viernes, 17 de agosto de 2018

Domingo XX del T.O.- ciclo B

DOMINGO XX DEL T. ORDINARIO - B


GUSTAD Y VED QUE BUENO ES EL SEÑOR


Por Mª Adelina Climent Cortés   O. P.

                
                  Nos alegra cantar la bondad de Dios,  que se goza  invitándonos al banquete, que  nos tiene preparado en el cielo, en la felicidad eterna y que, es signo de lo que será su salvación para todos los que la quieran acoger. Ser invitados de Dios para participar de su fiesta y de su vida,  es todo un detalle de cariño y predilección por su parte y nos obliga a corresponderle con nuestro amor, nuestra alabanza,  y nuestra gratitud.

                 Como el domingo anterior, ensalzamos La Bondad de Dios con  el salmo 33.  Salmo  de alabanza y de acción de gracias a Yahveh, por  las maravillas que hizo con su pueblo y que sigue haciendo con la humanidad. A la vez intentamos, con el salmista, agradecerle  sus dones, con los deseos de sencillez y humildad de nuestro corazón;   reconociendo, de esta manera, que solo Él puede conducirnos por los caminos del bien y de la felicidad:

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

                   El Señor, que a todos nos lleva de su mano, sabe premiar a los que,  fiándose, se dejan conducir por Él; pues, en su bondad, es justo y actúa según el comportamiento de cada uno:

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.

                  Más, tomando el poema  una  expresión sapiencial, sigue:
                              
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?

                 También nos habla, sabiamente, del  comportamiento que hay que guardar, para conseguir la dicha que todo humano desea alcanzar:

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.


                 Para nosotros, los cristianos, LA VERDADERA SABIDURÍA PERSONIFICADA ES JESUCRISTO, plenitud y cumplimiento de las promesas del Padre.  Sabiduría que se opone a la necedad, fruto de la mala conducta del hombre. Y, si este salmo nos invita a gustar y ver lo bueno que es el Señor, es porque “tomar el pan y el vino con la sabiduría” significa dejarse instruir por su ESPÍRITU y acoger sus enseñanzas evangélicas.

                 Estamos, pues, ante LA MESA DE LA SABIDURÍA, cuyo alimento nos hace crecer  en la fe por la presencia y fuerza del ESPÍRITU. Mesa y alimento, que, a su vez, nos dispone para mejor comer el pan y el vino eucarístico por el que asimilamos la presencia real del Resucitado; sacramento del Amor entregado, que también complementa, plenifica  y  asimila la verdadera sabiduría.


                 Eucaristía vivida desde la fe, que nos hace entrar en comunión con Cristo Jesús, el que, a su vez, nos une con el Padre. Eucaristía que es, y que nosotros hemos de vivir como signo de lo que será el banquete escatológico en el Reino de los cielos, festín de manjares suculentos y de vinos refinados, donde la felicidad nunca tendrá fin y donde siempre podremos  gustar y ver lo bueno que es el Señor.

martes, 14 de agosto de 2018

Asunción de la Virgen María- Solemnidad


LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA  (Vigilia)

LEVÁNTATE, SEÑOR, VEN A TU MANSIÓN
VEN CON EL ARCA DE TU PODER

Por Mª Adelina Climent Cortés  O P.


                    Cantemos y exultemos a MARÍA, QUE, HOY, SUBIÓ AL CIELO, RADIANTE COMO LA AURORA, atraída por la fuerza resucitadora y pascual de su hijo Cristo Jesús, para quién, Dios, la hizo su morada,  “ARCA DE LA NUEVA ALIANZA” y que, al ser coronada en la gloria como REINA, también recibe los títulos de Madre de La Esperanza, Puerta del Cielo y Señora nuestra.

                    Para ensalzar a esta Madre, engalanada y radiante de blancura y  belleza en el cielo, le rezamos el salmo 131, considerado como un “salmo de peregrinación” o “Salmo de las subidas”. También se le designa como “salmo litúrgico” y “salmo real” (título, este último, debido al juramento que David hace al Señor, y a la promesa, por parte de éste, de darle un  descendiente) Es, además, uno de los  “Cánticos de Sión”. El salmo tiene su origen en  la época de la monarquía.

