viernes, 15 de julio de 2016

Domingo XV del T.O.-C


DOMINGO XVI. DEL T. ORDINARIO - C



SEÑOR, ¿QUIEN PUEDE HOSPEDARSE EN TU TIENDA?

Por Mª Adelina Climent Cortés  O. P.


                     Un gran misterio de revelación y  una gozosa y sublime promesa de gloria, y de esperanza de salvación, nos presentan las lecturas bíblicas de hoy; ya que, toda acogida cordial de Dios, engendra vida, alegría y gozo compartido: Dijo Dios a Abrahán: “cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo”.

                     Y, el salmo 14, también nos habla, con tono sapienzal, de la hospitalidad del Señor en su santuario y de las condiciones necesarias que tiene que poseer el que quiere ser acogido por Dios como “huésped suyo”. Los que son dignos  de tal elección,  son  aquellos que viven según los caminos de Dios ratificados en La Alianza; aquellos que,   teniendo  un corazón religioso, grande y generoso, pueden actuar  con rectitud de conciencia y  conseguir la  relación mística y gratuita,  por la que, el hombre,  llega a igualarse a Dios, porque puede adentrarse en su  corazón y formar  parte del mismo ser interior y trinitario de  Vida:

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.

                    Este salmo, representa una liturgia  de entrada en el templo del Señor. Los fieles  preguntan antes de entrar, ya en la misma puerta,  las condiciones que hay que poseer,  para participar en el culto y poder ser “huésped de Dios”. El sacerdote,  es el que les contesta, en nombre de Yahveh, el Altísimo, y les  habla de las virtudes humanas, y de los deberes  más necesarios y comunes, para con el prójimo,   entre los que sobresalen, como  más elementales, la  práctica de la justicia y del  derecho con todos y, sobre todo, con las más necesitados... Y, como resumiendo,  llega a decir  que, sólo puede ser auténtico “huésped de Dios” el que es  capaz de vivir una vida de amor y de gratuidad con Dios y con los demás,  a los que,  como a hermanos, siempre debemos amar:

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino;
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.

El que no presta dinero a usura,
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra, nunca fallará.


                    Hospedarse en el santuario del Señor siendo de sus invitados... Ser acogidos los tres visitantes un día de calor y cuando  se sentían cansados, por Abrahán, en su tienda, junto a la encina de Mambré.  Lo  mismo que, hospedarse también,  Jesús, en Betania, cuando invitado por Marta  a su casa,  busca un poco de sosiego y descanso, mientras ésta le servía y  su hermana María, sentada a sus a sus pies  escuchaba sus palabras, exige siempre y en toda  ocasión,  unas condiciones de amistad, de diálogo entrañable, de abierta y confiada comunicación entre amigos y conocidos, y sobre todo un sincero y recíproco cariño, que, Dios siempre sabe bendecir...

                    Y, es, entonces, en toda  comunicación amistosa y gratuita con Dios y con los hermanos,  cuando  nace, siempre, más amor y cordialidad, más unidad y comunión  trinitaria;  donde el amor del Padre y del Hijo, en El Espíritu Santo, engendran Vida y Amor Salvador, al igual  que surgió así, en la eternidad de los tiempos, la “vida nueva” de Cristo Jesús, capaz de recrearlo y hacerlo  todo nuevo, en el Espíritu.
                                                                   
                     Y, si, en la encina de Mambré, será Isaac el que llevará a cabo La Promesa Salvadora de Dios a toda La Humanidad: “EN TÏ SERÁN BENDECIDAS TODAS LAS NACIONES”, dijo Dios a Abrahán. También, este pasaje,  se puede entender, como el preludio de la encarnación del Hijo de Dios, pues recibimos a Dios, le acogimos, como la gran revelación y el excelso Don del Padre a toda la humanidad sedienta de salvación:  “A cuantos le recibieron les dio el poder de ser Hijos de Dios”  


                    Y, como hijos de Dios, nos visita, también a nosotros, Cristo Jesús. Continuamente busca nuestra amistad;  desea intimar con cada uno de nosotros; quiere nuestro seguimiento y testimonio. Y, sobre todo, espera  nuestra escucha atenta,  de manera que, su palabra, siempre pueda ser acogida y dar vida en cada uno de nosotros, donde el Padre, con la fuerza y el amor del Espíritu Santo, no cesa de hacer nacer a su Hijo Jesús, en cada uno de nosotros, haciéndonos, así, renacer cada vez más y mejor, como criaturas nuevas, para su Reino de gozo y de  alabanza eterna. 

viernes, 8 de julio de 2016

Domingo XV del T.O.- C


DOMINGO XV DEL T. ORDINARIO - C


 BUSCAD AL SEÑOR, Y VIVIRÁ VUESTRO CORAZÓN
.
Por Mª Adelina Climent Cortés  O P.


