viernes, 17 de mayo de 2019

Domingo V de Pascua-C



DOMINGO V DE PASCUA - C

BENDECIRÉ TU NOMBRE
POR SIEMPRE JAMÁS.

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.

                    LA PASCUA DE JESÚS RESUCITADO, con su energía y vitalidad, nos sigue conduciendo hacia la plenitud de su triunfo, hacia su total glorificación: “ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él”. Y por este camino de vida, de luz, de alegría y de amor, transitamos todos los que vivimos acogidos a la salvación de Jesucristo.

                    Y, con gozo, bendecimos a nuestro DIOS, que ha RESUCITADO Y GLORIFICADO A CRISTO JESÚS, y que, a nosotros, nos da fuerzas y alegría para ser sus testigos, viviendo su misma vida de entrega y de amor.  Le alabamos, pues, cantando el salmo 144.

                    Este salmo, con características de himno, es un canto de alabanza, de bendición y de acción de gracias a la gloria y majestad de Yahveh, que, además de ser un Dios tan grande y poderoso, es, sobre todo, bueno y misericordioso con todas sus criaturas, a las que, en todo momento, cuida y atiende con amor cariñoso:

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
.
                    El salmista, después de bendecir a Yahveh,  desea que toda la creación,   obra de sus manos, y  todos los fieles devotos,  bendigan su grandeza, proclamen el esplendor de la gloria de su Reinado y  hablen de los portentos que siempre realiza:

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.

                    Así,  Yahveh, ha de ser bendecido porque, no solo ejerce su excelsitud y poder a favor de Israel, su pueblo elegido, sino,  en todo el universo y a través de todas las edades, pues la gloria de su majestad  invade todo lo creado y durará por siempre:


Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno ve de edad en edad.

                    Para nosotros, el Rey victorioso y majestuoso, que extiende su gloria por todo el universo y que lo abarca y transforma todo, para   hacerlo nuevo, es JESUCTISTO RESUCITADO y GLORIFICADO por el PADRE, el que,  ha inaugurado para toda la humanidad su Reinado, y quiere que todos participemos de su glorificación. Mas, con este fin, antes de partir al Padre, nos dio un mandamiento nuevo: “que os améis unos a otros como yo os he amado” pues, el amor a todos, es el único camino que puede conducirnos a la gloria del paraíso e introducirnos en él.

                    El cumplimiento de este mandamiento ha de  comprometernos de verdad; pues, nos obliga a amarnos unos a otros, como hermanos, hasta entregar la propia vida por los demás, como lo ha hecho Cristo Jesús, y, ha de ser y  es, la señal más auténtica para nuestro mundo, de que somos sus discípulos, invitados por Él a ser testigos de su Vida, con el fin de que, también otros, le puedan conocer, amar y seguir;

                    “La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros” 

                    Pero, este amor tan grande, tan auténtico y tan nuevo, solo se puede conseguir con la ayuda y la fuerza del ESPÍRITU DE JESÚS, que nos hace vivir en comunión con Él y con el Padre, hasta que también nosotros gocemos de la plena y eterna glorificación en el Cielo.

viernes, 10 de mayo de 2019

Domingo IV de Pascua-C



DOMINGO IV DE PASCUA - C

SOMOS  SU  PUEBLO  Y  OVEJAS  DE  SU  REBAÑO

Por Mª Adelina Climent Cortés O.P.


                    Jesús, EL RESUCITADO, se nos presenta hoy como el BUEN PASTOR que, después de entregar su vida por amor y para la salvación de todos los hombres, con la   novedad y el  ímpetu de su Resurrección nos va conduciendo amorosamente, como ovejas de su rebaño, hasta introducirnos, con Él, en la heredad de su Reino, donde, felizmente, participaremos de la fiesta del Banquete Eterno, preparado para los suyos en la mansión del Padre.

