sábado, 10 de noviembre de 2018

Domingo XXXII del T. O. -B


DOMINGO XXXII DEL T. ORDINARIO - B

ALABA, ALMA MÍA, AL SEÑOR

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                       Nos encontramos ante una oración sálmica, que ensalza y describe la bondad salvadora de Dios, siempre fiel y atento con los que, sincera y confiadamente, le invocan y, de manera especial, con los que sufren la pobreza y la marginación:
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                       En la primera lectura bíblica de La Misa vemos como protege a la viuda pobre,  que recogía leña para cocer un pan con la poca harina y aceite que le quedaba, comer ella y su hijo y después morir. Más, el profeta Elías le pidió agua y un trocito de pan, insistiendo, a la vez, que se lo trajera antes a él, y que, después, lo haría para ella y su hijo. “Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías y comieron los tres, pero: NI LA ORZA DE HARINA SE VACIÓ, NI LA ALCUZA DE ACEITE SE AGOTÓ, como lo había dicho Dios, por boca del profeta”.

                     Y, la oración que alaba y ensalza esta bondad del Señor, es el salmo 145. Pertenece al grupo de los “aleluyáticos”, los cinco últimos del salterio. Tiene características de himno, y también de “salmo didáctico” y su origen es del tiempo posterior al exílio.

                     El orante, se invita así mismo a alabar y bendecir a Yahveh como Rey y Creador del universo, pero, también, por ser el  Dios cercano y compasivo con los más sencillos y humildes. Y, a continuación,  expone los motivos que le mueven a esta alabanza agradecida:

Alaba, alma mía, al Señor:
Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

                    Yahveh, es un Dios que reina con justicia y equidad, pero, que nunca se complace en su grandeza y poderío, sino, que, vive y sufre, con los que se lo pasan mal, y se dedica a  auxiliarlos con su misericordia, que siempre le acompaña, llenándolo todo de amor:

El Señor liberta a los cautivos.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.

El Señor sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

                    Y, este reinado, del Dios Yahveh, tan diferente al de los demás reyes, en la manera de ejercer el poder desde Sión, será duradero y para siempre. Y, precisamente, por esta cercanía y seguridad que ofrece a sus fieles, es digno de todo reconocimiento y de ser ensalzado y alabado por todos y en todo momento:

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.


                  Nosotros, los cristianos, alabamos y bendecimos a Dios, porque, su fidelidad y misericordia, se nos han manifestado plenamente en su hijo Jesucristo, el que hizo de su vida una entrega de servicio y amor a todos los hombres; pero, con predilección, a los más afligidos y menesterosos, hasta llegar a proclamarlos dichosos y herederos del Reino de los cielos, dándonos a entender así, que, en esto consiste precisamente, La Buena Nueva que Él vivió y proclamó:

                    En la lectura evangélica, al ver que una viuda pobre  echaba dos reales en el cepillo del templo, dijo a los discípulos: -“Os aseguro que esta pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque, los demás, han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, HA ECHADO TODO LO QUE TENÍA PARA VIVIR”

                    Y, esta misma vida de entrega y donación de Cristo Jesús hasta su muerte en Cruz,  es la que tiene  que vivir, en pobreza, cada uno de sus seguidores. Es una vida que exige valentía y constante conversión, pero, que es eficaz y salvadora, como fue la de Él, por ser la única que puede transformar el mundo haciéndolo más humano y cordial.

                    Vida y entrega, que consiste en vivir la solidaridad con todos, en el saber compartir lo que tenemos, en el servicio y la gratuidad, la justicia y la paz; es decir, en los valores que hizo suyos Cristo Jesús y que hacen visible el Reino, la vida en plenitud que viviremos en el Cielo.


viernes, 2 de noviembre de 2018

Domingo XXXI del T. O. -B


DOMINGO XXXI DEL T. ORDINARIO – B


YO TE AMO, SEÑOR, TU ERES MI FORTALEZA


Por Mª Adelina Climent Cortés  O P.

                    Nuestro Dios y Señor, con su poder, es quien dirige y orienta la vida de todos sus Hijos hacia la plenitud del amor y nos fortalece en el camino difícil y costoso que conduce  a él. Quiere que  vivamos centrados en lo esencial de su existencia: DIOS ES AMOR, y, también de la nuestra,  pues hemos sido hechos a su imagen y semejanza.