                    Dios solo quiere darnos su salvación, como su misma  vida y todo su  amor. Y  su  felicidad mayor  la  comparte  con aquellos que, con más empeño  la buscan   y la quieren acoger. Esta salvación, al  hacerla nuestra cada vez más, la manifestamos con   actos de servicio y caridad, que nos unen y nos hermanan entre sí, al mismo tiempo que nos dignifican, porque nos van asemejando más  y mejor a Dios.

                    El Deuteronomio nos exhorta a ser fieles y leales a La Alianza, fuente de gozo y felicidad, para el que la cumple y hace la voluntad de Yahveh en todo. ”EL MANDAMIENTO ESTÁ MUY CERCA DE TI: EN TU CORAZÓN Y EN TU BOCA.  CÚMPLELO”.

                    Y el salmo 68, como lamentación individual,  es la súplica de un pobre que sufre, porque se reconoce pecador, y porque quiere agradar a Dios y no puede... Y, al mismo tiempo, se siente perseguido por sus enemigos, que se  mofan de él, al saberle olvidado del Señor. Pero, también, desde  esta situación dolorosa, el yahvista vive su profunda fe, de tal manera que, su sufrimiento,  fortalece su espíritu y su confianza, llevándole a invocar  a Yahveh con toda su fuerza, por ser  el único que le puede salvar y el que nunca le fallará.  Nosotros, con el mismo  amor y la misma   confianza, nos unimos a esta oración sálmica, para cantar, agradecidos, la experiencia salvadora del Señor:

Mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,
por tu gran compasión vuélvete hacia mí.

                    El salmista, que no cesa de reconocerse “pobre” y “malherido”, con esta actitud  agrada más a Yahveh, ya que, Dios, en su misterio profundo de entrega y de amor, nos ha encerrado a todos en la desobediencia, para hacernos objeto de su entrañable misericordia, la que  merece ser proclamada y alabada con cantos de gratitud:

Yo soy un pobre malherido,
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.

                    Esta confianza del salmista, se le ha convertido en seguridad plena; y lo mismo ha de ocurrir a todos aquellos, que buscan al Señor en sus angustias y sufrimientos... Y, si Yahveh, escucha a todos cuentos le invocan con fe, con más razón lo hará  con los pobres y humildes, con los que más sufren, ya que son los que,  con más predilección, ama su corazón:

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha  a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.

                    Y, también, la salvación de Dios se manifiesta en la reconstrucción de la ciudad santa, La Sión amada; y, en  todas las demás ciudades, donde habitará la gloria de Dios, y, su bendición, será heredada de generación en generación, quedando cumplida así, la promesa salvadora del Señor Yahveh:

El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella.


                    Y, la Promesa de las Promesas, nos la ha realizado  Dios, en su Hijo Jesucristo, don y bendición para toda la humanidad. Esta promesa del Padre en Cristo Jesús, por el Espíritu, es la que lo llevará todo a plenitud y lo hará todo nuevo, con la fuerza transformadora de su Resurrección gloriosa.

                    Pero, lo más grande de la  vida gloriosa del Señor Jesús, es que, realiza su salvación,  con la fuerza de su vida entregada en amor, humildad  y gratuidad.  Y, siempre a favor de los más sufrientes y necesitados, como nos lo relata, hoy, el Evangelio de Lucas: Jesús se convierte en el “Buen Samaritano” el que, con esmero, y atención cuida del herido y abandonado en la cuneta, hasta sanarlo e integrarlo en la sociedad que le  consideraba extranjero.

                    -”CUIDA DE ÉL Y LO QUE GASTE DE MÁS YA TE LO PAGARÉ A LA VUELTA”


                    Y, también, Cristo Jesús, no deja de reprender a los que, por no abandonar sus tareas y obligaciones, no tuvieron  misericordia con el necesitado, siendo, con ello, infieles a las exigencias de La Alianza establecida con Yahveh. 

viernes, 1 de julio de 2016

Domingo XIV- T. ordinario- C


DOMINGO XIV DEL T. ORDINARIO - C

 ACLAMAD AL SEÑOR, TIERRA ENTERA

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Jesús nos dice: “ID Y DECID A LA GENTE: ESTÁ CERCA DE VOSOTROS EL REINO DE DIOS”. Y, este anuncio de Jesús, es un futuro lleno de esperanza y felicidad para la humanidad, ya que, tiene su origen, en el amor inmenso de Dios a todos los hombres y a todos los pueblos.

