabajando por un mundo mejor, donde pueda aflorar la justicia, la paz, y todos los valores del Reino. Misión que realizan, desde una vida en comunión fraterna, cimentada en el estudio de La Palabra y la asidua oración, con el fin de  entregar a los demás, los frutos de la contemplación.


                    Y, en esta fiesta entrañable de SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, APOSTOL DE LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS; con el corazón lleno de gozo, de vida  y amor, le pedimos nos conceda, lo que cada noche le recordamos con filial fervor: PREDICADOR DE LA GRACIA, ÚNENOS A LOS SANTOS. Amén.

sábado, 6 de agosto de 2016

Domingo XIX del T. ordinario- C

    

   DOMINGO   XIX DEL T. ORDINARIO

 DICHOSO EL PUEBLO A QUIEN DIOS ESCOGIÓ

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.

                    Las lecturas bíblicas de este domingo nos invitan a  que nos fijemos en cómo tenemos que vivir mientras esperamos la llegada definitiva del Señor; pensando, además, cómo  tenemos que hacer realidad en nuestras vidas, el plan de salvación que Dios tiene pensado para cada uno de nosotros y que es  fruto, siempre,  de su misericordia y de su amor. Realidades, estas, muy bien expresadas en el salmo que hoy meditamos y cantamos: 

                    El salmo 32 es  un himno, que canta la acción creadora, providente y misericordiosa de Yahveh, sobre  lo creado y sobre La Historia. Y que, el Señor, todo lo realiza con  la fuerza potente y eficaz de su Palabra.  Su teología es sapienzal.

                    La belleza del salmo ayuda a realzar la sabiduría de la lectura anterior (Sb 18, 6-9)  en la que Yahveh salva a su pueblo de la esclavitud de Egipto y quiere que, por estas acciones liberadoras, le alaben y amen los que intentan ser justos y rectos, todos los que buscan ser buenos.  Y pretende, al mismo tiempo, que el pueblo se sienta feliz de tener un Dios que siempre salva, con su misericordia y bondad, y que, en todo momento protege y bendice a los suyos, a los que se sienten dichosos de pertenecer a su heredad:

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos;
dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.

                    Los que esperan y confían en su justicia y en su misericordia,  todos los que sienten la dicha  de tener un Dios tan cercano y bondadoso, que  les  escucha y hasta dialoga con ellos; saben por experiencia, que, el mismo Dios se complace al mirarlos y que, lo hace amorosamente, para estar atento en los momentos de mayor peligro y fatiga, con el fin de aliviarles en el sufrimiento:

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

                    Si Dios es nuestro auxilio y el motivo de nuestra esperanza y confianza; con Él lo tenemos todo y nada nos puede faltar. Y, esta  seguridad  y  paz  de Dios  ha de movernos a desear, por nuestra parte,  darle gracias en todo momento, siendo para él, como una continua alabanza  de su gloria

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.


                    Seguimos cantando con el salmo y desde la hondura de nuestro corazón los designios de su misericordia con los que, Dios,  nos quiere  acompañar todos los días de nuestra vida. Estamos llamados a la salvación eterna,  por parte de Dios en Jesucristo, el que nos va conduciendo con la fuerza de su amor y la firmeza de su verdad. Nos  recuerda en el Evangelio:

                    DONDE ESTÁ VUESTRO TESORO, ALLÍ ESTARÁ TAMBIÉN VUESTRO CORAZÓN 

                    Pues, lo que se nos exige más que nada,  es estar  EN ESTADO DE ALERTA Y VIGILANCIA; siempre preparados,  pensando  cómo hemos de vivir y actuar para ir haciendo realidad las exigencias de Dios, que son las que comporta nuestra propia salvación; y que se reducen a seguir a Cristo Jesús, intentando vivir su misma vida de fe y de confianza con  el Padre Dios: viviendo para ayudar a los demás a que puedan hacer lo mismo, ya que a todos se nos exige, por ser hijos amados de Dios.


                    Así, nuestra vida de cristianos auténticos, se ha de desarrollar dentro de una buena ejemplaridad, apoyados y sostenidos  con la fuerza y energía da La Eucaristía,  el Cuerpo y La Sangre del Señor. Alimento sublime que nos ayudará, en esta sencilla, pero difícil tarea, de la espera del Señor, en la que se hará visible su Salvación, llenándolo todo de su gloria.