                    Y, nosotros, sumamente agradecidos, ensalzamos y bendecimos a Jesús, nuestro BUEN PASTOR, con el salmo 99. Este canto “procesional”, es un himno de alabanza, de acción de gracias y de bendición a Yahveh, el Dios siempre bueno, fiel y leal a La Alianza establecida con su pueblo.  Comenzamos, acogiendo con entusiasmo la invitación alegre y jubilosa que hace el salmista en los primeros versos:

Aclamad al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

                 Nos recuerda el salmista, que somos del Señor, porque con amor nos creó; y que, le pertenecemos por encima de todo, como cosa suya, como heredad propia, como ovejas de su rebaño, al que, con tanta dedicación y delicadeza cuida y alimenta, mientras lo conduce hacia “fuentes de aguas vivas”, hacia la vida plena, donde nos tiene preparadas “verdes praderas” para nuestro descanso y felicidad eterna:

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

                    Y, el salmista, no se cansa de alabar y bendecir al Dios de La Alianza, que siempre es bueno,  fiel, y ama a los suyos, con el fin de darles lo mejor, la abundancia de su vida y la alegría de su amor:

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.

                    La imagen del Buen Pastor nos invita a seguir a Cristo Jesús Resucitado, que, con tanta bondad y delicadeza nos lleva hacia la meta definitiva: al Padre. Pero, eso sí, hay que seguirle, no de cualquier manera, sino escuchando con atención su voz, su palabra y sabiendo que, Él, nos conoce a cada uno hasta lo más hondo de nuestro ser, y que, siempre nos ama con predilección. También desea que nos escuchemos los unos a los otros y que vivamos unidos en comunión de vida y en auténtica fraternidad.

                    Pero, seguir a Jesús, hasta nuestra resurrección plena, es vivir como Él vivió, con un amor servicial, entregado y salvador; es hacer nuestra su palabra evangélica y darla a conocer, es alimentarnos de su Cuerpo y Sangre, expresión de su amor entregado, y es, amar a los hermanos, sobre todo a los más pobres, compartiendo lo que somos y tenemos, edificando un mundo mejor para todos.

                    Y, esta unión con CRISTO JESÚS, EL RESUCITADO, ha de llevarnos, por precisión, a la comunión con el Padre, porque así nos lo dice Él:

“YO Y EL PADRE SOMOS UNA MISMA COSA”.

viernes, 3 de mayo de 2019

Domingo III de Pascua- C



DOMINGO III DE PASCUA – C

TE ENSALZARÉ, SEÑOR, PORQUE ME HAS LIBRADO

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P..


                    Es un gozo inmenso saber y experimentar que EL RESUCITADO vive y está entre nosotros, en nuestras vidas. Que en todo momento podemos sentir su cercanía, sus atenciones, sus cuidados. Que podemos reconocerle en lo más entrañable y cotidiano que realizamos, descubrirle con emoción y poder decir: “ES EL SEÑOR” sintiendo la inmensa alegría de su proximidad y de su amor... Y, todo esto, debido a que, LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR nos permite vivir en La Vida Nueva que ha instaurado, la que nos hace Hijos de Dios Padre, a todos los que, en Él, nos consideramos hermanos.

                    Y, si Dios, en LA RESURRECCIÓN DE CRISTO JESÚS, nos da motivo de tanta alegría y gozo, al liberarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte en que vivíamos, ahora, nosotros, agradecidos por su salvación, nos disponemos a proclamar el salmo 29, un canto de alabanza y de acción de gracias, que rezó por primera vez un yahvista enfermo y perseguido, pero que, recobró la vida cuando, estando muy grave, Yahveh le libró de la afrenta de la muerte:

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos  se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

                    Contento y agradecido el salmista por la intervención salvífica de Yahveh en su vida, invita a sus amigos piadosos, los que siempre y en toda ocasión se muestran fieles al Señor, a unirse a él en alabanza festiva y de acción de gracias, ya que, la bondad y la compasión de Yahveh exceden, de manera incomparable, a sus momentos de enfado:

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante,
su bondad, de por vida.