                    Dios nos invita a tomar parte, como hijos suyos, en las acciones salvadoras que realiza en la persona de su Hijo Jesucristo: ¡la obra más grande de su gran amor!. Y  nos llama por nuestro nombre, es decir, personalmente; nos considera sus colaboradores activos, y quiere que seamos, como  Jesús, obreros de su mies, PORQUE ES MUCHA Y ABUNDANTE Y POCOS LOS OBREROS.

                    El salmo 65, con el que ensalzamos  a Dios, es un himno de sacrificio, es decir, de alabanza  y de acción de gracias a la vez,  y canta la gloria de Dios, sus obras salvadoras, repletas de esperanza y de amor para toda la humanidad y, también, canta los portentos maravillosos de aquellos que, con su entrega generosa, han sido instrumentos salvadores y, contribuyen a hacer realidad la gran obra de Dios.

                     Este salmo, lo cantaban los desterrados cuando, desde Babilonia, volvían hacia  la libertad, a la ciudad Santa y Amada,  haciendo el retorno gozoso, con Yahveh, hacia La Paz y la alegría. Y, porque, los había liberado de la esclavitud, ahora, le aclamaban con canciones de gozo y con músicas jubilosas, vitoreando  la gloria y el poder del Señor:
                                                                                                                    
Aclamad al Señor, tierra entera,
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria;
decid a Dios: “Qué temibles son tus obras”.

                    Las subidas del Señor a Jerusalén con su pueblo, entre gritos y cantos, hacían estremecer hasta la misma tierra, que prorrumpía en aclamaciones de gozo, por las  maravillas que Dios realizaba con los suyos. Portentos, que, también tienen que conocerlos los demás pueblos, para que, uniéndose a la alabanza,  bendigan a Yahveh, por sus acciones y proezas a favor de todos los hombres:

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.

                    La gloria de Dios y su poder, llega a tanto, que trasforma el mar en  tierra firme. Así de eficaz y simbólica, es la ayuda de Yahveh para con los suyos.  Y, además, su ayuda es definitiva; es un don escatológico y salvador, que, desde Jerusalén, llega a todos los pueblos del orbe:

Transformó el mar en tierra firme,
a  pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente.

                    Dios realizaba, también, sus portentos por medio de sus profetas, como lo hizo con Moisés y otros; Más tarde, sigue eligiendo a otros colaboradores, con el fin de seguir bendiciendo a su pueblo, al que nunca deja de amar y de favorecer:                                                                                                                                                                                                                                     

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica.
ni me retiró su favor.


                     Más, la acción redentora de Cristo Jesús, despliega su poder salvador en nuestra Historia y en nuestras vidas. Y, el cristiano, recibe y proclama esta salvación en la comunidad eclesial, con el fin de comunicarla a los demás:

                    “DESIGNÓ EL SEÑOR A OTROS SETENTA Y DOS y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir él”.


                    Nuestra misión, como cristianos, es seguir a Jesucristo, dando testimonio con nuestra vida y anunciando la verdad evangélica, porque, solo así,  llenaremos nuestro mundo de su paz; que no es como el mundo la quiere recibir, sino como nos la dio Cristo Jesús. La Paz, que brota del amor sacrificado de Jesús en la cruz,  y de su bondad y misericordia con el débil y el afligido... Es la paz, que ha de llenar de esperanza y de alegría nuestro mundo; la paz, que todos deseamos; la paz característica del Reinado de Dios.

miércoles, 29 de junio de 2016

Solemnidad de S. Pedro y S. Pablo


SAN  PEDRO  Y  SAN  PABLO
  
EL ANGEL DEL SEÑOR
LIBRA A LOS QUE TEMEN A DIOS

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P
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                  En la solemnidad de SAN PEDRO Y SAN PABLO, el salmo 33 recoge y expresa los sentimientos de alabanza y gratitud de los dos apóstoles.  Pablo dice: “El Señor me libró de la boca  del león”  y,  Pedro,   liberado  por el ángel del Señor mientras La Iglesia oraba por él, afirma: “El Señor ha  enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos”

                  El salmo 33, es un  himno de alabanza y de acción de gracias, sentimientos que brotan del corazón de un orante desde su pobreza  y humildad, y que, en su sufrimiento y desamparo, pero llevado de una fe inquebrantable en la bondad de Yahveh, ha experimentado la liberación y la salvación.