Transfiguración del Señor


LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

 EL SEÑOR REINA,
 ALTÍSIMO SOBRE  TODA LA TIERRA

Por Mª Adelina Climent Cortés  O P.


                    Alabemos al Dios Altísimo, que se nos manifiesta en todo su esplendor. Al Dios,  que tanto  nos  supera y sobrecoge y  que, estando muy por encima de nosotros, sus criaturas, con gran facilidad se agacha, para acogernos y atraernos hacia sí, con el fin de estrecharnos con ternura y amor.

                    A este Dios, tan excelso y sublime, pero tan amable y cercano, festejamos y contemplamos hoy, en el esplendor de su gloria y majestad,  cantando el salmo 96. De los tiempos del posexílio, este salmo, es un canto al Dios Yahveh, un himno a su  gran realeza, que se nos manifiesta en una espléndida teofanía, capaz de despertar la fe de cuantos le siguen con amor,  y la admiración de todos los pueblos

                    De este Dios, tan sublime y encumbrado, se regocija la tierra entera, transformada en  trono real desde el que, Yahveh, ejerce su gran poder y santidad, su justicia y derecho, como desbordamiento de su presencia, es decir, de todo su  ser, por lo que, es reconocido  y exaltado por  la misma creación, obra amorosa de sus manos:

El Señor reina, la tierra goza;
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean.
Justicia y Derecho sostienen su trono.

                    Los signos de esta teofanía indican que Yahveh, el Dios de Israel, homenajeado por las naciones, aclamado jubilosamente por la creación entera, se manifiesta en toda su trascendencia, como Señor y Rey del universo, y con el fin de ser aceptado, creído y alabado:

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra.
Los cielos pregonan su justicia
y todos los pueblos contemplan su gloria.

                    Por lo que, Yahveh, el Dios de Israel, no es un Dios cualquiera, no es como los demás dioses, pues, su gloria lo cubre y lo invade todo; su soberanía es inmensa, y su  mirada  firme y penetrante, de tal manera, que nadie se le puede comparar, por lo que,  ante Él, han de postrarse todos los demás dioses: 

Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses

                    Más, esta GLORIA del Señor Altísimo, del Dios encumbrado de Israel,  se nos manifiesta hoy, en toda su riqueza y  esplendor, en LA PERSONA DE JESUCRISTO SOBRE EL MONTE TABOR, rodeado de una teofanía; pues, mientras oraba, SE TRANSFIGURÓ delante de Pedro,  Santiago y Juan, de manera que SU ROSTRO RESPLANDECIÓ COMO EL SOL Y SUS VESTIDOS SE VOLVIERON BLANCOS COMO LA LUZ.


                      Y “una voz desde la nube decía: ESTE ES MI HIJO, EL AMADO, MI PREDILECYO, ESCUCHADLO”, pasando a ser plena realidad, de esta manera, la profecía de Daniel: “Yo vi, en una visión nocturna, venir una especie de hombre entre las nubes del cielo. A él se le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              lenguas le servirán”.

                    Alabemos y contemplemos, pues, con asombro y verdadera adoración, a este Jesús, nuestro salvador y maestro, manifestado, hoy, como verdadero Dios y hombre. Escuchémosle con atención, como desea el Padre, pues, solo Él tiene “palabras de vida eterna”. Celebremos su santo Nombre, todos nosotros, los cristianos, ya que, de manera tan espléndida y excelsa, se nos ha testimoniado su grandeza. 


                    Asimilemos su palabra, pues sólo escuchándola y practicándola, podremos hacer nuestro su mismo camino de CRUZ  y de GLORIA, de muerte y resurrección, hasta quedarnos  transfigurados en su misma gloria, y con nosotros, la creación entera, pues, solo  así, su reinado no tendrá fin.

viernes, 29 de julio de 2016

Domingo XVIII- Tiempo Ordinario-C


DOMINGO XIII DEL T. ORDINARIO - C
  

EL SEÑOR ES MI LOTE Y MI HEREDAD


Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Jesús inicia un camino en fidelidad y obediencia al Padre, mediante un amor entregado y servicial a los hombres, sus hermanos. Camino que le conducirá hasta su muerte y resurrección. Y, Cristo Jesús, nos invita a hacer ese mismo camino en su seguimiento, a vivir su misma vocación de generosidad y entrega a la obra salvadora de Dios, con la que se verificará la implantación de su Reinado, de justicia y de paz, para toda la humanidad.