                    Agradecidos a su voluntad, y porque nos ayuda a realizarla, le alabamos y bendecimos cantando el salmo 17. Poema, que, en su posterior redacción y uso litúrgico, podría ser  de la época del preexilio. Es un salmo de acción de gracias al Dios que nos ama, y, porque nos ama y protege, merece todo nuestro amor y atención.

                    El orante, con entusiasmo y emoción, va declarando a Dios  su amor, que, por ser tan grande, no lo puede contener su alma, para decirle, que, el amor que le profesa es lo más valioso que posee, lo que mejor le puede ofrecer, pues todo él, está amasado de ternura, agradecimiento, admiración, dulzura y pasión:   

Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza,
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

                    El salmista, impulsado y agradecido por este amor, sigue piropeando a su Dios Yahveh, atribuyéndole los títulos honoríficos más estimados en su pueblo y  cultura. Todo le parece poco para ensalzar su divinidad, pues, está seguro que fue Él quien lo libró porque le amaba, del peligro de muerte que le amenazaba:

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.

                    De nuevo, un grito de júbilo y alegría,  brota de los labios del salmista, fruto de la fidelidad a su Dios. Es una oración que desata la ternura de su  incomprensible amor hacia ÉL. Todo un desahogo del corazón que ama con pasión al que le ha salvado y liberado, solo por su gran amor.

                    Y, el último verso de los escogidos para la celebración dominical, indica que el fiel y agradecido orante que ama tanto  a Yahveh,  desde el inicio del salmo  es el Rey. Pero lo importante y lo  más admirable, de este personaje regio, es su humilde piedad y su desbordante agradecimiento:

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tu  diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido.

                    En sintonía con el salmo, que define el amor como EL CENTRO DE NUESTRA EXIXTENCIA, la lectura bíblica del Deuteronomio nos dice:

                    “Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios es solamente uno. AMARÁS AL SEÑOR, TU DIOS CON TODO EL CORAZÓN, CON TODA EL ALMA, CON TODAS LAS FUERZAS” Y También: “Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado”

                    Y, en el Evangelio, cuando un letrado, asombrado ante la sabiduría y las enseñanzas de Jesús, le pregunta: ¿Qué mandamiento es el primero de todos?, le responde:

                    “El primero es: ‘Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor, AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO EL CORAZÓN, CON TODA EL ALMA, CON TODA TU MENTE, CON TODO TU SER“. El segundo es este: ‘AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO’ No hay mandamiento mayor que estos”   

                    “Y, si alaba el letrado la respuesta de Jesús; viendo éste, el Maestro, que había respondido sensatamente, le dice: “No estás lejos del Reino de Dios”


                    Pero vivir en el Amor y para el Amor, no es cosa fácil; por eso, el camino para conseguirlo es el del seguimiento de Cristo Jesús. Su ejemplo ha de arrastrarnos a vivir como Él vivió, amado al Padre y amándonos a todos nosotros, hasta morir y resucitar por nuestra salvación. Y con este fin se nos da, también, en La Eucaristía como alimento sabroso que nos fortalece y nos va asemejando a Él hasta que consigamos ser uno con  Él y con el Padre en el AMOR INMENSO del Espíritu Santo. 

jueves, 1 de noviembre de 2018

Conmemoración de los fieles difuntos


CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS 

EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTA

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.


                    Con gesto de amor y generosidad dice Dios, por boca del profeta Jeremías: “Yo mismo reuniré al resto de mis ovejas...” convirtiéndose, así, en el PASTOR BUENO y leal de Israel y de todos los que le buscan, a los que siempre manifiesta su ternura y su amor, mientras los conduce a LA VIDA Y FELICIDAD ETERNAS.

                    El salmo 22, desde el sentido de La Alianza Yahveh-Israel, nos habla de este PASTOR BUENO, diferente a los demás pastores, porque solo busca el bien de sus ovejas. También nos invita el salmo, a proclamar nuestra total confianza  en el Dios, que siempre nos acompaña con solicitud, sabiduría y poder.