                    El salmista, peregrino, recuerda tiempos y momentos  importantes de la historia de Israel, en un momento en  que, resurge la fe en Yahveh, y en torno al Arca de La Alianza, hasta movilizar los deseos de salir  en su búsqueda:

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

                    El Señor es invitado a ser trasladado, cuando se le dice: “LEVÁNTATE, SEÑOR, VEN A TU MANSIÓN, VEN CON EL ARCA DE TU PODER” y, Yahveh, complace a su pueblo, ya que,  tampoco  puede defraudar al rey David, su representante,  que había jurado construirle un templo para su morada. Por lo que, se organiza la procesión del traslado, como un acto litúrgico:

Que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

                    El Arca, signo de la presencia salvadora de Yahveh, entra en Jerusalén, donde  quedará permanentemente instalada en su mansión:

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
“Esta es mi mansión por siempre;
aquí viviré porque lo deseo”.

                    El Arca de La Alianza, considerada como signo de La Iglesia, cuyo centro lo ocupa María, ha sido definitivamente, y, para siempre, introducida en el cielo. Es el Cuerpo Glorificado de María, Virgen y Madre, que, aceptando con amor la palabra de Dios, pudo engendrar a su hijo Jesús, promesa de salvación para toda la humanidad                    


                    Ahora, MARÍA, ARCA DE LA ALIANZA, reside en LA NUEVA JERUSALÉN, la de arriba, junto a Dios y participando de  su esplendor. A su derecha, entre lirios y flores, está su trono desde donde nos mira y nos protege con amor maternal, rogando sin cesar por todos nosotros, sus hijos, los hermanos de Jesús,  que también, como Ella, gozaremos de la eternidad, alabándola en todo momento, unidos a los coros de los ángeles y arcángeles que, por MARÍA SANTÍSIMA, bendicen constantemente a Dios.

domingo, 12 de agosto de 2018

Domingo XIX del T.O. -B



DOMINGO XIX  DEL T. ORDINARIO - B

GUSTAD Y VED QUE BUENO ES EL SEÑOR

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.

                                   
                    ¿Puede haber cosa más hermosa que cantar la bondad y el amor leal y misericordioso de Dios? Sin duda es lo mejor. Ensalcemos, pues,  al Dios, que siempre nos protege y nos da alimento y fuerzas en el camino de la vida que nos conduce a Él, hasta la salvación plena:

“Gustad y ved que bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él”

                  A saborear esta experiencia nos invita el salmo 33. Este salmo, en su primera parte, es   un hermoso poema y contiene una sincera y gozosa explosión de alabanza y  gratitud a Yahveh, por su acción salvadora.  El israelita lo canta, desde la alegría y el gozo, al sentirse inmensamente amado y favorecido por Yahveh en los momentos difíciles y duros de su vida. Y, es tanta su alegría que, al  no poderla  contener, estalla en bendiciones y alabanzas. Más, sintiéndose repleto  de dicha y consuelo,   invita a los fieles, que sabe  piensan  como él, a los humildes, a que se le unan  en esta oración de bendición y de acción de gracias:

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca
Mi  alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

                   Solo los sencillos, los que tienen un corazón pobre, saben  alegrarse ante  la grandeza  del Señor y pueden buscarle con ardientes deseos, con el fin de  ensalzar su nombre. Presencia y cercanía que logrará alejar de ellos toda preocupación:

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió,
me libró de todas mis ansias.

                    Pero, sabe además el salmista,  que, el que tiene capacidad para gozarse en el Señor Yahveh, nunca lo lamenta, sino que se llena de felicidad, hasta el punto de que, su rostro y todo su ser,  quedan iluminados:

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, el lo escucha
y lo salva de sus angustias.