                 Seguir a Jesús, viviendo su misma vida de amor y de donación, es tarea difícil, comprometida, y comporta valor y riesgo. Así lo fue, también, para el profeta Eliseo, cuando tuvo que dejarlo todo para seguir a Elías, el profeta. Pero, el desprendimiento, siempre es fuente de gozo y de felicidad, para el que quiere poner únicamente en Dios su mirada y todo su amor, viviendo solo para Él, hasta poseerlo como el único bien de su vida y de su alma.

                    El salmo 15, canta la vocación de quien tiene su mirada puesta únicamente en Dios, porque, en seguirle sólo a él, encuentra su plenitud y felicidad:

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti,
yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en su mano.

                   Este poema, uno de los más preciosos del salterio, pertenece al grupo de los salmos de “confianza individual”. El salmista, encuentra en Yahveh, en su amor y cercanía, la fuerza y seguridad para afrontar todo lo demás. Así, su gozo es, sentirse llamado al fiel cumplimiento de su Alianza, y su único bien, el más preciado de todos, es, poder bendecirle, ensalzarlo y alabarlo por toda la vida:

Bendeciré al Seño que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

                    La confianza que tiene el salmista en Yahveh, llena su propio ser de alegría y de júbilo, pues, ya nada podrá separarlo del gozo de poseerle, y de hacer de su vida, una esperanzada y gozosa entrega de oración y de alabanza:

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
 y mi carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

                    La cercanía en el seguimiento del Señor Yahveh, instruye al orante en los aconteceres de la vida. Su alegría no perecerá, sino que será eterna, como una participación gloriosa en la fiesta de la eternidad celestial.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

                    Y, nada más grande y digno para un cristiano, que sentirse llamado por Cristo Jesús a participar de su misión redentora y salvadora, encomendada por el Padre, y sentirse, como el mismo Jesús, “ungido del Señor”, destinado a testimoniar, con su vida, la grandeza y magnitud de su gloria.

                    Contamos, además, con la fuerza de la comida eucarística de Jesús; con el alimento de su cuerpo y de su sangre entregados y compartidos. Manjar, que es fuerza y energía, que nos acompaña en su seguimiento y nos conduce a vivirlo con radicalidad y hasta con heroísmo, si es preciso, como nos lo indica Jesús en el evangelio:

                    -“EL QUE ECHA MANO AL ARADO Y SIGUE MIRANDO ATRÁS, NO VALE PARA EL REINO DE DIOS”


                    Es también, La Eucaristía, dulzura y consuelo que, nos anima y descansa, en las dificultades y que, nos hace ya pregustar las delicias del banquete eterno, del Reino de los cielos, que, el Padre, nos tiene preparado, para quienes, con generosidad, seguimos a Jesús con el testimonio y la entrega de nuestras vidas. 

domingo, 24 de julio de 2016

Santiago Apóstol- Solemnidad


SANTIAGO, APÓSTOL,
Patrono de España- Solemnidad
  

OH DIOS, QUE TE ALABEN LOS PUEBLOS,
QUE TODOS LOS PUEBLOS TE ALABEN.

Por Mª Adelina Climent Cortés  O. P.


                    Como fruto de la bondad de Dios, todos estamos llamados a su  alabanza, ya que, el Señor, en  Cristo Jesús,  nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales. Gracias y dones de Dios, que culminan sobre todo en  la persona de Cristo Jesús, resucitado y vivo entre nosotros. Esta  bendición de Dios,  la más universal y salvadora, abarca a todos los pueblos, incluidos los gentiles, y, también, a los emigrantes y forasteros; porque es, para cuantos “BUSCAN A DIOS CON SINCERO CORAZÓN” y por encima de todo lo demás.  Y,  con  el salmo 66, damos  gracias a Dios por los bienes que nos otorga, y, le  pedimos, nos siga concediendo sus múltiples gracias, las que  tiene destinadas para  todos aquellos que, acogiéndolas con amor, las hacen suyas para siempre.
 