                    El salmista sigue aclamándose a Yahveh, con la plena seguridad de que siempre y en todo momento obtendrá su salvación. Y, esta experiencia de fe tan firme y nueva que ahora tiene, ha de ser siempre para él, motivo de sincera alegría, de júbilo, y de agradecimiento:

Escucha, Señor, y ten piedad de mí,
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas,
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

                    Y, así, y de esta manera,  es La Vida Nueva que Dios crea para todos nosotros con su PASCUA SALVADORA. Estamos llamados a una esperanza firme y fecunda que debemos vivir en perenne gozo y alegría, ya que, nuestra meta no es la muerte sino La Vida eterna, la gloria del cielo con Cristo Jesús y junto a Dios Padre.

                   Nuestro quehacer, ahora, ha de ser vivir y alimentar esta esperanza, fruto de nuestra fe, siendo en todo momento testimonios creíbles de JESÚS RESUCITADO vivo y presente en medio de nosotros, ante todos los hombres y en todo lugar; empeño que conseguiremos con la fuerza del Espíritu y con el alimento de su Cuerpo y de su Palabra evangélica:

                    Y, viviendo desde este conocimiento amoroso con Jesús, ha de ocurrirnos, lo que a los discípulos, cuando les dijo, como narra el Evangelio: -“Vamos, almorzad. NINGUNO DE LOS DISCÍPULOS SE ATREVÍA A  PREGUNTARLE QUIEN ERA, PORQUE SABIAN QUE ERA EL SEÑOR”.

                    No nos cansemos, pues, de ensalzar a nuestro Dios con gozoso agradecimiento, siguiendo y testimoniando a JESÚS RESUCITADO, pues Él es, quién introducirá a toda la humanidad en la gloria del Padre Dios, por toda la eternidad.

viernes, 26 de abril de 2019

Domingo II de Pascua (Dom. de la Misericordia)




DOMINGO II  DE PASCUA - C


SEA NUESTRA ALEGRÍA Y NUESTRO GOZO

Por Mª Adelina Climent Cortés  OP.


                    Es grande nuestra alegría y profundo nuestro gozo, porque verdaderamente ha resucitado el Señor. Obra maestra de Dios y la más maravillosa que ha hecho a favor de La Humanidad: RESUCITAR A JESUCRISTO, de entre los muertos, para NUESTRA SALVACIÓN, ha sido fruto de su divina misericordia y de su infinito amor para con nosotros los hombres, esclavos del pecado, de las obras de la ley, y del miedo a  la muerte. Evento divino, este, que, con esperanza y júbilo, hay que pregonarlo por doquier, para que,  todos los pueblos, puedan experimentar y cantar la grandeza y sublimidad de su TRIUNFO Y VICTORIA y alabarle,  como al único soberano, Rey de Reyes y Señor de los Señores.

                    Y, porque, LA RESURRECCIÓN GLORIOSA DE JESUCRISTO es para nosotros motivo de tanta felicidad,  alegría y  gozo, debemos dar gracias a Dios desde lo hondo de nuestro corazón y en nombre de toda la creación, por Él rescatada y liberada; y, lo hacemos, cantando el salmo 117, salmo de gratitud y alabanza a Yahveh, el Dios fiel de La Alianza con su pueblo, pronto, siempre, a escuchar, proteger y perdonar a los que se acogen a su bondad y misericordia:

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

                    Israel, que fue desechado como piedras sin valor, por ser el más pequeño e insignificante de los pueblos, se convierte, por su misión universal y salvadora, en la piedra angular, sobre la que se irá edificando la salvación  de Dios hasta que llegue a su plenitud. Así, en el nuevo Israel, que es La Iglesia, JESÚS, EL SEÑOR, será la “piedra angular” por excelencia, PIEDRA VIVA: “A quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos” para nuestra salvación y justificación:

La piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.

                    También, el pueblo de La Nueva Alianza, La Iglesia, acoge La Salvación de Dios, en JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR, con júbilo y agradecimiento. Una salvación que tiene que ver con el aquí y el ahora de nuestras vidas, y que, hemos de proclamar en el universo entero, pues, nada hay verdaderamente humano, que no encuentre eco en el corazón de sus seguidores.