                    Y, es tanta la solicitud de Yahveh por sus fieles, que, también se manifiesta en la presencia del mensajero divino, signo de su benevolencia con los hombres, a los que siempre quiere llenar de atenciones y cuidados;  así de bueno es el Señor:

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles, y los protege.
                                         Gustad y ved que bueno es el Señor,
Dichoso el que se acoge a él.

                    Bonita frase, ésta,  referida a la bondad de Dios, sobre todo,  por el don de La Eucaristía.  San Pedro la cita cuando dice a sus fieles, después de haber participado en la mesa del Señor, tomando el  alimento de su Palabra y de su Cuerpo y Sangre: “Habéis saboreado lo bueno que es el Señor” (1 P 2,3.)   
              
                    Inmensamente bueno es Dios, porque, en La Eucaristía,  nos reúne para participar de  la presencia real de Cristo  Resucitado; ya que, Jesús,  hizo de su vida una entrega total de amor,  que culminó con su muerte en Cruz por nuestra salvación.

                    El mismo Jesús nos había dicho: “YO SOY EL PAN DE LA VIDA”, y, a continuación: “Y EL PAN QUE YO OS DARÉ ES MI CARNE, PARA LA VIDA DEL MUNDO”.
                

                    Este pan bajado del cielo, nos revela la misericordia del Padre, y, al comerlo, nos va transformando en Hijos suyos y en hermanos de todos los hombres, con Jesús, en unidad y en amor. También es presencia, alimento vivo, pan partido, que nos fortalece en el trabajo de ir construyendo el  mundo que Dios quiere, en justicia y paz; realidad presente de lo que será en plenitud el Reino de Dios.

viernes, 3 de agosto de 2018

Domingo XVIII del T.O.-B

DOMINGO XVIII DEL T. ORDINARIO - B


EL SEÑOR LES DIO PAN DEL CIELO

Por Mª. Adelina Climent Cortés  O.P.

             
                    Desde siempre, Dios camina con los hombres en el peregrinar de la vida y, con su presencia acompaña nuestro tiempo, suavizando las dificultades que tiene y siente  todo caminante, como puede ser el hambre, la sed, el cansancio, la inseguridad...

                    El salmo 77  narra, con caracteres  sapienzales, el caminar de Dios con el pueblo de Israel, al que libera de la esclavitud  de Egipto y lo conduce por el desierto hasta la libertad en la tierra de promisión. Está considerado como uno de los “salmos históricos”, ya que describe los portentos  maravillosos realizados por Dios en este éxodo de la historia de Israel. El salmista,  los canta desde una fe agradecida a Yahveh,  siempre fiel y leal a La Alianza establecida con su pueblo, a pesar de sus muchas infidelidades, y con el fin de que, estos hechos,  queden siempre grabados en el recuerdo de todos y nunca caigan en el olvido:

Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
Las alabanzas del Señor, su poder,
las maravillas que realizó.

                    Ante la inseguridad que produce lo desconocido y el miedo que normalmente se tiene a  la libertad,  pronto, los israelitas, olvidaron la opresión vivida en la esclavitud y sintieron añoranza por lo que tenían y comían en Egipto, hasta poder saciarse, por lo que  llegaron  a tentar a Dios. Pero, Yahveh, que  siempre actúa con amor y  misericordia,  ALIMENTÓ AL PUEBLO CON UN PAN BAJADO DEL CIELO:                 

Dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
Hizo llover sobre ellos maná,
les dio pan del cielo.

                     “ES EL PAN QUE EL SEÑOR OS DA DE COMER” les dijo Moisés. De este pan, los israelitas cogían lo necesario para alimentarse cada día, el viernes cogían por adelantado lo del sábado, día de fiesta y descanso, y con este alimento y otras provisiones, Yahveh, les iba conduciendo hasta la heredad que les había asignado:              

El hombre comió pan de ángeles.
El Señor les mandó provisiones hasta la hartura.
Los hizo entrar por las santas fronteras
hasta el monte que su diestra había adquirido.