                    Celebramos, hoy, junto con la presencia del Resucitado entre nosotros, el  MARTIRIO DEL APÓSTOL SANTIAGO, uno de los más fieles amigos de Jesús, y también,  SU PRIMER TESTIGO, ya que: “EL REY HERODES HIZO PASAR A CUCHILLO A SANTIAGO, HERMANO DE JUAN”.

                    Dentro del grupo de los primeros seguidores de Cristo Jesús, EL APÓSTOÑ SANTIAGO, por su martirio, es, como fruto y  primicia de su  Resurrección Gloriosa;   y signo y victoria de la fuerza  y la energía pascual, que va transformando lo viejo y caduco de nuestro mundo, en lo que será  la nueva y eterna  creación, la que hará aflorar, hasta  su plenitud,  la misma realidad del Reinado de Dios, su vida gloriosa.

                    Y, con el salmo 66, que es un himno de acción de gracias por los beneficios que Yahveh concedía a Israel, su pueblo, para su alimento y cuidado, en  las nuevas cosechas del año;   queremos agradecer, también, a Dios, el DON DEL MARTIRIO DEL APÓSTOL SANTIAGO, pues, según  recuerda la tradición, predicó a Cristo Jesús en España, desde Barcelona, pasando por Zaragoza y llegando hasta Galicia, a donde, más tarde,  fue trasladado su cuerpo. Por lo que, se puede decir, que, gracias a él, se conserva viva, en nuestra nación, la fe cristiana,  y que,  el amor y la devoción de todos los españoles a su SANTO PATRONO, sigue fresca y pujante  en el corazón de la gente sencilla, que desea, al mismo tiempo, que su bendición y protección nunca les abandone:      

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros:
 conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

                    Cantamos, también, con exultante gozo y alegría el salmo 66, porque es Dios quien nos alegra y gobierna con sus bendiciones, dándonos con ellas, lo suyo propio, lo mejor que tiene, ya que somos sus hijos. Y, con ello quiere, que sus  mismos bienes, los gocemos los hombres y nos  sirvamos de ellos para nuestra felicidad. Pues, esta manera tan perfecta y acabada de hacer las cosas Dios, solo es propia de Él, ya que, siempre obra  según su justicia y rectitud, por ser lo que más y mejor define su santidad:     
              
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud,
y gobiernas las naciones de la tierra.

                    La bendición de Dios y su bondad,  es lo que hace fecundas las obras de  nuestras manos y, sobre todo, lo que da fuerza y energía a la tierra hasta hacerla florecer y dar sus hermosos frutos, como respuesta de alabanza continua a su excelso Creador. Y, si hoy cantamos a Yahveh con gozo y alegría que ”la tierra ha dado su fruto”, haciendo estallar la fuerza de la creación en nuestro beneficio, también se puede celebrar, con agradecimiento, que la sangre de los mártires, la de SANTIAGO APÓSTOL, sea semilla de nuevos cristianos en toda La Iglesia, lo que hará  posible abrir nuevos caminos de vida, de verdad y de salvación universal:

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

                    Más, con el salmo 66, seguimos pidiendo a Dios Padre, que, por los méritos de SANTIAGO APÓSTOL, nos vaya  enriqueciendo con nuevas bendiciones: que nos conceda, beber, también,  el  CÁLIZ DE CRISTO JESÚS, es decir, poder ser testigos de su Resurrección gloriosa, como fruto de una amistad sincera con Él, la única que nos puede llevar a un seguimiento testimonial.



                    Pidamos, también, poder asimilar la universalidad de la salvación, que se canta y manifiesta en el salmo 66, y que, desde luego,  sigue viva en todos aquellos que, desde diferentes lugares de la tierra, hacen el “CAMINO DE SANTIAGO” con el sacrificio y la austeridad que requiere, guiados por la fe de seguir los caminos del santo, que son los caminos liberadores que inició Cristo Jesús con la fuerza evangélica de su Resurrección Gloriosa.

viernes, 22 de julio de 2016

Domingo XVII del T.O. - C


DOMINGO XVII DEL T. ORDINARIO - C
  
 CUANDO TE INVOQUÉ, SEÑOR, ME ESCUCHASTE

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.