                     Este poema, tan amoroso, tan conocido y estimado por todos y que, tanto invita a la piedad, también nos inunda de consuelo y de sentimientos de acción de gracias. Con Dios lo tenemos todo y nada nos falta: nos instruye con su palabra, nos restablece y sana, nos tranquiliza y sosiega con su cernía:

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.

                    Dios, goza, acompañando nuestra vida por senderos de justicia, de paz y de amor; es decir, por caminos de rectitud, que son sus caminos de salvación:

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

                    Si nos atemoriza la soledad, el pecado, o incluso la muerte, sabemos que “su compasión no se acaba, antes bien se renueva cada mañana”:

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

                    Y, es tanta la solicitud de Dios que, además de PASTOR, se nos muestra como hospedero, pues, nos acoge y alimenta, nos colma de atenciones, y hasta nos trata con distinción y exquisitez:

Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

                    Versos, estos, que anuncian el BANQUETE EUCARÍSTICO DE JESÚS, celebrado antes de su muerte y resurrección, en el que se nos da como comida y bebida, manifestándonos así la bondad de Dios Padre, que nos ama hasta el extremo y que, con la fuerza de este alimento, nos va conduciendo a su misma gloria:

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida.
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.


                    Para los cristianos, JESÚS es nuestro BUEN PASTOR y, su ESPÍRITU, nos va conduciendo, con amable solicitud, a La Casa del Padre, donde, resucitado, mora con Él, esperando la llegada de todos nosotros, sus seguidores.

                    Jesús, antes de despedirse de los suyos y subir al cielo, nos dijo: “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”.


                    Por eso, rezar hoy este salmo, en la conmemoración de los fieles difuntos, nos llena de esperanza, consuelo y júbilo, ya que, podemos decir con toda seguridad y confianza: “habitaré en la casa del Señor por años sin término”, participando en el banquete definitivo del REINO DE DIOS PADRE.

martes, 30 de octubre de 2018

Solemnidad de todos los santoS


TODOS LOS SANTOS

ESTOS SON LOS QUE BUSCAN AL SEÑOR


Por Mª Adelina Climent Cortés  O P.


                    Con gozo y júbilo celebramos LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS; de los que ya viven en Dios para siempre y en comunión con nosotros, los que  peregrinamos hacia la patria definitiva. Estos bienaventurados supieron, desde la fe y el amor a nuestro Dios y Padre y a todos los hermanos, hacer de sus vidas, un camino de seguimiento y de búsqueda de La Verdad y el Bien, por lo que, ahora,  ya gozan  de La Vida plena  junto a Cristo Jesús, el que, con su Resurrección, nos abrió las puertas del paraíso, después de habernos justificado con su entrega y amor. También, LOS SANTOS, son NUESTROS INTERCESORES, los que, con MARÍA  y los ÁNGELES, nos ayudan a avanzar por el  camino de la vida que conduce al cielo.

                    Y, al  contemplar, en el Apocalipsis, la felicidad eterna de los justos, y el gozo de la muchedumbre de fieles “DE TODA NACIÓN, RAZA; PUEBLOS Y LENGUAS DE PIE DELANTE DEL TRONO Y DEL CORDERO”, nos unimos a esta liturgia de alabanza y bendición de LOS SANTOS, con el salmo 23, dando gracias a Dios, por habernos destinado a su glorioso y excelso Reino.

                    Este salmo, es un himno alegre y gozoso, que se cantaba en las subidas en procesión al Templo, donde residía la gloria de Dios en toda su majestad y esplendor; y que, revive, la entrada del Arca en el primer santuario de Sión. En este canto, el orante invita a toda la tierra a alabar con alegría y acción de gracias a Yahveh, como Rey y Señor de todo lo creado:

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

                    El salmista,  pregunta, quién podrá subir al monte del Señor, es decir, hasta Dios, dando él mismo la respuesta. Sabe que la condición indispensable para entrar en el santuario donde se encuentra el trono de Yahveh, es, la pureza de corazón, que es un aspecto básico de la santidad, ya que, todo el que es limpio de corazón está ya viendo a Dios, pues, en su inocencia y rectitud, se mira, y resplandece la misma grandeza y santidad del Señor. También lo dijo Jesús: “DICHOSOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS”:  

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón.