                    El maná que descendía del cielo, para que comieran los israelitas en el destierro, es símbolo del “PAN DE CADA DÍA”, que pedimos  los cristianos de todo el mundo en la oración del PADRENUESTRO. Oración que nos enseñó Jesús para dirigirnos a Dios, nuestro Padre. En esta oración, pedimos el  pan material para cada día y para todos los hombres. Y, con el fin de que pueda llegar a todos, se  nos exige compartir nuestros bienes materiales, con aquellos que no lo tienen asegurado. También, esta oración,  ha de movernos a trabajar por un mundo más humanitario y justo, donde todos tengan lo necesario para vivir con dignidad, sin que nadie pueda pasar hambre.
         
                    Más, el maná, es sacramento de Cristo Jesús, como Él mismo  nos lo dice: “YO SOY EL PAN DE VIDA”. Alimento éste, muy superior al maná, porque “no perece” sino que “perdura” hasta la vida eterna, saciando nuestra hambre de infinito: “EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE”


                    Alimento, que se nos ofrece en La Eucaristía a los que creemos en Él y queremos vivir siguiéndole en fidelidad.  Alimento, que es fruto de su amor entregado y salvador y que engendra comunión, fraternidad, servicio mutuo y una vida auténtica en justicia y verdad. Alimento, que comeremos en la mesa del cielo, en la fiesta y en el gozo que nunca acabarán.

sábado, 28 de julio de 2018

Domingo XVII del T. O.- B


DOMINGO XVII DEL T. ORDINARIO - B 

   ABRES TÚ LA MANO, SEÑOR, Y SACIAS DE FAVORES 

A TODO VIVIENTE


Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                       Porque Dios es Amor es inmenso su poder. Y la grandeza de su poder es tan sublime y llega a tanto, porque lo ejerce como Dios clemente y misericordioso,   siempre leal y fiel a sus palabras de promesa. Así, con su presencia salvadora, lo puede hacer todo y abarcar  el universo entero. Y, es tanta su abundancia y plenitud, que su mayor deseo y alegría es cubrir nuestras necesidades, las de todos los hombres, y ayudarnos en las ocasiones más difíciles. Así de humano, solícito, y cercano, es nuestro Dios y Señor, pues, de su bondad está llena toda la tierra.

                     La gratitud a este Dios tan providente, clemente y misericordioso para con todas sus criaturas, la expresa con fe, y la reza y canta el salmo 144, considerado como un himno de alabanza y de acción de gracias a Yahveh, Rey del universo, pues, siendo tan  grande en poder y majestad, sobresale, ante todo, por su  amor y bondad.

                     El salmista, después de haber  alabado personalmente a Yahveh, desde una fe llena de gratitud y reconocimiento; llevado de un entusiasmo desbordante, invita a todos los fieles y a todos los seres creados, a unirse  en alabanza  gozosa al Dios que, porque lo gobierna todo con cariño y suavidad, siempre atiende y nunca falla:

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.

                     Así, todos pueden confiar y esperar en este Dios, que rezuma abundancia y generosidad;  que le encanta ser humano y cubrir toda necesidad, hasta la más elemental; y que nunca quiere ver sufrir a las personas, y esto, hasta tal punto, que la alegría de sus fieles es su dicha y su propio gozo:
         
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres  tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

                    Y, como la justicia de Yahveh es su misericordia y lealtad; de su vida  y santidad están llenos  los caminos que nos van conduciendo a la plenitud de la Vida y de la felicidad. Transitando por ellos, nos sentimos envueltos por su cercanía y amor, si es que, de verdad, hacemos de nuestro vivir una búsqueda sincera y constante:

El Señor es justo en todos sus caminos,
Es bondadoso en todas sus acciones
Cerca está el Señor de los que le invocan
De los que le invocan sinceramente.
                         
                  
                    Este salmo, 144, nos muestra una escena “avance” de lo que comienza a ser  realidad, más plena y acabada, en la era mesiánica, en los tiempos nuevos que inaugura la persona de Cristo Jesús, el enviado del Padre, porque en Él, se nos manifiesta su misericordia y su amor de  manera desbordante.