                    La grandeza del ser humano consiste en poder invocar al Señor, admirable, como nadie, en su gloria y esplendor. También lo es, y quizá más, el saber que Dios le escucha y que le acoge con cuidado y amor entre sus brazos, como si fuera lo único importante para Él. Y todo ello, claro está, es motivo de mucha alegría, gratitud y consuelo, para el hombre, siempre tan necesitado de amor y atenciones.

                   En las lecturas bíblicas de este domingo, Jesús viene a repetirnos, que Dios, nuestro Padre, siempre nos escucha, y que, en todo momento se pone de nuestra parte: “PEDID Y SE OS DARÁ; BUSCAD Y HALLARÉIS, LLAMAD Y SE OS ABRIRÁ, porque quién pide, recibe, quién busca halla y al que llama se le abre”. Y, es tanta la generosidad de Dios para con nosotros, que, desbordados por sus dones y desvelos, queremos serle agradecidos, cantando con amor el salmo 137.

                    El salmo 137, es como una oración de acción de gracias en general, por todos los beneficios con los que Yahveh enriquece a sus fieles, y por la salvación corporal y espiritual que les concede siempre que acuden a Él con seguridad y confianza. El salmista, quizá el mismo Rey, que desea demostrar a Yahveh todo su agradecimiento, por el éxito tenido con los reyes enemigos,  victimas de sus batallas, lo quiere hacer ante el santuario, el lugar donde la gloria y la majestad de Dios se hace más visible y ostentosa, ya que, está asistida, además, por los seres divinos, que pregonan su grandeza y excelsitud:

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.

                    El motivo principal, por el que el salmista da gracias a Yahveh, es porque, su misericordia y su lealtad, están por encima de lo que se dice y se reconoce de Él, que resulta hasta increíble;  y, porque, siempre, su promesa y sus dones superan su fama. Y todo esto, infunde en el orante, tanta seguridad y confianza, que logra afianzar sus creencias al fortalecer la fe de su espíritu:

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

                    Pero, Yahveh, a pesar de vivir tan encumbrado en el cielo y estar tan elevado sobre lo creado, mira siempre con predilección a los humildes y los salva, y sabe estar y dialogar con ellos, con los más sencillos, para librarles de sus males. Pero, en cambio, con los soberbios, se muestra como más distanciado, a la hora de atenderlos y dialogar con ellos::

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida.

                    Y, porque, en el vivir y actuar cotidiano nunca faltan enemigos y siempre se encuentran dificultades, el orante del salmo tiene la seguridad de que, Yahveh, que siempre otorga ayuda en los momentos duros y difíciles, también ayudará a sus fieles a permanecer firmes y confiados en el diario y duro combate, pues nunca abandona la obra de sus manos, hasta conducirla a feliz término:

Extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo
y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

                    Los cristianos, cuando invocamos a Dios, se nos manifiesta como el Padre del cielo, siempre lleno de amor y de bondad, y que, espera de nosotros, sus hijos, que vivamos santificando su nombre y para su Reino glorioso, ya que, en esto, consiste nuestra verdadera felicidad. Y, también quiere que, nuestro comportamiento mutuo sea, como de auténticos hermanos, que son los que se aman y se ayudan siempre.

                    Pero, también es verdad que, en nuestro mundo hay pecado y malestar, guerras y terrorismo, venganzas y desamores, y, todo ello, difícil de erradicar. Es entonces,  cuando hemos de pedir insistentemente y hasta con verdadero empeño, que en algunas ocasiones puede faltar, (como lo hizo Abrahán, cuando su oración de intercesión fue un regateo al que Dios no se sustrajo), para que, el Señor, tenga piedad y misericordia de nosotros y nos conceda la paz, la unidad y la deseada concordia entre las naciones y los hombres. Pero, de lo que sí podemos estar seguros es, que nunca nos fallará su ayuda, ya que, siempre, su misericordia, su fama y sus promesas nos superarán...

                    Y, mientras llegue lo mejor, la nueva creación que anhelamos, en esta espera tan deseada, nuestra misión ha de ser confiar como buenos hijos, sabiendo que su paz, su justicia y verdad, que es su misma vida y su reinado de amor, lo será todo y siempre, para la humanidad.