                    El que tiene un espíritu íntegro, confía siempre en la bondad de Dios y en su infinita misericordia y, camina hacia Él, con sinceridad, en el cumplimiento de la ley; y, el mismo  Dios lo acepta, complacido, saliendo con amor a su encuentro. También  está capacitado para recibir la bendición del Señor y todos sus dones de bondad y de salvación:

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de Salvación.

                    Y, en Jesús de Nazaret, vemos los creyentes, al hombre inocente y limpio por excelencia; el que siempre vivió su fe según la ley del amor, hasta defenderla con la entrega de su propia vida, pero, con la esperanza de que, Dios, nunca lo abandonaría, como así fue, ya que, LA RESURRECCIÓN de CRISTO JESÚS, se ha convertido en VIDA ETERNA para todos los redimidos.

                    Agradecidos, hoy, cantamos su victoria y la nuestra. CRISTO JESÚS, ES VIDA Y SALVACIÓN, para todos los hombres, llamados a ser SANTOS, hijos de Dios y herederos de su Reino. Y, es el mismo Jesús, el que nos introduce en La Vida Eterna, en la que, Dios Padre, se nos manifestará y “SEREMOS SEMEJANTES A ÉL, PORQUE LE VEREMOS TAL CUAL ES”.


                    Importante, para nosotros, ha de ser el experimentar, cada día, la alegría de ser hijos de Dios y hermanos de Jesús, por haber creído en Él; y, de esta manera, los que están alejados de esta felicidad, podrán descubrir en nuestro amor y en nuestro actuar, la gran fuerza salvadora de Dios, la que nos santifica y nos va conduciendo hasta la plena felicidad, de la que gozan ya TODOS LOS SANTOS en el CIELO.

viernes, 26 de octubre de 2018

Domingo XXX del T. O.-B



DOMINGO XXX DEL T. ORDINARIO - B
  
EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTROS
Y ESTAMOS ALEGRES

Por Mª Adelina Climent Cortés O.P.


                      Estamos contentos y  alegres por  haber descubierto los caminos de Dios, que son luz y felicidad -y también purificación-  para los que transitan por ellos. Son los caminos  en los que Dios nos conduce y acompaña, COMO UN PADRE LO HACE CON SU HIJO, a la dicha de La Salvación plena. Experiencia, esta, sublime y salvadora, que nos lleva a ser  agradecidos y a vivir confiados.

                      Con el salmo 125 queremos dar gracias a Dios por su salvación y por el gozo que ella nos proporciona. Está considerado como “un salmo de peregrinación”; como un “canto de las Subidas” y, también, como un “salmo de acción de gracias y de confianza”. Es de la época del posexílio y tiene en cuenta las enseñanzas de los profetas de este tiempo: “LOS GUIARÉ ENTRE CONSUELOS A TORRENTES DE AGUA, POR CAMINO LLANO”.

                      En la primera parte del poema, el salmista recuerda y hace recordar la aflicción vivida en el destierro, a la vez que, exhorta a la alegría y al regocijo por la liberación salvadora de Yahveh, que fue gozo y plenitud de vida.

                    Alegría, que ha de ayudarles, desde una fe  sincera y profunda, a superar las dificultades que se les van  presentando y que siempre surgirán, hasta que sea realidad acabada la  restauración de Jerusalén y de su Templo: Alegría grande y gozosas, de la que también participaron los pueblos vecinos y que, a Israel, le llevó a reconocer de nuevo la grandeza del Señor, y, a devolverle  el honor, que había perdido ante ellos, cuando aconteció el castigo:

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
La boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
“El Señor ha estado grande con ellos”.
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.
         
                       De esta experiencia religiosa y consoladora, que ha vivido Israel,  brota en el  salmista una súplica a Yahveh, para el presente, en la que pide cambie de manera estable y segura la suerte de su pueblo, convirtiendo su debilidad y pecado en fidelidad y lealtad a su Alianza; y les otorgue, además, vivir en  la  espera  confiada de que, todo esfuerzo realizado, ahora, será alegría y salvación para el futuro, cuando, con gozo y cantando, podrán recoger los frutos sabrosos de vida y gloria conseguidos:         

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas,
cosechan entre cantares

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.