                    La vida de Cristo Jesús, fue una verdadera y amorosa entrega de salvación. Siempre estuvo, sobre todo con los más necesitados, cercano y compasivo, haciendo  suyos los sufrimientos y la opresión de todos, a los que acogía con cariño, dándoles  esperanza y ánimo. Ante una multitud que le seguía para escucharle, multiplicó los panes y los peces, para que pudieran saciar el hambre que sentían: “repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron”. Y en su deseo de darnos vida, y vida abundante, entregará la suya por amor, con lo que ha llenado el mundo de salvación, inaugurando, así, su reinado definitivo, que no es de poder, sino de  verdad y de amor; reinado, en el que todos podremos  participar  y saciarnos de los bienes de Dios Padre, en su inmensa eternidad.

sábado, 21 de julio de 2018

Domingo XVI del T. O. -B


DOMINGO XVI DEL T. ORDINARIO- B

 EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTA

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                “El Señor es mi Pastor, nada me falta”. Hermosa oración con la que, los cristianos, nos dirigimos a Cristo Jesús, nuestro Buen Pastor; el  Pastor Bueno y Bello que da  su vida por las ovejas;  el que  siempre las cuida, regala y conduce hacia una vida más feliz y plena -como no lo puede hacer otro pastor- ya que, solo Él, las conoce y ama debidamente, al mismo tiempo que se deja conocer y amar por cada una de ellas.

                  Esta oración, tan conocida  y apreciada por todos,  es el salmo 22, de David, y configurado definitivamente en la época anterior al exilio. Está considerado como uno de los poemas más bellos, y, también,  como  verdadera obra de arte, por medio de la cual el orante expresa a Yahveh los sentimientos profundos de su fe. Tiene en cuenta la profecía de Jeremías: “suscitaré a David un vástago legítimo: hará justicia y derecho en la tierra”.

                    Profecía que se hace realidad en Cristo Jesús, el Buen Pastor, que, ante una multitud de gente “SINTIÖ LÁSTIMA DE ELLOS PORQUE ANDABAN COMO OVEJAS SIN PASTOR; Y SE PUSO A ENSEÑARLES CON CALMA”. En cambio, su generosidad y su amor entregado le llevarán  a morir por todos nosotros, para darnos vida con  su resurrección gloriosa.

En verdes praderas me hace recostar.
Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.

                 Es tanta la solicitud del Pastor por sus ovejas, que las reúne en un lugar ecológico, donde se da la  armonía y el equilibrio de la naturaleza; donde las conforta con los pastos de su enseñanza y con el alimento de su palabra; donde  las recrea y deleita con el agua que alegra, fertiliza y da vida; donde les da  sosiego con su presencia y seguridad: “VENIT VOSOTROS SOLOS A UN SITIO A DESCANSAR”.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
Tu vara y tu cayado me sosiegan.

                Y, es tanta su familiaridad, la confianza que nos da sin merecerlo, solo porque así se lo exige su  honor,  que, hasta podemos hablarle de “tú” como al mejor de los amigos.  Y, es  que, en realidad, se comporta como un compañero fiel,   que nos guía por el camino recto de la vida, siempre atento y solícito  ante las dificultades que encontramos cada día.

Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges con aceite la cabeza
y mi copa rebosa

                Mesa divina y adornada, manjar exquisito y abundante, fruto de un amor y de una entrega sin límites, que crea comunión, con gestos de consideración y de distinción. Eucaristía que integra y enseña a compartir y crear el Reino, implantando  la justicia y el derecho en la tierra: “Y LO LLAMARÁN CON ESTE NOMBRE: EL SEÑOR NUESTRA JUSTICIA“. (Jr. 23, 6)

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término
 

                  Es todo un anhelo de gozo en  esperanza, despertado en nosotros por la cercanía del Señor, por su gran bondad y misericordia, que nos enciende en deseos de participar en el festín de las Bodas del Cordero,  en el banquete eterno, donde contemplar la luz del rostro de Dios será nuestro premio definitivo. Vida eterna en posesión, la misma vida de Dios.