Señor, danos la salvación,
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios: Él nos ilumina.   

  
                    Más, porque, CRISTO VIVE RESUCITADO y en todo momento le podemos contemplar en medio de nosotros, nuestra vida ha de ser siempre alegre y gozosamente  esperanzadora, aflorando motivos de credibilidad para los que, sin haber visto,  se esfuerzan en creer y seguir a Jesús e implantar su Reino, que ha de transformar toda la creación.

                    También, los cristianos, los seguidores del SEÑOR RESUCITADO, estamos llamados  vivir su paz, su misma vida de amor y  comunión con el Padre y con todos los hermanos, y, así, poderla transmitir a los demás, en un mundo amenazado por la guerra y el terrorismo.

                    Y, porque, hoy y todos los días, podemos decir y cantar con júbilo: ¡EL  SEÑOR HA RESUCITADO! ¡ALELUYA! Vivamos realizando signos de salvación pascual, contagiando su Bondad,  su Verdad, y su Amor, a toda la humanidad. Y, pues, ha RESUCITADO EL SEÑOR, a ÉL sea nuestro agradecimiento, alegría, alabanza y gozo. AMÉN.

viernes, 19 de abril de 2019

Domingo de Resurrección



DOMINGO DE RESURRECCIÓN
(Misa del día)

  ESTE ES EL DÍA EN QUE ACTUÓ EL SEÑOR

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.
 

                    “Sea nuestra alegría y nuestro gozo” ¡HA RESUCITADO EL SEÑOR! ¡Aleluya!, ¡Aleluya!, ¡Aleluya!

       ¡ES LA PASCUA DEL SEÑOR!. Día de júbilo y regocijo; FIESTA, LA MÁS GRANDE Y HERMOSA, que ha de ser anunciada a toda la humanidad. Celebramos la gran victoria, el triunfo de Cristo Jesús, que abre, para todos, las puertas del cielo, ya que, LA VIDA HA VENCIDO A LA MUERTE, la gracia al pecado, la luz a las tinieblas, lo nuevo a lo viejo, el amor al odio, la paz a la guerra, la libertad a la esclavitud...

                    “Este es el día en que actuó el Señor”, mensaje que  proclamó Israel después de una difícil victoria y que, ahora, ha de ser pregonado por los cristianos a todo el mundo, con jubilosos cantos y vítores, pues “HA RESUCITADO EL SEÑOR” y toda la humanidad, que ya es una creación nueva, está invitada, a una gozosa alabanza de amor y gratitud:
                  
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

                    “Sea nuestra alegría y nuestro gozo”, porque  nuestro Padre Dios, con su fuerza y poder, ha resucitado a su Hijo Cristo Jesús, y, con Él, hemos resucitado  todos nosotros a una vida nueva. Ha quedado la tumba  abierta y  vacía, y La Vida ha llenado el mundo de energía, de amor, de esperanza y de felicidad:

La  diestra del Señor  es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré,
para contar las hazañas del Señor.
                  
                    “Este es el día en que actuó el Señor”. Así  lo proclama nuestra fe en Jesucristo, el Señor del Universo, ya que, su RESURRECCIÓN GLORIOSA, es la mejor noticia para todos.  Una Buena Noticia para el mundo entero, que, desde ahora, ha de sentirse salvado, llamado a buscar las cosas de arriba, que son las que agradan a Dios. Salvación, que se va verificando de manera cada vez más plena en el Reino que, con su RESURRECCIÓN, ha iniciado CRISTO JESÚS, siendo, a la vez,  su fundamento, sobre el que se irá construyendo hasta su plenitud, porque, todo quedará instaurado en Él, y, su gloria, será la nuestra, la de toda la humanidad:

La piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

                    “Sea nuestra alegría y nuestro gozo”,  que hemos de hacer creíble a nosotros mismos y a los demás, hasta que sea vida y experiencia de todos; y que, nos llevará a vivir unidos a Cristo Jesús, en pascua permanente, en cruz y resurrección; es decir, haciendo de la vida una donación generosa de amor y de servicio, en solidaridad con las víctimas y los más sufrientes de la humanidad, pero, desde la seguridad de sabernos resucitados y salvados, y, por lo tanto, vencedores de todo lo malo que abruma a nuestro mundo, que, quedará extinguido por LA LUZ RESUCITADFORA DE CRISTO, haciendo  posible que la gloria de Dios lo llene todo de novedad y plenitud.  

                    ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!  ESTE ES EL DÍA EN QUE ACTUÓ EL SEÑOR SEA NUESTRA ALEGRÍA Y NUESTRO GOZO. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Viernes Santo


VIERNES SANTO

PADRE, A TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU

Por M. Adelina Climent Cortés  O.P.

                    Nos conmueve hondamente escuchar y meditar las palabras de Lucas, el evangelista,   puestas en labios de Jesús, en el momento cumbre de expiar en La Cruz: PADRE, A TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU. La vida de Jesús, su verdad, su amor entregado, ha llegado a su plenitud. Vida, que Dios Padre, recibe, abraza y transforma en salvación para la humanidad y todo lo creado.

                    Y, este Misterio de donación y dolor, se celebra solemnemente hoy, VIERNES SANTO, en el que adoramos  LA CRUZ REDENTORA DEL MESÍAS JESÚS. Es, también, Día de Gracia y de agradecimiento: nuestro REDENTOR Y SALVADOR, ha vencido,  ha transformado el pecado, junto con el  mal y la iniquidad del mundo, y, también, el miedo que se tenía a la muerte.

                    Por lo que, llenos  de amor y gratitud a nuestro MESÍAS Y SALVADOR, meditamos y oramos el salmo 30, del que están tomadas las palabras que pronuncia  Jesús, en el momento cumbre de su abandono en los brazos amorosos del Padre.

                    Este salmo, narra la experiencia de fe de un inocente, que, se ve, muy calumniado y perseguido por sus enemigos, pero que, en su gran dolor y humillación, sabe suplicar a su Dios, Yahveh, del que está seguro conoce su inocencia, y, también, porque es el único Dios que, siempre  y en toda ocasión, atiende, protege, y salva a cuantos le invocan:
      
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
Tú, el Dios leal, me librarás.

                    El salmista, que ha  confiado plenamente en la salvación de Yahveh, pasa a describir el sufrimiento que le ahoga, con expresiones propias del género literario de “lamentación individual”, y sirviéndose de  imágenes del vivir sencillo y cotidiano:

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.

                    Desde una fe profunda, el salmista sabe que, su Dios, Yahveh, por su misma bondad y lealtad para con sus fieles, ha de protegerle, ya que, siempre y únicamente en Él, ha puesto su confianza:

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: “Tú eres mi Dios”.
En tus manos están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.

                    Ya liberado de su angustia, el orante prorrumpe en alabanzas a su Dios, Yahveh, e invita a la asamblea a que se unan a su acción de gracias y pongan, siempre, su confianza en  Él.

Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor.
                                   
                    Pero, el sentido escatológico del salmo nos mueve a contemplar, de nuevo,  a JESÚS EN LA CRUZ. Desde ella, enseña la verdad a quienes le miramos; y su verdad salvadora está hecha de donación y de entrega absoluta a Dios Padre y a los hombres, de manera que, todos los cristianos, todos sus seguidores, estamos invitados a vivir como Él vivió.

                    Más,  contemplar a Cristo Jesús, mirar al que ha sido atravesado, es llenar nuestro corazón de deseos de amor y de libertad, para hacer transparente su salvación, desde nuestro testimonio de sencillez y pobreza; para gloriarnos sólo de su Cruz, para acoger la misericordia y el perdón que irradia su rostro misericordioso y, para besar la llaga de su costado, manantial de gracia divina, siempre abierto al  perdón, a la ternura y a la compasión.