                       También nosotros, todos los cristianos, con este salmo, damos gracias a Dios por la alegría y confianza que nos ha dado en su Hijo Jesucristo, el que ha cambiado, definitivamente, nuestra condición de pecado,  la de todos los hombres,  en gracia y vida de salvación. Y, porque, con su entrega y  amor, nos ha abierto un camino por el que, nos conduce y acompaña hasta la gloria del Padre.

                      Y Jesús, caminando con los hombres, se nos manifiesta como luz, paz, alegría, amor; es el que cura en todo momento nuestra vulnerabilidad y ceguera y nos abre a la luz de la fe, para que, caminemos con alegría en su seguimiento, con el fin de que vivamos su misma entrega de bondad y generosidad:

                      Por eso curó al ciego que estaba al borde del camino. Éste “al oír que era Jesús Nazareno empezó a gritar: - HIJO DE DAVID, TEN PIEDAD DE MÍ. Jesús, acercándose le dijo. –Que quieres que haga por ti. El ciego le contestó: –MAESTRO QUE PUEDA VER. Y Jesús le dijo: – ANDA TU FE TE HA SALVADO. Y RECOBRÓ LA VISTA

                      Pero, no solo nos lleva a la luz de la salvación, sino que, también quiere, que todos los cristianos seamos LUZ SALVADORA para la humanidad que camina en sombras de muerte, por el egoísmo, las guerras, y todas las injusticias que padece, y así,  podamos convertir nuestro mundo en caminos de gozo y alegría, de resurrección y gloria.

viernes, 19 de octubre de 2018

Domingo XXIX del T.O.-B


DOMINGO XXIX DEL T. ORDINARIO - B

QUE TU MISERICORDIA, SEÑOR,
VENGA SOBRE NOSOTROS

Por Mª Adelina Climent Cortés O.P.
                                                                                                     

                         Con gozoso júbilo, alabamos y bendecimos a Dios con el salmo 32, al que cantamos, agradecidos, para ensalzar su Palabra creadora y  su actuar, siempre  justo y leal,  fruto, todo, de su gran misericordia, que llena la tierra y toda la historia, de su presencia omnipotente.

                        Con este poema, repleto de belleza y de contenido sapienzal, con   características hímnicas, se invita a todos los fieles a aclamar con júbilo al Señor, Yahveh, por lo que es, por lo que nos ama y, también,  porque es fuente de dicha saberle tan cercano y bondadoso, dispuesto siempre a salvarnos:

Aclamad, justos, al Señor,
que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

                   Es el Dios que nos mira atento, porque es siempre bueno y leal. En todo momento nos espera, porque desea, también, que le busquemos implorando, confiadamente, su amor misericordioso y su gran ternura, con el fin de podernos salvar de nuestras limitaciones  y llenarnos de gozo:

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

                 Esta experiencia tan grata que tiene el salmista de Yahveh, por su fidelidad y lealtad con los que sinceramente le buscan, la canta en la asamblea de la comunidad creyente, desde una fe gozosa, segura y confiada, ya que  nada, ni nadie, podrá apartarles de la dicha de saberse salvados por él:

Nosotros aguardamos al Señor:
Él es nuestro auxilio y nuestro escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de tí.


                   Y, esta salvación, se nos ha manifestado más plenamente en Cristo Jesús, Palabra encarnada del Padre, el que transformará con su amor generoso y entregado,  la muerte y el pecado del mundo, en vida y eternidad gozosa,  convirtiéndose, de esta manera, en el sacramento de la misericordia salvadora del Padre, de su bondad y de su perdón para con los hombres.

                   Con su cercanía, Cristo Jesús, abre ante nosotros un camino de seguridad y confianza, y  en su fiel seguimiento nos va conduciendo hasta la total realización del plan salvador de Dios Padre, fruto de su justicia y misericordia para con nosotros los hombres, convirtiéndonos,  a todos, en alabanza  de su eterna gloria.