Bendigo al Señor en todo momento
su  alabanza está siempre en mi boca
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

                 El salmista,  después de invitar a los sencillos, a los que son y piensan como él,  a escuchar y alegrarse en la alabanza al Señor, les persuade a que se unan  a esta adoración divina, ya que, Yahveh, atiende a cuantos le invocan, porque, es el Dios que siempre libera, sana y restablece.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
 
                  Pero,  no solo el Señor escucha y acoge al que le invoca, sino que, además,  alabarle y  contemplarle, es quedar radiantes ante él, repletos de luz y de hermosura, participar de su belleza  y de su vida, quedar divinizados:
                 
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro  rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias

                 Más, también, Yahveh,  envía a sus ángeles, mensajeros divinos, para que realicen su voluntad en favor de los hombres. Así de bueno y amable es el Señor con los que sinceramente le buscan:                       

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved que bueno es el Señor;
dichoso el que se acoge  a él.

                    Recordamos, también, en las lecturas bíblicas de esta celebración, la confesión sublime y admirable de Pedro: “TÚ ERES EL MESÏAS EL HIJO DE DIOS VIVO“, después de haber preguntado Jesús: - Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y el testimonio valiente y sincero de Pablo confesando: “EL SEÑOR ME AYUDÓ Y ME DIO FUERZAS PARA ANUNCIAR ÍNTEGRO EL MENSAJE, DE MODO QUE LO OYERAN TODOS LOS GENTILES”.
           
                    También, Cristo Jesús, NUESTRO SEÑOR y ejemplo de vida  para todos los cristianos, en la angustia y soledad de Getsemaní, fue liberado por el PADRE, durante  una oración profunda y confiada en la que, quedó confortado con la presencia de un ángel del cielo. Así  pudo consumar su entrega hasta la muerte, fuente de salvación y de gloria para todos nosotros.


                     Y, de igual manera, todos nosotros, si de verdad sabemos acogernos al Señor, desde una fe profunda, sincera y amorosa, en las necesidades y  aprietos que siempre nos acechan,  tendremos la dicha de sabernos protegido y acogidos por Dios, nuestro Señor. Y gozaremos de la felicidad de reconocer y confesar  su bondad salvadora, que ha de movernos a una continua alabanza de contemplación y de acción de gracias en la que,  quedaremos radiantes, al participar de su misma vida y gloria.

sábado, 25 de junio de 2016

Domingo XIII- C


DOMINGO XIII DEL T. ORDINARIO - 

EL SEÑOR ES MI LOTE Y MI HEREDAD


Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Jesús inicia un camino en fidelidad y obediencia al Padre, mediante un amor entregado y servicial a los hombres, sus hermanos. Camino que le conducirá hasta su muerte y resurrección. Y, Cristo Jesús, nos invita a hacer ese mismo camino en su seguimiento, a vivir su misma vocación de generosidad y entrega a la obra salvadora de Dios, con la que se verificará la implantación de su Reinado, de justicia y de paz, para toda la humanidad.

                 Seguir a Jesús, viviendo su misma vida de amor y de donación, es tarea difícil, comprometida, y comporta valor y riesgo. Así lo fue, también, para el profeta Eliseo, cuando tuvo que dejarlo todo para seguir a Elías, el profeta. Pero, el desprendimiento, siempre es fuente de gozo y de felicidad, para el que quiere poner únicamente en Dios su mirada y todo su amor, viviendo solo para Él, hasta poseerlo como el único bien de su vida y de su alma.

                    El salmo 15, canta la vocación de quien tiene su mirada puesta únicamente en Dios, porque, en seguirle sólo a él, encuentra su plenitud y felicidad:

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti,
yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en su mano.