                    Y, mirar de nuevo a Jesús, es sentirse atraído por Él, hasta hacer nuestros sus mismos sentimientos y la verdad de su Vida, amando como Él amó, hasta el extremo, viviendo su justicia y su paz, su predilección por los más pobres y sencillos, su aliento y consuelo a los enfermos, y su misma comunión de amor con el Padre.
 
                     Adoremos, pues, en profundo silencio “AL QUE EN LA CRUZ DEVUELVE LA ESPERANZA DE TODA SALVACIÓN”. A Él honor y gloria por siempre. Amén.

Jueves Santo



JUEVES SANTO

EL CÁLIZ QUE BENDECIMOS
ES LA COMUNIÓN DE LA SANGRE DE CRISTO

Por M. Adelina Climent Cortés  O.P.


                    EL JUEVES SANTO, es un día  de acción de gracias, por habérsenos  manifestado, más que nunca, el  Amor de nuestro Dios. Amor, que ha sido  derramado en beneficio de todos. Amor, que salva y vivifica, Amor sublime, que enseña a amar y a vivir en el amor. Este Amor, es el de Cristo Jesús: “LOS AMÓ HASTA EL EXTREMO”. Amor, también, entregado, y que se hace presencia y compañía en LA EUCARISTÍA, instituida y celebrada por Jesús, como sacrificio de expiación y comunión, en el PAN PARTIDO Y VINO OFRECIDO, y que, es, anuncio de su pasión, muerte, y resurrección.

                    Por eso, hoy, en La Celebración Eucarística, MEMORIAL y SACRAMENTO SALVADOR, banquete pascual, fusión de los fieles en el Señor y entre sí, anticipo del banquete escatológico, alabamos a Dios Padre con el salmo 115; oración de acción de gracias con sentido sacrificial, que hace más sublime y perfecta la  alabanza  que se ofrece, por ser fruto, no solo de un rito externo, sino, de un espíritu sincero y agradecido a Dios:

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.

                    Haciendo propios los sentimientos del salmista, que desea ofrecer la acción de gracias en una libación litúrgica: alzando la copa de la salvación   e invocando el nombre del Señor –símbolo del cáliz que bendecirá  Jesús-, nuestro deseo ha de ser, agradecer a Dios habernos dado a su propio Hijo Cristo Jesús, nuestro salvador, y  haber querido, éste, antes de morir, sentarse a la mesa con los hombres y  permanecer siempre con nosotros en La Eucaristía. MISTERIO GRANDE Y EXCELSO DE AMOR Y DE COMUNIÓN.      

                    Pero, el salmista, aporta más razones:

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas.

                    También, nosotros, todos los cristianos, hemos de ver con humildad, que el Señor, aunque algunas veces nos prueba para nuestro bien, nunca quiere la muerte de sus hijos, nuestro mal definitivo,  y, que, para librarnos de ella, aceptó la muerte de su propio Hijo, Cristo Jesús, con la que  rompió, de una vez para siempre, todas nuestras ataduras.

                    Agradecido, el orante, dice a Yahveh:  

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos,
en presencia de todo el pueblo.

                    Nosotros, todos los cristianos, también  hemos de cumplir nuestros votos de acción de gracias y de alabanza,  ante el altar eucarístico, uniendo nuestro sacrificio espiritual al de Cristo Jesús, en oblación y glorificación al Padre y en amor  y entrega a  los hermanos.

                    Y, este deseo de  vivir en comunión de vida con Cristo Jesús, y con  nuestros hermanos,  debemos acrecentarlo con el alimento nutritivo de La Eucaristía; porque, de esta manera,  el CUERPO DEL SEÑOR, CON SU SANGRE, nos ayudará a vivir su misma vida de amor  y entrega, desde el servicio, la reconciliación mutua, y en renovación de vida interior: todo, fruto de una pascua nueva y eterna, como es  LA PASCUA DE CRISTO JESÚS.