                   Hablar de Cristo Jesús y de su misericordia, a nuestro mundo, que la desconoce por completo, ha de ser la tarea de todo cristiano si es coherente con su fe. Tarea que solo conseguiremos realizar si tenemos los mismos sentimientos y actitudes de Cristo Jesús:

                    “El que quiera ser grande, sea vuestro servidor;  y el que quiera ser primero,  sea esclavo de todos. Porque, EL HIJO EL HIJO DEL HOMBRE NO HA VENIDO PARA QUE LE SIRVAN, SINO PARA SERVIR Y DAR SU VIDA EN RESCATE POR TODOS”


                    Tarea que realizan admirablemente todos los misioneros, a los que hoy recordamos con agradecimiento. Su entrega y generosidad les lleva a dejarlo todo por amor a los más pobres y a toda la humanidad, y a entregar su vida al servicio de la justicia y la paz,  del Reino eterno, propagando la fe en Cristo Jesús y dando a conocer su verdad evangélica.

sábado, 13 de octubre de 2018

Domingo XXVIII del T. O. -B


DOMINGO XXVIII DEL T. ORDINARIO - B

 SÁCIANOS DE TU MISERICORDIA

Por Mª Adelina Climent Cortés  O.P.

                    “Sácianos de tu misericordia y toda nuestra vida será alegría y júbilo”. Súplica  confiada a la bondad y sabiduría de Dios, llena de esperanza y de gozo, porque tiene presente la promesa de su salvación

                    Con esta súplica  comienza el salmo 89, poema de sabor sapienzal, y que sintoniza con la lectura de La Sabiduría, con la que,  nos enseña, a poner los sentimientos del corazón en Dios. Su datación, por tanto, es de la época del posexílio y está considerado como un “salmo de lamentación y súplica”

                    El poema describe, después de una introducción hímnica, una meditación de matiz antropológico, sobre la eternidad de Dios y la vida vulnerable y caduca del hombre. Y, en  los versos escogidos para la celebración de hoy, EL SALMISTA PIDE A YAHVEH SABIDURIA Y COHERENCIA para discernir y aceptar con realidad lo precario de la vida, la limitación del hombre, y, hasta el mal moral, y del  mismo pecado, desde una fe sincera  y confiada en Yahveh, el que siempre se compadece, protege,  perdona, y salva:
   
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.
         
                    Así, el salmista, en su experiencia de debilidad y pecado,  confía y espera en la fidelidad y misericordia de su Dios, Yahveh, que, será capaz de salvar y de transformar, en su interior, el juicio duro que tiene de sí mismo, en un aceptarse sincera y amorosamente; a la vez que, conseguirá dar  sentido a su vida  y  plenitud a todas sus obras:

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo;
danos alegría por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
                     
                    Reconociendo este obrar tan generoso  de su Dios, Yahveh, el salmista, más optimista y con una fe ya  purificada, desea,  que esta acción  salvadora de Dios sea valorada y apreciada por la comunidad de fieles y que, su gloria, sea admirada por otras generaciones, con el fin de que todos puedan  bendecirle y alabarle:

Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
                  

                    El rezo de este salmo nos ha de ayudar a reconocer la gratuidad de Dios, que, en su SABIDURÍA, nos enseña a relativizar lo que carece de importancia, para aceptar y vivir según sus justos juicios, que siempre son de salvación.


                    Más, el gran regalo de Dios a la humanidad es Jesucristo, el que, con su amor, llevó a cabo de manera plena y total, la salvación y la reconciliación del género humano; y el que, con su ejemplo de vida, nos propone un camino de gratuidad,  de libertad y de perfección:

                    “Os aseguro, que quien deje casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o tierra, por mí y por el Evangelio, RECIBIRÁ  AHORA  EN  ESTE TIEMPO CIEN VECES MÁS  y en la EDAD FUTURA VIDA ETERNA 

                    Y, es Jesucristo, el que nos enseña a poner nuestro corazón y nuestra confianza, no en las obras que realizamos que, por supuesto, han de ser buenas, sino en la misericordia fiel y entrañable de Dios, que  nos ama como Padre bondadoso.


                    También, en nuestra sociedad, en la que solo se valora el tener cada vez más, sea como sea, los que seguimos a Cristo Jesús, imitando su desprendimiento y confianza en el Padre, hemos de enseñar, a los demás, a  buscar con afán y sabiduría lo esencial, como son las virtudes y todos los valores humanos: la justicia, la paz, la fraternidad, el perdón, etc. Es decir,  todo lo que nos diviniza y hace de nosotros auténticos hijos de Dios y herederos de su gloria.