                   Este poema, uno de los más preciosos del salterio, pertenece al grupo de los salmos de “confianza individual”. El salmista, encuentra en Yahveh, en su amor y cercanía, la fuerza y seguridad para afrontar todo lo demás. Así, su gozo es, sentirse llamado al fiel cumplimiento de su Alianza, y su único bien, el más preciado de todos, es, poder bendecirle, ensalzarlo y alabarlo por toda la vida:

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

                    La confianza que tiene el salmista en Yahveh, llena su propio ser de alegría y de júbilo, pues, ya nada podrá separarlo del gozo de poseerle, y de hacer de su vida, una esperanzada y gozosa entrega de oración y de alabanza:

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
 y mi carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

                    La cercanía en el seguimiento del Señor Yahveh, instruye al orante en los aconteceres de la vida. Su alegría no perecerá, sino que será eterna, como una participación gloriosa en la fiesta de la eternidad celestial.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

                    Y, nada más grande y digno para un cristiano, que sentirse llamado por Cristo Jesús a participar de su misión redentora y salvadora, encomendada por el Padre, y sentirse, como el mismo Jesús, “ungido del Señor”, destinado a testimoniar, con su vida, la grandeza y magnitud de su gloria.

                    Contamos, además, con la fuerza de la comida eucarística de Jesús; con el alimento de su cuerpo y de su sangre entregados y compartidos. Manjar, que es fuerza y energía, que nos acompaña en su seguimiento y nos conduce a vivirlo con radicalidad y hasta con heroísmo, si es preciso, como nos lo indica Jesús en el evangelio:

                    -“EL QUE ECHA MANO AL ARADO Y SIGUE MIRANDO ATRÁS, NO VALE PARA EL REINO DE DIOS”

                    Es también, La Eucaristía, dulzura y consuelo que, nos anima y descansa, en las dificultades y que, nos hace ya pregustar las delicias del banquete eterno, del Reino de los cielos, que, el Padre, nos tiene preparado, para quienes, con generosidad, seguimos a Jesús con el testimonio y la entrega de nuestras vidas.

viernes, 24 de junio de 2016

Solemnidad de S. Juan Bautista


NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA


TE DOY GRACIAS, SEÑOR,
PORQUE ME HAS ESCOGIDO PORTENTOSAMENTE

Por M. Adelina Climent Cortés  O. P

                    Dios, que en su onmisciencia lo conoce, lo abarca y lo penetra todo. El que,  con su presencia, está en todo lugar y tiempo, también da vida y sostiene a los hombres, a todos los seres humanos, a los que, nos mira,  sin cansarse, con cariño y amor, pues somos hechura suya, fruto de sus manos bondadosas y creadoras, y que, por estar inmersos en su Luz, sabe nuestro nombre y conoce todos nuestros pensamientos, palabras, deseos y acciones, de manera que, en Él “vivimos, nos movemos y somos”.

                    A este Dios, que con tanta bondad y desvelo nos ama, nos cuida y protege, le alabamos y ensalzamos cantando el salmo 138 –considerado como uno de los himnos más hermosos del Antiguo testamento- con el que, le manifestamos,  nuestra total gratitud y  pertenencia.

“Te doy gracias, Señor, porque me has escogido portentosamente”

                    Es lo mismo que confiesa el salmista, desde una fe honda y confiada en Yahveh, su Dios, al que reconoce  pertenecerle totalmente, pues, se sabe protegido por su amor desde el seno materno y amparado por su Espíritu, que le va conduciendo con paso firme y seguro, en  su vivir cotidiano: 

Señor, tú me sondeas y me conoces:
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

                    Pero, el salmista, no se cansa de dar gracias a Yahveh, su Dios, que, en su sabiduría, ha creado  todas sus obras y, de manera más sublime aún, a todas sus criaturas:

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno,
porque son admirables tus obras.

                    Y, puesto que Yahveh, escoge y crea de manera tan admirable  y sobrecogedora a cada uno de los humanos, deduce el salmista, que, la protección de sus manos salvadoras no ha de faltarle nunca y que,  por su parte,   ha de corresponderle debidamente, es decir, viviendo sólo para Él, reconociendo que en todo momento le pertenece, y, trabajando para que, su causa, sea reconocida y estimada por los demás. 

Conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando
y entretejiendo en lo profundo de la tierra.

                    Y, de manera parecida al salmista, cuenta, el profeta Isaías, su elección por parte de Dios: “Estaba yo en el vientre y el Señor me llamó en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre” Para, después, añadir la llamada que le hizo: “Es poco que seas mi siervo: “Te hago luz de las naciones, para que, mi salvación, alcance hasta el confín de la tierra”.

                    También, por idénticos motivos, celebramos hoy, al más grande de los nacidos de mujer y, al mayor de los profetas, JUAN EL BAUTISTA, el que, fue elegido por Dios portentosamente, de manera que, su nacimiento, fue motivo de gozo y alegría, no solo para sus padres, sino también  para muchos,  puesto que, su misión, sería mostrar al CORDERO QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO.