viernes, 13 de julio de 2018

Domingo XV del T. O.- ciclo B


DOMINGO XV DEL T. ORDINARIO - B 

MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA
Y DANOS TU SALVACIÓN

Por Mª Adelina Climent Cortes  O. P

       
                 “La salvación está ya cerca”, porque es de nuestro Dios y la concede  siempre que se la pedimos  con sinceridad de corazón, ya que, en todo momento nos escucha y se goza en complacernos, pues, en su ser, es amor, donación y gratuidad, y, de Él mana toda su acción salvadora.

                 De, este Dios, que siempre nos muestra su misericordia y nos da su salvación, nos habla el salmo 84, un canto de súplica comunitaria, con sentimientos de lamentación y al mismo tiempo de acción de gracias. Su origen es de  los tiempos del posexílio.

                 Una vez liberado Israel de la esclavitud del destierro de Babilonia, puede reconocer mejor la gravedad de sus pecados e infidelidades que la ocasionaron. Igualmente,  es capaz, ahora, de suplicar a Yahveh su intervención misericordiosa y liberadora, en orden a lograr la plena restauración de la nación, sobre todo,  en lo que respecta a su estado  moral y social, ya que, se siente incapaz de conseguirlo por sí mismo. Y, a esta súplica lamentatoria de Israel, responde Yahveh, en la persona del  orante de turno del templo, por medio de  un oráculo de bendición  y de su fiel cumplimiento:
   
Voy a escuchar  lo que dice el Señor:
“Dios anuncia la paz,
a su pueblo y a sus amigos”
La salvación está ya cerca de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra.

                 La paz de Dios, ha de ser recibida  por  los israelitas, como fruto de su perdón, ya que es imposible experimentarla sin la conversión del corazón, que mueve a un amor sincero a Yahveh y al hermano. Paz y salvación,  que llevan consigo la misericordia, la justicia, la fidelidad y todo lo que encierra la bondad de Dios. Paz y Vida de Dios, que es otorgada muy particularmente a sus fieles  y a sus amigos, que son los que nunca le  abandonan aunque las cosas no les sean favorables:
         
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la  justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra
y la justicia mira desde el cielo.

                 Y, también, esta vida salvadora de Dios, es copiosa bendición para todo el pueblo de Israel, como signo visible de su presencia entre ellos; presencia y gloria que se manifestará en la fecundidad de la tierra, y que traerá prosperidad y gozo para todos:

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La  justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.

    
                    También, y de manera extraordinaria, la gloria de Dios está y residirá       siempre con nosotros, EN SU HIJO CRISTO JESÚS, que nos la ha hecho visible y esplendorosa en su amorosa entrega salvadora, que le ha conducido a su muerte y resurrección gloriosa.

                     Cristo Jesús es el que rige nuestro mundo, y lo va convirtiendo en REINO DE DIOS. Para ello: “LLAMÓ A LOS DOCE Y LES FUE ENVIANDO DE DOS EN DOS, DÄNDOLES AUTORIDAD SOBRE LOS ESPÍRITUS INMUNDOS”. Con su Palabra y autoridad nos ha traído su paz, su perdón regenerador;  Lo mismo que, también es,  el que sigue viviendo entre nosotros después de resucitado y el que, con su ESPÍRITU, lo va recapitulando todo en Él.


                     Y, nuestra respuesta a este gran don de Dios, que es Cristo Jesús, ha de ser, un desear vivir en su seguimiento, como los primeros discípulos, siendo colaboradores de su misión, predicando el Evangelio y la conversión, y,  acogiendo  su vida de paz,  su perdón y su amor, de manera que, nuestro mundo, pueda crecer continuamente en justicia, en misericordia y en fidelidad, frutos de su Espíritu, que hacen  realidad el Reino y la magnificencia de su Gloria.