                    Pero, no solo JUAN EL BAUTISTA y los profetas importantes dentro de la historia de la salvación, sino que, también, todo hombre: varón o hembra, hemos sido elegidos y formados por Dios, desde el seno materno, para ser hijos suyos y  vivir como tales. Y, por nuestra parte, de igual modo, hemos de corresponder a esta elección y llamada, con nuestro testimonio de vida, anunciando la luz de la salvación que ha despuntado en su Hijo Jesucristo, el Señor, con nuestra entrega y en su total seguimiento, de manera que, también, podamos cantar con gozoso entusiasmo y junto  con el salmista:


“TE DOY GRACIAS, SEÑOR, PORQUE ME HAS ESCOGIDO
PORTENTOSAMENTE Y PORQUE SON ADMIRABLES TUS OBRAS”.

sábado, 18 de junio de 2016

dom. XII del T. O.- C


DOMINGO XII DEL T. ORDINARIO – C



MI ALMA ESTÁ SEDIENTA DE TI, SEÑOR, DIOS MÍO

Por Mª Adelina Climent Cortés O.P.

                   
                    El Dios que mora en nosotros y que nos ama y sustenta, es el Dios, al que hay que buscar en todo momento, pues, en nuestro corazón late el anhelo insaciable de poseerle en plenitud; deseo,  que solo se puede calmar gustando  su dulce y amoroso encuentro. A este Dios tan deseado y buscado, cantamos hoy, en la liturgia dominical, el salmo 62.

                    Es un precioso salmo que describe hermosamente la aspiración mística de todo corazón que se sabe de Dios y tiende a Él. De la época de la monarquía, pertenece al subgrupo de los salmos llamados de “huésped de Dios”. Y, esto es precisamente, lo que quiere ser el orante rey, que, con fervor, lo reza y medita.

                    El salmista, fiel a La Alianza, y desterrado por sus enemigos, comienza haciendo una bonita confesión de fe suspirando contemplar a su Dios YAHVEH.  Anhela su cercanía, madruga y desea agradarle con sus obras y aspiraciones. Y, es tanto, el  anhelo de su alma,  que languidece de sed en su búsqueda, y, en el ardiente deseo de poseerle:

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

                    Recuerda, el salmista, .el deleite que sentía y  llenaba su corazón, cuando, en el santuario, gozaba de su ternura y cercanía, contemplando su grandeza y majestad. Dicha inmensa esta, que llenaba su vida, pues nada era comparable a este vivir solo para agradarle y contemplarle:

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

                    De nuevo, el salmista, promete seguir alabando y bendiciendo a su Dios Yahveh. Quiere ser fiel a su Alianza e invocarle en sus necesidades, pues sabe, por experiencia, que, solo en esto radica la felicidad de su vida y la de todo fiel israelita. También  está seguro que, porque Dios siempre es fiel al que le suplica, volverá a gozar de su paz y dulzura  en el templo, participando de los banquetes que siguen a los sacrificios de comunión:

Toda mi vida te bendeciré,
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

                    El salmista no cesa de poner su confianza en Dios, pues si  siempre le ha auxiliado, ¿como no lo va hacer ahora? y se promete seguir alabándole con júbilo, pues estando unido a Él  nada más puede desear:

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti
y tu diestra me sostiene.

                    Y, si lo importante para el salmista fue experimentar el gozo y el deleite de vivir su vida en Dios, en el gozo de su Señor. Para nosotros, también ha de ser, suspirar por conocer el DON de Dios en su plenitud, que es Cristo Jesús: “SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS…YO TE DARÍA AGUA VIVA  (Jn 4,10).

                   Es, CRISTO JESÚS, el agua que colma toda sed y sacia toda necesidad, la  que tiene nuestro espíritu de encontrar la felicidad en Dios.

                    Pero, el Evangelio de hoy,  nos recuerda que, seguir a Jesús no es fácil y sí muy costoso. A la confesión triunfalista de Pedro: TU ERES EL MESÍAS DE DIOS, prohíbe, a los discípulos, decírselo a nadie y añadió:

                    -“El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día”.

                    Así, pues, conocer el don de Dios es saber y experimentar que, solo desde la cruz,  puede brotar el agua que sacia la sed de Dios:

                   “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda  por mi la encontrará”

                   Y, solo en este seguimiento de Jesús y amándole, el DON de Dios SE NOS CONVERTIRÁ DENTRO EN UN MANANTIAL QUE SALTARÁ HASTA LA VIDA ETERNA